28 de mayo de 2015

Historias Familiares

Esta historia no es mía, es de mi mamá y hasta hace pocos días yo no tenía conocimiento de ella. A raíz, de las últimas temáticas tratadas en clase sobre el control de natalidad y la autonomía de la mujer sobre su cuerpo, quise preguntarle a mi mamá cómo había sido para ella ese asunto. Puesto que, tenía conocimiento de que ella había estado sometida a una operación de ligadura de trompas, lo que me intrigo ya que había leído que este procedimiento se puede realizar después de cierta edad o después de haber tenido una cantidad específica de hijos. Mi mamá realizó este procedimiento antes de cumplir treinta y solo había tenido dos embarazos.

 Mi mamá quedo embarazada de mi a los veintiún años, tres años después quedó por última vez embarazada de mi hermana, ambos habían sido embarazos difíciles y riesgosos, aun cuando era una mujer bastante joven y saludable. Dos años después, cuando ella tenía veintisiete años su médico le informo que tenía problemas en la matriz, ella no quería quedar nuevamente embarazada. De manera que, mi mamá tomó la decisión de tomar medidas preventivas de manera permanente, para evitar dichos embarazos. Ella solicito a su médico que le ligaran las trompas de Falopio, este es un método anticonceptivo irreversible y aun cuando medicamente era la mejor solución, las entidades medicas lo negaron. Finalmente, el proceso que tuvo que realizar para que dicho procedimiento se llevara a cabo consistió por una parte, en realizar un sin número de exámenes médicos que certificaran que este procedimiento era viable para ella y por otra parte,  tuvo que pedir un consentimiento escrito y autenticado a mi papá, puesto que era su pareja y él debía autorizar la realización de este procedimiento. Después, de todo este proceso accedieron a realizar la operación.


Nunca pensé que mi mamá había pasado por tal situación, en el que imposibilitaran y cuestionaran su capacidad para tomar decisiones sobre su cuerpo y su vida, obligándola a depender de las decisiones de otras personas. Esta historia hace evidente la posición que tiene la mujer en la sociedad aun hoy en día, pues se cuestiona e inhabilita las decisiones que las mujeres toman respecto a su propio cuerpo ¿por qué los hombres no tienen la misma inhabilidad respecto decisiones como la vasectomía? O ¿por qué se considera que las acciones y decisiones de los hombres sobre las mujeres son las más acertadas y adecuadas? ¿Se privilegian los intereses de los hombres sobre la salud y plan de vida de las mujeres? 

20 de mayo de 2015

La cancha y la silla

Desde pequeño nunca hubo algo que me gustara más que acompañar a mis tíos a ver al equipo de mis amores, vistiendo y siguiendo la camiseta blanco y negro he vivido las emociones más lindas y eufóricas de mi vida , y aunque ha habido tiempos buenos y malos , la emoción de cantar y saltar en las butacas no se empañan a pesar de adversos resultados , con el transcurso del tiempo y mis tíos ya no tienen  la misma disponibilidad que antes lo que se expresaba en las ganas necesarias para acompañar al equipo semana a semana, es así como mis tíos y los adultos cercanos a mi se fueron alejando de la cancha, al pasar los años se ha formado una genial relación con una de las hijas de mis tíos , mi prima Javiera , ella muy fiel y apasionada en el ámbito de seguir y alentar al equipo , siempre andamos planeando y comprando las entradas con anticipación para este tipo de eventos , que en ocasiones para conseguir una, se debe vivir una verdadera odisea tomando en cuenta la serie de medidas que han tomado los últimos gobiernos en relación a al plan Estadio Seguro .
                Lo que yo he podido apreciar en el ámbito del futbol, es que la participación femenina en este tipo de espectáculos es vista como un signo de hombría y criminalización , pues se le asignan muchos aspectos que son propios de las barras bravas masculinizadas de Sudamérica , en donde el consumo de alcohol y sustancias ilícitas es cosa del día a día y la clases social predominante es de los sectores populares de cada comuna, así mi prima fue formando parte de este mundo, pasando por perídosos como por ejemplo en su infancia, donde tuvo que cargar con la imagen de ser una mujer “amachada” envuelta en un mundo de hombres y rodeada de un entorno el cual no era muy bien visto debido al bajo nivel social y a la delincuencia en la cual se desenvolvía , por parte  en el colegio católico al cual pertenecíamos , así una parte de la familia y amistades en común siempre criticaron a mi amiga , aconsejándoles que no continuara acudiendo al estadio y que se alejara de este tipo de espectáculos ya que según ellos no correspondía para que asistiera una jovencita educada perteneciente a una familia bien formada, por que según ellos este no era ambiente en el cual se tenía que desenvolver una señorita , aspecto que generalmente le recordaba un tío al momento de reunirnos en familia .  

                Así puedo mencionar un par de anécdotas que hemos vivido , y una de ellas fue en un almuerzo familiar que realizamos con mi familia todos los domingos , en donde uno de mis tíos del ala más conservadora de mi familia empezó a fijarse y criticar las posturas que teníamos al momento de sentarnos en la mesa , poniendo en duda la sexualidad de un primo solo por la postura que tenía al estar sentado , llamándole la atención porque según él su postura no era la que tenía que adoptar en la mesa un auténtico caballero argumentando que la postura de este debía ser erguida y recta  con la espalda bien apegada en el respaldo , sin hozar subir los codos a la mesa,  ni hacer ruido al retroceder la silla . Estos aspectos no me generaban mayor reproche , debido a que yo los asignaba como modales que debía tener cualquier persona que se sentaba en la mesa , pero que independiente a ellos no podía poner en tela de juicio la orientación sexual que tenía una persona basándose en estos criterios. Así el “así no se sientan las  señorita”  , o el “corte la carne con la otra mano mijito , porque así cortan los homosexuales”  fueron frases que siempre llamaron mi atención debido a la estigmaticacion que existe tras ciertas prácticas y costumbres diarias que realizan las personas, pues se estigmatizan a las personas asignándole ciertas cualidades puntuales que pueden ser usados para señalar a una persona determinada al momento de realizar una actividad similar , pero esta persona puede no calzar en esa estigmatización que generalmente esta infundada .

