En mi casa, luego de que llega toda la familia, a eso de las
10:00 pm, es tradición sentarse a compartir durante la once, instancia en la
que no solamente comemos sino también nos sentamos a conversar sobre el día que tuvimos
todos, lo que a veces desemboca en placidas conversaciones como en abruptas discusiones.
Pero un día, se dio el caso de que se genero una discusión por causa de violencia de género por parte de mi papá, principalmente
proveniente de insultos relacionados a las habilidades de las mujeres al
volante, su capacidad física, rasgos psicológicos comunes entre las mujeres, etc.
lo que provoca que mi madre se enoje y le conteste (no con insultos hacia el género
masculino), lo que lejos de hacer que mi padre se retracte o intente cambiar el
curso de la conversación/discusión, trata de justificar sus insultos mediante
historias que a él le han pasado y que generalmente utiliza para generalizar
(ya que en si tiende a exagerar demasiado las cosas), lo que provoca una mayor
ira por parte de mi madre y finalmente tenemos que intervenir alzando la voz mi
hermano y yo antes de que estas discusiones pasen a ser una pelea de carácter más
grave que finalmente pueda afectar su relación como pareja. A pesar de todo, a
lo largo de los días no se logra percibir un cambio de actitud de mi papá con
respecto a los insultos que tengan directa relación con las mujeres tanto en
sus aspectos físicos como psicológicos, lo cual he comprobado a través de
conversaciones que he entablado con el explicándole que esas supuestas “bromas”
que el realiza no le causan gracia alguna más que a él y que más encima
consiguen hacer que mi madre se enoje, lo que él me responde con una simple
sonrisa y me dice que si sabe.
Por Ítalo Chiappe Barrera.
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