"Camión"

En un día como cualquier otro, circulaba con mis compañeros de escuela por Ñuñoa, como siempre andábamos chistoseando los unos con los otros, yendo de talla en talla y conversando sobre cualquier cosa que se nos viniera a la cabeza. Es en ese entonces cuando una persona se acercaba hacia nosotros en la misma vereda, la que seguía su propio rumbo, claro. Al visualizar a la persona que pasaba a nuestro lado, nos dimos cuenta de que, tras observar atentamente, se trataba de una mujer vestida con ropa "hip-hopera", así mismo como a esta se le caracteriza: Pantalones anchos, cadenas colgantes del pantalón, polerón XL, gorro y capucha puestas al mismo tiempo; y que al pasar, provoca una reacción burlesca entre mis compañeros, todo debido a como se vestía aquella mujer, exclamando entre risas: "Era un camión esa mina weón!", y luego otro preguntaba: "¿La dura que era mina?". Escribo este caso debido a que cuando los hombres están en grupo, suelen reírse de aquellas cosas que son poco normales/habituales, como lo es este caso, y que siempre ha estado en las bocas de la gente el caso de mujeres discriminadas por hacer o vestirse con ropa que habitualmente es ocupada por hombres, o viceversa cuando encuentras hombres que realizan cosas de mujeres, o se juntan con puras mujeres también. Viendo bien esto, me parece terrible el hecho de que en las sociedades contemporáneas ocurra el hecho de discriminación entre sexos debido a que hay ciertos estereotipos o características que deben cumplirse, para "para encajar con el resto". Mi postura es liberal de acuerdo a este tema, creo que cada uno debe tener la libertad de elegir, y que aquel gusto distinto en el otro debe ser respetado tanto como uno respeta el gusto propio, ya que gracias a actitudes como estas surgen manifestaciones en contra de las discriminaciones que ocurren en la vida urbana (como la marcha por la igualdad, por ejemplo) y que debemos comenzar a inculcar una tolerancia dentro de nuestros pensamientos, puesto que nadie puede obligar al otro a que le guste, haga, etc. Debemos comenzar a entender que las sociedades son complejas, y que las desigualdades abundan dentro de estas, debido a el gran número de actores que la componen y por esto mismo comenzar a propagar valores tales como lo es la igualdad y la tolerancia como el otro, para así lograr una mejor convivencia.

¿Quieres pololear conmigo?

Hace unos meses salí con mi actual pololo junto con sus amigos a bailar, llegamos a la disco, bailamos un rato y luego fuimos a conversar. Acompañados de unos tragos, sin darme cuenta la conversación se empezó a desviar y se  centró en un tema particular: “¿Qué somos?”. Hasta ese entonces no estábamos pololeando, pero nos llevábamos conociendo hace algunos meses, por lo que la confianza había llegado a un punto en el que se hacía cada vez más fácil expresar nuestras opiniones y hablar sin tapujos.

Comenzamos hablando de la fiesta, de los lugares en los que habíamos estado hasta ese entonces disfrutando de nuestras vacaciones, contamos anécdotas, y así nos empezamos a poner al día en varios temas ya que, a pesar de que nunca perdimos el contacto, hace semanas que no nos veíamos. Así que mientras le hablaba eufóricamente de lo primero que se me venía a la mente, llegando a pensar en voz alta y con una carencia de filtro considerable, él se sumerge en una reflexión sobre el tiempo que llevábamos juntos.

Siempre me he caracterizado por expresar y exteriorizar de forma explícita mis emociones y pensamientos, y esta vez no fue la excepción. Apenas se presentó esta coyuntura, no dudé en dar a conocer mi postura al respecto. Le planteé que no me causaba extrañeza el nivel al que había llegado nuestra confianza, de hecho me parecía bastante válido considerando todos los antecedentes, y frente a esto ambos concordamos con el aspecto formal que había adquirido la relación. Entonces mi análisis fue el siguiente: “Llevamos 4 meses juntos lo cual no es menor, de hecho te comportas como un pololo, eres mi ‘pseudopololo’, así que quiero romper con todos los  ‘esquemas heteronormativos’ y decirte que considero que deberíamos pololear”. La respuesta que me dio me tomó por sorpresa: “Esperemos ¿Ya? No es el momento, estamos todos tomados y más encima en una disco en donde apenas escucho lo que me dices, quiero ser yo el que pida pololeo y en una situación que sea para recordar”. El escenario era claro: primera vez que le pido pololeo a alguien y me rechazan. Sin embargo, el enfatizó que no era un rechazo y señaló: “El hombre es el que debe pedir pololeo”.

No pude evitar reírme ante semejante respuesta, me cuesta entender por qué se debe considerar “correcto” que  el hombre sea el que pida pololeo. Entonces, si quiero pololear ¿Tengo que esperar pacientemente a que el hombre tome la iniciativa? Al final, independientemente del momento en que yo desee pololear, al estar sujeta a estos moldes preestablecidos mi libertad de elección se ve restringida. Encuentro absurdo verme obligada a reproducir estas pautas de conducta que obedecen a este sistema patriarcal, expuesta a una lucha de poder en el que evidentemente el hombre es el que tiene el poder y la dominación. Encuentro absolutamente injusto que mi actuar y mi derecho a decidir se vean limitados y se reduzcan meramente a una actitud sumisa. Considero que este es otro ejemplo de una experiencia claramente sexista, que coloca nuevamente a la mujer en posiciones de subordinación, supeditada al rol activo del hombre, limitada en su accionar y condicionada a una estructura en la que los hombres interiorizan los roles de dirección y ejercicio del control de la relación.

Sé que no lo haré cambiar de parecer, y aunque pensemos muy distinto considero que esta es una buena oportunidad para romper con estos tópicos, al dar cuenta de actitudes sexistas, que como bien se puede observar en este caso, provienen de personas con las que me relaciono día a día, de jóvenes que aún tienen interiorizados los estereotipos que deben seguir. 

A diario.

Este relato comenzó en una camioneta con tres amigos varones y yo en medio del tráfico, a la hora pick de congestión en Alameda. Como es común se sintoniza una estación de radio y la escogida por mis amigos en esta ocasión fue un programa que estaba enfocado en la masturbación, aquí se pretendía llamar la atención de los oidores con anécdotas de los mismos radioescuchas en torno al tema. En un momento de la conversación se llega al punto en que los dos locutores y un oidor que llamó llegan a la conclusión de que a las mujeres no les gusta ver a los hombres masturbarse porque son bruscos, se les marcan las venas y tienen movimientos rápidos y energéticos, en cambio es mucho más satisfactorio ver a las mujeres ya que estas son más eróticas, mucho más sensuales y se tocan los genitales más lento y delicado. En ese momento yo dije: Cambien a esos imbéciles por favor. No podía creer como encajonaban al género femenino por ser más erótico y más sensual, una vez más destacando su fragilidad y delicadeza tan característica de la visión machista, además de eso se muestra al hombre como el poseedor de la energía y la fuerza, mostrando la masturbación como un ejemplo en el que el hombre tiene una determinada conducta muy “viril” y la mujer es delicada y “femenina”.  Para rematar ese viaje sintonizan un programa de deportes, en el que por supuesto el único deporte del que hablan es de fútbol, cuenta con tres comentaristas varones experimentados en este deporte y la única voz que se escapa de las voces de los comentaristas es la voz de una mujer hipersexualizada que interrumpe solo al momento de la pausa comercial o para indicar la hora. Efectivamente es posible,  la única voz femenina de un programa deportivo futbolístico es el de  una mujer que habla al borde del orgasmo. Por supuesto es un excelente señuelo para el público masculino, como no podría ser llamativo el futbol, pasión de pasiones, perfectamente acompañado de una voz femenina que habla cantadito gimiendo  la hora.  El problema de eso es que promueve un pensamiento violento, la mujer como objeto sexual, como productor de placer, un monumento erótico. El tercer punto de mi relato es que cuando comente las dos situaciones que me llamaron la atención de los programas de  radio,  mis amigos rieron diciendo que ya salió la feminista, “te lavan la cabeza en la universidad con esos cursitos con las profesoras locas” Ya que en mis cursos de formación general seleccione cursos de literatura y sociedad sobre la historia de la mujer. También dijeron “de seguro les tienen el agua cortá”, aludiendo que si tuvieran una sexualidad satisfactoria estarían más sumisas y no pensarían cosas raras, ya que para muchas personas es raro pensar que a diario existen practicas sexistas que segregan y violentan a la mujer, por ser mujer.
Falta el ultimo evento del día, es cuando llego a mi casa y esta una amiga de mi mama muy afligida, diciendo no saber qué hacer con su situación sentimental actual, es que su pareja le afirmo que no se va a ir a vivir con ella hasta que tenga un sueldo que le garantice poder mantenerla a ella, ya que no se puede permitir no poder “ mantener a su mujer como ella se merece”. Es por esto que solo se queda a dormir en las noches con ella pero no está dispuesto a convivir formalmente hasta tener la solvencia que le permita que  ella deje su  trabajo y se dedique  a cuidar a sus hijos y ser dueña de casa.

Todos los puntos relatados son prácticas sexistas, discriminatorias y segregadoras hacia la mujer, ya que se enaltece al hombre en la cúspide social, siendo más grave en los medios de comunicación puesto que esto propicia una sociedad seminal, con predominancia del hombre como modelo de poder, naturalizando las practicas sexistas como algo que fluye desde la naturaleza humana, propia de toda sociedad, rezagando a la mujer como un objeto sexual o una criadora de hijos, limpiadora y organizadora del hogar y al hombre como el productor de dinero.

La cocina es para las mujeres

El recién pasado nueve de Mayo, con mis amigas de más de cinco años (que son parte de mi equipo de patinaje), donde actualmente nuestras edades van desde los 20 años hasta los 31 años, hicimos una junta que teníamos programada desde hace una semana. Ésta junta, la realizamos en la casa de una de mis amigas, por lo que el ambiente era tranquilo y de confianza. Nos encontrábamos nosotras y un grupo de amigos de la dueña de casa. Al pasar el rato, las conversaciones empezaron a dirigirse en distintas direcciones, tuvimos variados tipos de temas; hablamos del patinaje, de las parejas, de otros amigos, de la familia, etcétera.
Se había creado un ambiente muy agradable, por lo que los temas fluían y fluían, entre el alcohol y las risas había mucha comodidad. En un momento, el grupo que se encontraba se dividió entre hombres por un lado y mujeres por el otro, así que las mujeres nos quedamos hablando entre nosotras. Dentro de toda esa variedad de temas de conversación, salió entre nosotras el tema del sexismo, a raíz de que justamente nos habíamos divididos entre hombres y mujeres. Cada una comenzó a relatar alguna experiencia sexista que habían vivido, pero siempre a través de que se iban acordando mientras una relataba su historia.
En un momento se comenzó a hablar de la mujer y la cocina, por lo que yo empecé a relatar una historia que me había ocurrido, respecto a este tema.
Se trataba de que una vez, mi abuela fue a tomar once a mi casa. Ella y mi mamá hablaban de como cocinar un plato, dándole indicaciones de como prepararlo, hasta que se le ocurre decirme -¿Usted niñita, cuando va a aprender a cocinar? y yo le respondí -¿Por qué tengo que aprender a cocinar? Ella me contesta -La preguntita que me hace, es obvio que va a tener que aprender a cocinar, porque cuando usted se case ¿Que le va a cocinar a su marido?. Yo a partir de eso, le dije que no iba a aprender a cocinar debido al hecho de que en algún momento me iba a tener que casar y tendría que cocinarle a mi marido. Si es que yo aprendía a cocinar, lo haría por gusto y no porque me correspondiera por el hecho de ser mujer y aprender lo doméstico.
Al terminar de contar mi anécdota con mi abuela, la mayoría de mis amigas estuvieron de acuerdo en lo que le respondí a mi abuela, pero otra de mis amigas, de 21 años, me dice -ya... pero tu abuela tiene razón, obvio que el papel de la mujer es cocinar, no me lo imagino de otra manera, para mí los papeles están definidos en la casa. Mis papás son viejos y ellos me criaron así. Por lo que todas al unísono le dijimos -Julieta, ¡que machista!.
El tema doméstico dentro de la sociedad, siempre es un papel que históricamente se le ha otorgado a la mujer. Al hablar de cocina, este es un papel que definitivamente en su mayoría es cumplido por ella. Desde ahí, es como se generan dichos como "no hay cómo la comida de mamá" o "mano de monja", referidos al sexo femenino.
Por otra parte, en temas publicitarios, en su mayoría, comerciales respecto a la cocina, al hecho cocinar y/o artículos de cocina, la mujer es la protagonista, es decir, es ella quién sale cocinando o limpiando la cocina. Se tiene como ya estipulado y asimilado, que dentro de un hogar, la persona que debe cocinar es la mujer, como la mamá o en otro caso las hermanas. Se da de manera muy rara que quien deba cumplir ese papel sea un hombre.
Respecto al caso sucedido con mi abuela, ella y debido a su edad también, cree y supone, que la mujer debe hacerse cargo de la cocina y sea la que esté a cargo de alimentar a su marido e hijos. Antiguamente, este "estigma" era aún mucho más potente, la mujer definitivamente era la encargada de lo doméstico, muy pocas salían a trabajar, por lo que saber y tener que cocinar era obligatorio para ellas. También ocurre con los padres de mi amiga, que le han inculcado a su hija, que por el hecho de ser mujer tiene un cierto papel que cumplir en la casa y que se relaciona con la organización del hogar, es decir, saber limpiar, cocinar, etcétera.
De igual manera, es sorprendente como esta tradición que se va traspasando de padres a hijos, como en el caso de mi amiga, con sus "padres viejos", que tienen ciertas costumbres más de antaño, lo traspasan a sus hijos. Finalmente, en casos como éste, se genera un cierto círculo vicioso de generación a generación.
Se les enseña a los hombres que tienen un determinado papel y a las mujeres que tienen otro determinado papel, siendo que en la actualidad estos papeles debiesen de desaparecer, para que ambos sexos partan por una igualdad dentro del mismo hogar, en este caso, respecto a lo doméstico.

Es tu deber de madre.

El pasado fin de semana fue el aniversario de la muerte de mi abuelo paterno, por lo cual nos juntamos todos el día sábado para un asado familiar. Se supone que solo seria un almuerzo, pero como de costumbre, al ser tantos los que nos reunimos, primos, tíos, hermanos, etc. las cosas se alargaron y al final todos se quedaron celebrando y conversando la noche del sábado. A la mañana siguiente mi prima mayor llamada Andrea, que tiene dos niños pequeños, se levanto con su marido y le sirvieron desayuno a los niños, yo me desperté junto con ellos, ayude a mi prima mientras su marido Matías miraba la televisión junto a sus hijos. Luego del desayuno llego la hora de ducharlos, yo abrí la ducha para llenar la tina, cuando la tina ya se lleno la llame y ella llevo a los niños, los dejo en la tina jugando y como habían otras cosas que hacer, como preparar el almuerzo para todos los que estaban en la casa, ella le pidió a su marido que vigilara a los niños mientras nosotras íbamos a ver que hacíamos de almuerzo, el a regañadientes fue a observarlos, pero no los ducho ni mucho menos,  solo los observo. Mi prima cada cierto rato mientras preparábamos el almuerzo, se arrancaba al baño unos minutos para ducharlos; y luego volvía  a la cocina mientras ellos jugaban en la tina. Yo observando toda la situación, mi prima corriendo de un lado a otro, etc. le dije:

-Oye ¿Y porque el Matías no los baña?.
- Pucha es que me da lata molestarlo porque como que se enoja.
- Pero si son sus hijos también po Andrea.
- Es que igual es mi deber, yo soy la mamá y prefiero no llevarle la contra, así evito pelear. 

No quise seguir discutiendo. Pasado el rato, ella ya había terminado de duchar a los niños, pero los dejo quedarse jugando un rato mas en la tina mientras el agua estaba tibia aún y Matías los estaba observando. Al momento en que el agua ya se enfrío Matías llama a Andrea y le dice: 

-Andrea, ya tienes que sacar a los chiquillos, porque el agua se enfrió. 
- Puedes sacarlos tu porfa que yo estoy un poco ocupada- respondió. 
- Ah no huevees, si es tu deber esto, tu eres la mamá, es tu deber cuidarlos. 

Finalmente mi prima termino sacando a los niños de la ducha y vistiéndolos, sin ninguna ayuda de Matías.

Al observar todo esto, no me quise involucrar, porque las cosas podían terminar mal, pero es un claro ejemplo de una situación sexista, en donde la mujer tiene el deber de cuidar a los niños, mientras su marido tiene el tiempo para hacerlo pero al no ser su deber no puede. Ella validaba esta situación y hacia lo que Matías le decía sin discusión, demostrando y legitimando esta situación de desigualdad . Incluso señala que es su deber por ser la madre, el duchar a sus hijos, limitandose a su rol tradicionalista de madre, en donde el cuidado y crianza de los hijos es responsabilidad de ella y no del padre, o de ambos. Es así como me doy cuenta que aún existen, incluso en parejas jóvenes, prácticas tan tradicionales y retrogradas, y que estamos muy lejanos a una igualdad de género, validando este tipo de prácticas.

Coupage



Tengo 19 años y a lo largo de mi corta vida he llevado a cabo ciertas actividades que podrían ser caracterizadas no aptas para mi género, y no por esto me siento menos hombre o creo que haya afectado en el desarrollo de mi personalidad como hombre o como persona.

Bueno yo de pequeño solía acompañar a muchas partes a mi mama; a gimnasia, a talleres de tejido; de pintura, y una serie de actividades más que mi vieja llevaba a cabo para ocupar su tiempo libre. Por este motivo más de alguna vez termine haciendo alguna de estas cosas; tengo leves recuerdo de estar haciendo gimnasia junto a muchas señoras por ejemplo, o simplemente pintando en situaciones parecidas. Al pasar el tiempo seguí con esta costumbre, y un día cualquiera, ya con edad consiente según recuerdo, una mañana luego de ir a natación tuve que esperar a mi mama en uno de sus cursos, en este caso uno de  ¨Coupage¨ ¿Qué es eso dirán? Bueno la primera impresión que tuve fue un gran grupo de señoras pintando agitadas y hablando entre ellas. Bueno yo no lo recuerdo, pero mi expresión de aburrimiento ante tal actividad tuvo que haber sido tan obvia que una señora se acercó a mí y muy amablemente me ofreció una caja de madera y un pincel, como no tuve opción me sentaron con una de estas cajas y me lance a pintar. Lo interesante de este llamado ¨Coupage¨ no se hallaba solo en el hecho de pintar, sino que aparte de esto en la mesa había un gran número de servilletas con temáticas, paisajes. Dibujos, entre otras cosas que eran ocupadas para pegarlas a la madera con cola fría y dar la ilusión de que estas estuvieran pintadas realmente a mano. Se oye fácil, pero aun así según como lo que recuerdo tenía su  grado dificultad  y su técnica a practicar.

En fin comencé a ir seguido a este curso, iba semana a semana con mi mama y logre hacer muchas cosas, como un cuadro, un ajero, dos móviles, como 5 cajas para mesas de centro y muchas cosas más que aun adornando mi casa. El problema es que tengo dos hermanos mayores, y como creerán no me salió barato en términos de burlas, tallas, discriminaciones tales como ¨uy el gordito maraco que pinta con las viejas¨ o ¨el hueon gay que pinta hueas¨, entre otros apelativos o seudónimos los cuales tuve que escuchar por meses. Pero a pesar de esto seguí llevando a cabo esta actividad, creo que la educación que me dio mi madre con respecto a esto fue bastante clara, desde pequeño tuve claro que cosas como hacer un curso de coupage no se relacionaban con ser menos macho, o que jugando más al futbol iba a ser más masculino, y como dije en un principio, ahora a mi edad me siento lo bastante hombre.


Cosas como las que conté son muy normales, son esas pequeñas pero a la vez grandes situaciones que construyen nuestra identidad en torno a un género, como el niño que solo tiene que jugar con autos y la niña solo con muñecas  ¿Por qué? El ser humano no solo debe desarrollar aptitudes  relacionadas con su sexo específico, un hombre puede tejer, una mujer puede hacer un deporte extremo, etc, y esto no será una variable directa a la formación de nuestro género mismo. Yo no me siento menos hombre por haber pintado cuando pequeño, o al haber bordado, cocinado y muchas cosas más, por el contrario creo que desarrolle una serie de habilidades que un hombre que fue llevado por aquellos roles de género tan cerrado no posee ¿qué es eso de que el hombre es básico y estructurado y la mujer más subjetiva y sentimental? Patrañas, resultados de estos mismo juegos de roles genéricos que nos catalogan y clasifican como uno/una u otro/otra siendo que no deberían existir de tal forma que nos encuadren un una sola clasificación.

En los niños

Y bueno, el otro día me tocó trabajar de promotora en la comuna de la Cisterna, en dónde entregaba agua a los usuarios que transitaban por la calle cerrada destinada a hacer deporte, en eso estaba cuando al rededor de cuatro niños de unos 6-8 años llegan al stand y me piden prestado un bombin para poder inflar las ruedas de sus bicis. En esto yo los miro mientras, y uno de ellos no sabía como inflar la rueda... otro de sus amigos se acerca agarra el bombin y le enseña tratando de solucionar la situación con mucha actitud, el pequeño que no sabía usarlo tiene algunos problemas ya que no tiene la suficiente fuerza para poder tirar del bombin, por lo que el otro amigo que lo ayudo hace unos momentos le dice "oye pero con fuerza de hombre, no de mujer", al escuchar esto me aproximo unos pasos más a ellos y con las manos en la cintura en manera desaprobatoria y de autoridad le pregunto amable y seriamente "¿Es que acaso una mujer no puede ser fuerte?", y ante mi sorpresa el niño sin exaltarse, avergonzarse o nada me responde con total naturalidad y seguridad "No po'" , luego de esto fue tal el desconcierto de que aquel niño tuviera por sentado tal afirmación de manera que ni siquiera tuvo algún efecto sobre él mi lenguaje corporal ni la pregunta que use, que no seguí cuestionando nada más.
Ante esto podemos ver como las reproducciones de sexismo, en este caso destinado hacia el género femenino, son comunes y habituales en la vida diaria y llegan a tal extremo que un niño pequeño quién uno pensaría que no debería tener tan incorporadas estas "pautas" sociales de género, por el hecho de estar en un proceso de formación que aún no le permitiría tener una visión convincente al respecto, hace uso de estas sin cuestionarse sobre lo verosímil de lo que afirma. Se puede interpretar que esto sucede debido al entorno en que se cría, en donde seguramente hay figuras masculinas que el niño tiene la oportunidad de ver y seguir como ejemplo, que hacen uso de estas ideas en frente, y tal vez, con el niño, sin dejarle opción propia al mostrarlo como verdad absoluta de una autoridad  (como podría serlo el padre).

19 de mayo de 2015

Pero... Cuál es tu rollo

“No quiero tener hijos”. Esa fue la decisión que tomé cuando apenas tenía 15 años y hasta el día de hoy no he cambiado de opinión.
Al contrario de lo que la mayoría de las personas parece creer, a mi me gustan los niños, ¿Cómo no? Si son entretenidos, redondos y adorables, pero el asunto es que simplemente no son para mi, no los quiero. Mi anhelo en la vida no es tener un hijo ni ser madre.
Como innumerables veces antes, yo y mis amigos conversábamos sobre el tema del aborto y el deseo – o no deseo – de formar una familia, al cuál siempre mi postura ha sido la que genera más controversia, o sea, “¿Cómo no voy a querer hijos?”. 
Después de haber pasado y superado (espero, de verdad) frases como: “vas a cambiar de opinión” o “ya te van a dar ganas de ser mamá”, “cuando veas a tus amigos con hijos vas a querer uno para ti”  o, a mi parecer la más irritante de todas: “Vas a ser la primera en quedar embarazada”.
El asunto dio un giro bastante inesperado para mi cuando uno de mis amigos me mira con el típico rostro confundido que le sigue a mi afirmación de que no quiero hijos y dice:
-       Entonces, no entiendo cuál es tu rollo – Si tuviese la capacidad de levantar una ceja lo hubiese hecho, pero como no puedo, hice una pausa y le respondí:
-       ¿Rollo? ¿Por qué mi decisión de no tener hijos tiene que estar relacionado con que yo tengo un “rollo”? ¿Por qué no puede sólo ser el hecho de que simplemente no forma parte de mi proyecto de vida?
-       Es que no… o sea… yo me imagino que tiene que ser un rollo porque igual esa decisión es como… no sé, no entiendo cómo es que no quieres hijos.
-       Y yo no entiendo porqué la gente quiere tener hijos, tampoco entiendo qué piensan o sienten cuando hablan de sus inexistentes criaturas o de la educación que quieren darle o cómo se proyectan como padres. No me imagino la razón por la que sus ojos brillan ilusionados ante la idea. 

La conversación se estancó porque en el fondo era una lucha de opiniones distintas  y al menos bajo mi criterio, igual de válidas en el sentido de que deberían ambas visiones ser aceptadas por igual, quiero decir ¿Por qué la decisión de no tener hijos causa tanto ruido en las otras personas? O ¿Por qué por ser mujer tengo que necesariamente desear tener hijos? Lo mismo aplica para los hombres, no todos quieren ser padres y pienso que es importante respetar las decisiones que cada individuo toma respecto a su cuerpo y sus proyectos a largo plazo.  En este sentido, no por tomar una decisión que se escapa de lo convencional significa que tienes un “rollo” como lo expuso mi amigo en ese momento, como si optar por una vida sin hijos se debiera a un problema o un acontecimiento que “te marcó y por eso no quieres a los niños”.

Creo que las personas deberían también ser más conscientes del mensaje que transmiten a los demás al estigmatizar ese tipo de opciones y del castigo implícito en sus discursos y el sentimiento de culpa que generan en los demás sólo por no estar en la misma sintonía que el resto de los que te rodean.

¿Con qué derecho? - Violentada en la Vía Pública.

En la presente entrada quisiera enfocarme sobre las libertades que se dan en general algunos hombres de dirigirse hacia las mujeres, bajo un contexto callejero.

A toda mujer nos ha pasado que nos han dicho cosas mientras caminamos en la calle, desde un saludo, una ofensa o algún piropo subido de tono. Yo me pregunto ¿Con qué derecho los hombres se expresan de esta forma? Nos hacen sentir como si ellos tuviesen la facultad de poder expresarse del modo que quieren y hacia quienes ellos deseen. 

Quisiera dar énfasis a una ocasión que me ocurrió este año junto a mis compañeros de carrera. Estábamos todos en busca de carrete, en vista que se había cancelado a último minuto la fiesta de bienvenida de la Universidad. Nos dividimos, algunxs decidieron ir al Parque Intercomunal, mientras que los otrxs (y entre esos estaba yo) decidimos ir a dar una vuelta por la Universidad de Santiago, donde comúnmente hay espacio para distraerse, poder beber, fumar y compartir dentro de un espectro universitario. Decidimos irnos en micro, nos bajamos un poco antes de la Universidad de Santiago y nos pusimos a caminar todos juntos. La verdad es que en ese entonces aún me estaba volviendo a adecuar al ritmo de la capital, puesto que todo el año anterior estuve en mi ciudad natal junto a mi familia en Talca, donde curiosamente se suele caminar a un ritmo más pausado que el de Santiago. (Es curioso cómo es que a cada provinciano cuando recién llegan a vivir a Santiago se encuentran con este mismo problema) En fin, yo iba caminando un poco más atrás junto a un buen amigo y compañero de generación, cuando en medio de un grupo de personas que iban caminando rápidamente por la vereda, noto que un hombre estaba detrás de mí hace un buen rato, él llevaba consigo una especie de carro de fierro donde se suelen transportar cosas de carga pesada, calculo que aproximadamente debió haber tenido unos cuarenta y tantos años. Seguí caminando sin prestar mayor atención al hombre, y luego comienzo a notar que me chocaba constantemente los pies con su carro, exclamé “¡Ay!” un par de veces para que se percatara que su carro me estaba lastimando pero continuó chocándome los talones como si nada estuviera pasando. Intenté caminar a un ritmo más acelerado, pero la situación persistía. Llega un punto en que él pierde la paciencia entre el la gente y me exclama “¡Mueve la raja no veís que algunos tenemos que trabajar!” yo me hice a un lado desconcertada, me sentí violentada, vulnerada, me había faltado el respeto. Nunca me habían tratado así me quedé muda pensando qué hacer, si responderle y caer en lo mismo, esperar a que alguien le dijera alguna cosa o decirle a carabineros que se encontraban realmente cerca. Finalmente no se hizo nada al respecto, nadie siquiera se inmutó, incluyendo a mis compañeros y a carabineros que supuestamente deben resguardar la seguridad de los ciudadanos.

Considero esto como una experiencia sexista, dado a que primero el hombre se sintió con toda su facultad, derecho y libertad de faltarme el respeto, de insultarme siendo que claramente no era un acto intencional y no soy nada más que una estudiante indefensa sin estar hiriendo a nadie. Por otra parte, el sexismo que se expresa de manera indirecta al naturalizar esta clase de actos, porque supongo que dado a que nadie hizo absolutamente nada, nisiquiera se inmutaron ante la situación, les resulta algo absolutamente común y parte de lo que se vive cotidianamente en la vía pública. Y finalmente, considero que yo tampoco tomé cartas en el asunto por miedo a qué podría ocurrir después, ¿Qué pasa si este hombre se hubiese puesto aún más violento en vista que una mujer le respondiera e increpara frente a sus actos? Es ese miedo constante con el que las mujeres vivimos, de sentirnos vulnerables frente a lo que un hombre nos puede hacer, así que comúnmente optamos por callar y quedarnos con estas experiencias que marcan, más allá de ser un mal rato vivido durante un día cualquiera. 

discriminación transexual

Hace unos días venía en el metro con un amigo desde su casa a la universidad. Era un día de semana cualquiera y como es común era mucha la gente que ocupaba el metro de Santiago, allí fue donde nos dimos cuenta ambos que venía un hombre transexual bastante alto, delgado y creo que si la gente no se detuviera a observarla no se daría cuenta que era un hombre. Lo impactante ocurrió cuando nos percatamos que en el trayecto ocurrieron bastantes cosas interesantes con esta situación: la gente se apartó del alrededor de esta persona, dejando un espacio entre todos los que estaban en esa parte del tren donde era evidente notar que "le hacían el quite" al sólo hecho de estar cerca; luego un grupo de hombres empezaron a decirle algunas "bromas" que más que nada reproducían a mi juicio piropos de mal gusto que se lo harían a cualquier mujer guapa. Yo estaba en una distancia corta en la que se me permitía ver toda esta situación aunque por otra parte el hecho de ir con mi compañero así como las distracciones y sonidos del ambiente en el que estábamos no me permitió escuchar ni saber en realidad de que se trató por ejemplo lo que le dijeron los hombres a esta persona trans, además con mi acompañante discutimos de qué manera (entre las muchas) se discrimina a este grupo de la sociedad, donde los espacios de sociabilidad se reducen y ocurre que entre ellos mismos exista un "aislamiento", pues así me decía desde su perspectiva mi amigo. Yo por otro lado pensaba que incluso esa burla constante desde hombres hacia hombres trans, a veces es paradójica cuando se mezclan otros tipos de desigualdades y discriminaciones con fenómenos como por ejemplo la prostitución, ahí donde muchos transexuales encuentran una "oportunidad" de ingreso a un mercado laboral oculto y muchas veces con vergüenza de reconocerlo por parte del Estado, pues es parte de un problema social donde la explotación laboral infantil encuentra también un lugar. Si bien, todo lo expuesto forma parte de un problema específico de la discriminación de género, en Chile estamos bastante lejos de que exista un respeto mutuo incluso más allá del sexo que se nos asignó al nacer así como la sexualidad que adquirimos, y por otro lado a la aceptación de grupos (minorías) sexuales trans, de hecho también es interesante que dichos grupos encuentren inclusión en la televisión o locales de diversión nocturna, donde se exponen más de lo que creen a la mofa de la gente, y es interesante que dentro de las convenciones de la gente, algunos/as utilicen a dichos grupos para una satisfacción personal, en este caso de tipo sexual.  

Una pareja "moderna"

Recuerdo que era una tarde calurosa de verano. Caminaba con mi pareja cerca del metro Pedro de Valdivia por la avenida de Nueva Providencia. Después de merodear por la comuna habíamos decidido buscar un lugar para comer algo y pasar un momento juntos. Le recordé aquel lugar al que algunos años atrás habíamos ido a tomar unos jugos naturales que le habían encantado. Llegamos al lugar y, al parecer, los jugos ya no estaban. El local, de todas maneras, era agradable; se presentaba como un espacio reducido tipo “pequeña cafetería” en donde sólo podías comprar productos de una vitrina-refrigerador para postres, pero estaba separado por un ventanal adornado con algunos maceteros con flores de variados colores de una zona de mesas metálicas al aire libre con algunos quitasoles color beige encima de éstas. Nos sentamos en una de las mesas cercanas a los límites de la reja que separaba dicha zona con el resto del espacio urbano y terminamos pidiendo un café (de pronto la tarde ya no parecía tan calurosa como pensábamos). Yo pedí un pie de limón y ella se conformó con una tartaleta de manzana que le pareció bastante desabrida y que terminé comiéndome yo.


Después de un tiempo nos dimos cuenta de que el lugar al que queríamos ir era exactamente el local que estaba al lado del cual nos habíamos sentado, hecho que nos causó gracia hasta que vimos cómo un mesero le servía los famosos jugos a unas personas en una mesa, pero ya nos habían servido los cafés y los postres y nos daba algo de lástima irnos al local de al lado a comprar siendo que ya nos habían dado los productos, así que claro, nos conformamos y dejamos que se pasara la tarde entre risas y miradas que lograron que ignoráramos el hecho de la tartaleta desabrida y los jugos deseados.

Al cabo de un tiempo, decidimos irnos a su casa, así que esperé a que el mesero mirara cerca de nuestra mesa y le pedí la cuenta. En el momento en que vino, le pedí que trajera la máquina para pagar con la tarjeta. Camila, mi pareja, iba a pagar y yo le iba a devolver la mitad. Generalmente así lo hacemos, sólo que la mayoría de las veces yo soy el que paga y ella me devuelve después. Nada sexista, sólo yo soy el que anda con plata en la billetera y me toca. Esta vez ella andaba con dinero.

Cuando apareció el mesero (un chico de unos 27 años, con una polera de Iron Maiden), me entregó automáticamente la boleta y la máquina, a lo que yo respondí con una leve sonrisa y le dije “no, no, yo no voy a pagar. Paga ella” y le di una mirada a Camila. El mesero literalmente se descolocó, quizás de forma un poco exagerada. Se rió y nos pidió disculpas. Su justificación fue que “no está acostumbrado a que paguen las mujeres. Los que pagan son los hombres”. Camila sonrió y le dijo con gesto de broma “es que nosotros somos modernos”, y pagó.

Está demás mencionar lo extraño que me resultó la situación, pero me hace dirigir la mirada a ciertos atisbos de la idea del “hombre-proveedor-del-hogar” al que hacen mención tantos textos que refieren a las relaciones entre los hombres y mujeres del siglo XX chileno en especial. No es de exagerado, pero siento que el simple gesto de estar presionado socialmente por pagar mi parte y la parte de mi pareja (mujer, por cierto, ya que sería distinto si ésta fuera hombre) se presenta como producto de la reproducción de patrones socioculturales tradicionalistas que refieren a la mujer como un individuo exento de ciertas acciones sociales sobre las que no tendría por qué estar exento.


De igual forma, el comentario de “es que somos modernos” de mi pareja me hace pensar en un conflicto paradigmático permanente entre interpretaciones tradicionalistas de la sociedad y nuevas perspectivas frente a la relación entre géneros y la obtención de derechos. No se trata de “darles derechos”, se trata de respetar el empoderamiento de derechos que deberían ser inmanentes para cada ser humano, independiente de su género. 

Opiniones opuestas

La experiencia sexista que voy a contar es algo que ocurre muy a menudo en la vida cotidiana por eso quiero ejemplificarla con una situación particular.
Lo que ocurre es que una de mis mejores amigas está pololeando y cuando sale con su pololo siempre pagan a medias, esto se extiende en todas las situaciones de ella, ya que es muy independiente y no le gusta que paguen por ella, sobre todo cuando son hombres los que se ofrecen a hacerlo, por esto cuando no tiene suficiente dinero simplemente no sale. Ella le contó estas situaciones a su madre, de forma normal en una conversación cotidiana frente a esto su mamá le expresó su opinión y dijo que le parece que no es normal que no deje que su pololo la invite, que está bien que a veces sea equitativo pero que tiene que dejar que el pague también porque eso es parte de la forma de ser de los hombres, que si no lo deja invitar lo va a hacer sentir extraño, hasta mal. Frente a esto mi amiga expreso que no está de acuerdo, que no le gusta depender de nadie y que no es obligación de él pagar por ella solo por ser su pololo, que encuentra esto una práctica machista. Su mamá siguió opinando lo mismo e incluso le dijo que esa situación les podía afectar, que él podía sentir afectado su ego de hombre o algo así. Esto sucede cada vez que sale ese tema entre ellas y si bien es sólo una diferencia de opinión reproduce una práctica sexista que está muy arraigada en la sociedad, yo he escuchado esta opinión de muchas personas incluida mi familia.
Creo que esta situación de diferencias de opinión frente a situaciones cotidianas es más común de lo que parece y la mayoría de las personas las pasa por alto y no ven más allá de lo que están hablando, pero esto es una reproducción del pensamiento machista que se ha impuesto desde hace mucho tiempo y sin pensarlo muchas veces atribuimos características o formas de actuar como sólo para hombres o sólo para mujeres, cuando esto no es más que el resultado de la diferencia de géneros y del machismo. Por lo que he podido observar en general la mayoría de estas reproducciones vienen por parte de las personas mayores, creo que esto es porque se criaron bajo una sociedad mucho más rígida y es lo que conocen como prácticas comunes, pero esto también se traspasa a las nuevas generaciones y si bien durante el tiempo se ha intentado instaurar una mayor conciencia en torno a la diferencia de género, discriminación y machismo, esto sigue muy latente en la sociedad y es reproducido sin que nos demos cuenta realmente de que es una de estas prácticas.

Pero también por otro lado creo que a veces algunas personas se van al extremo ya sea el extremo conservador (convencional) como reproducciones machistas también hay algunas personas que se van al extremo del feminismo, por ejemplo en la situación que ejemplifiqué creo que no es obligación del hombre invitar a su polola siempre, pero también creo que si hay algún momento en que ella no tenga dinero y el sí, es normal que el invite, como también es normal que si el se ve en esta situación la mujer invite. Creo que no debe existir una regla para estas situaciones que no hay que ser rígidos en cuanto a una postura, si no que depende de lo que suceda en cada situación la forma en que se actúe para que así sea parejo para hombres y mujeres.  

Es mujer, no sabe de fútbol.


Este hecho ocurrió la noche del viernes pasado, en una junta que tuve con mi ex curso de colegio, con quienes nos juntamos de vez en cuando para mantener las relaciones que se crearon a partir de la época de colegio, además de encontrarse con grandes amigos de la época y otros conocidos que es muy grato ver o en su mayoría.  Esta vez nos juntaríamos en la casa de uno de mis amigos más cercanos que hice en los tiempos de escolaridad, y haríamos una completada, además de tomarnos algo para acompañar la noche.  Luego del carrete de la universidad, me fui a mi casa para arreglarme e ir para allá. Al llegar con mi polola – después de haber ido a comprar al supermercado para llevar una cooperación – nos dispusimos a saludar a las personas que habían llegado, quienes eran principalmente nuestros amigos más próximos de la etapa colegial, entre ellos se encontraba Gilda, a quienes de decimos “Gipa”. Luego de un rato de que llegara más gente, se empezó a poner más “movido” el ambiente y se empezaron a formar grupos en los cuales se discutían diferentes temas. Entre ellos había un conjunto de compañeros hablando de fútbol a propósito de lo que había ocurrido durante la semana con los partidos de la Champions League y como a mí me gusta hablar de fútbol, me quede escuchando. Así fue como cada uno daba su visión de cada partido y sus pronósticos para la final que se jugara en un par de semanas, pero dentro de este grupo de encontraba mi estimada amiga Gipa, quien es una aficionada del fútbol, de hecho jugaba por la selección del colegio y aún sigue jugando en su universidad, cabe destacar que era la única mujer que se encontraba en la colectividad “futbolera” de la noche. Mientras transcurría la conversación me di cuenta que mis ex compañeros  no tomaban mucha atención - en su mayoría - al momento en que mi amiga hacia comentarios referente a los partidos, lo cual se hacía muy notorio. Allí me di cuenta que era muy probable que los motivos por los cuales no le prestaban el interés oportuno para la ocasión se debía principalmente solo por el hecho de que ella es mujer y deben pensar que en consecuencia no sabe de fútbol, en contraste de un hombre que domina más el tema, incluso sabiendo que Gipa es alguien quien gusta de jugar y ver fútbol.


Esto se debe a que existen estereotipos sobre los deportes que deben ser practicados tanto para hombres como para mujeres, debido que para la gente los deportes de contacto directo son para hombres, los cuales las mujeres no deberían practicar al ser poco “femeninos”.  Además de que se vean a las mujeres como inferiores en ciertas disciplinas deportivas, también se generan  estereotipos lo cual conlleva a una discriminación hacia las mujeres que gustan de este tipo de deportes, ya sea practicándolos o viéndolos, quienes son catalogadas de machorras, amachadas, camionas, etc. Lo cual nos muestra que vivimos en una sociedad en donde se busca que las personas sigan ciertas pautas de comportamiento dependiendo del sexo de esta.

el weon de la bici roja

Hace una pocas noches atrás estuve caminando por Peñalolén, cuando doblando por una esquina empiezo a escuchar a una persona llorando. Al cruzar el semáforo encuentro a una muchacha un poco mayor que yo que estaba sentada en el suelo llorando muy desconsoladamente. Me acerque a preguntarle que le pasaba y si yo la podía ayudar con lo que la acomplejaba, en ese momento ella me mira y me dice que “un weon en una bici roja pasó recién e intento propasarse con ella”. Ella muy asustada grito y el la golpeo para que no gritara más  y después de eso arranco. En ese momento yo puede apreciar el dolor en las palabras de esta chica y pude empatizar directamente con la situación que vivía ella. Seguimos conversando y la acompañe a su casa que no era mucho más allá de donde ocurrió esta situación, ella me decía que no podía entender lo mal que ella se sentía, ella decía “no puedes sentir lo pasada a llevar que me siento” yo sentí en sus palabras mucho dolor por lo que le paso, ella no podía entender que le ocurría a los hombres que tenían el derecho de hacer lo que quieran con las mujeres y luego salir arrancando. Ella me conto que esto es algo que le pasa seguido pero de otras formas, ella decía “que los maestros la piropeaban con malos términos y eso me asusta y me hace sentir pasada a llevar ya que de eso hay un paso para que te anden tocando y pegando. Ella me conto que esto también era caso recurrente en sus amigas y muchas veces también terminaban arrancando los agresores dejando a las afectadas botadas y viviendo una momento a lo menos incomodo, ella creía que esto era en gran culpa por la sociedad machista en que vivimos y comentó que esto está sustentado en los medios de comunicación y las redes sociales que mostraban valores y prácticas de actitudes machistas, donde se pasan por encima a las mujeres y los hombres terminan siendo una figura de poder y control sobre la figura de la mujer. Después de estar harto rato conversando con ella pude lograr que se levantara de la calle y que empezamos a caminar, a mí me sorprendió lo mal que llego a estar la mujer, ahí pude comprender lo mal que se siente esta chica al momento de vivir esta situación, y pude sentir el dolor de sus palabras y lo mal que lo pasa cuando ocurren situaciones como estas, que como ella me conto le pasan recurrentemente.

luego de haber acompañado a esta chica a su casa y haber podido escuchar directamente el testimonio de una situación de acoso llevado al límite me fui caminado pensando en relación a en la sociedad en que vivimos, ya que es cosa de empezar a ver cómo viven muchas mujeres de nuestro país, donde deben vestirse de cierta manera para que no las acosen algunos hombres. Donde hay libertad ahí, como va ser posible que por nuestros rasgos de sociedad machista pueda seguir existiendo gente que se dé el poder de poder pasar por encima de las mujeres llevándolas a vivir situaciones tan incomodas y desagradables.


Finalmente y para sacar una conclusión más en limpio de esta experiencia. Vivimos en una sociedad donde las situaciones de acoso callejero ocurren en la punta de nuestras narices y no podemos dejar de seguir viviendo en una sociedad con ideas dominadas por las ideas del patriarcado, no podemos vivir en una sociedad donde las mujeres vivan con miedo de salir a la calle porque existen personas que pueden pasar por encima de sus derechos como en este caso fue “weon de la bici roja “.

Sexismo en la familia

Hace algunos años, cuando estaba terminando el colegio, no tenía claro lo que quería estudiar, lo cual siempre fue un tema muy importante para mi familia. En una ocasión mientras realizábamos un almuerzo a propósito de la celebración de un cumpleaños, se encontraba  toda mi familia: tíos, primos, etc. en ese momento alguien me pregunta que quería estudiar y yo respondí: “Aún no estoy segura de lo que quiero y pero tengo algunas opciones en mente”. Ante mi aseveración  uno de mis tíos dice: “Pero como no sabe todavía, si ya está terminando el colegio, debería tener las cosas más claras”. Y antes de que yo pudiese responder a su comentario, mi tía responde: “Dejen tranquila a la niña, ella no tiene que calentarse la cabeza pensando en estudiar una carrera. Lo que ella tiene que hacer es pensar en cosas más simples y así puede estudiar lo que a ella se le ocurra, lo importante es que encuentre un marido que la pueda mantener y que la niña se dedique a otras cosas”.
Cuando terminó de hablar, todos pensamos que se trataba de una broma, pero cuando le preguntamos ella dijo que hablaba en serio. Todos quedamos perplejos, y obviamente yo le dije que no esperaba que alguien me mantuviera en un futuro, que era mucho mejor gozar de una situación independiente, sin embargo ella respondió que para una mujer lo ideal es vivir de esa manera.

Resulta muy difícil creer que esta opinión sea reproducida por una persona perteneciente al género femenino y también que aún exista esa imagen tan sexista en la que se vincula al género femenino al ámbito privado, como si la mujer no pudiese salir de esta esfera, así como si el  hombre tampoco pudiese salir del ámbito público, planteando que debe ser solo él quien traiga el sustento económico al hogar y de esta manera conseguir además un mayor desarrollo personal. Se puede ver que sigue existiendo la imagen que muestra a la mujer como una persona sumisa, sin mayores pretensiones, que no puede tener mayor independencia y que debe estar obligada a encontrarse “atada” a una persona, porque no es capaz de poder sustentar su propia vida. 

Una mujer no debe ser infiel

Esta situación que relataré, ocurrió en mi colegio (que era mixto), cuándo estaba cursando tercero medio, alrededor del 2010 y en mi curso como ocurre en la mayoría de los colegios cuando los alumnos pasan a la adolescencia existían parejas, y una en particular era bastante querida ya que ambos, eran agradables y no tenían problemas con ninguno de mis compañeros, además de que llevaban ya unos 8 meses. Un día yo llegue al colegio y note que ella estaba sola y llorando, mientras sus “amigas cercanas”, estaban lejos mirándola de forma reprobatoria. Y cuando llego su pololo, en la ignoro totalmente y se fue con todo el grupo que se suponía que eran amigos de ambos, todos conversaban  se notaba que hablaban de ella, ya que constantemente la miraban y susurraban cosas, yo pensé que había ocurrido alguna pelea tonta o algo por el estilo así que ignore la situación  no pregunte a nadie que sucedía. Al otro día la situación conflictiva se mantenía  y ella seguía sola por lo que me acerque para saber qué había ocurrido y ella me dice: ¿No te han contado?, porque “mis supuestos amigos” se han encargado de decirle a todo el mundo que soy una fácil y suelta. Yo quede impactada, y le pregunte porque y ella me explico que le había sido infiel a su pololo y que casi todo nuestro curso que ya se había enterado de la situación, la estaban ignorando y estaban de parte de él. La situación con el pasar de los días empeoraba ya que no solo la ignoraban sino que le gritaban insultos le tiraban papeles, a sus espaldas le decían de todo, era tanto el acoso que le hacían que ella me decía que no daba más, estaba cansada  y lo que más le dolía es que sus “amigos de cartón” como les decía ella, le habían dado la espalda de esa manera, sin siquiera tratar de entenderla o por último apoyarla como amigos. Lo más chocante de esta situación es que el mismo compañero que fue él pololo de ella, unos dos años antes había estado en una relación con otra compañera y él le había sido infiel y nadie le dijo nada más de que “que feo lo que hiciste”, nadie lo ignoro, ni siquiera fue un gran tema en el curso como que rápidamente se olvidó y cuándo yo una vez pregunte cual era la diferencia de ambas situaciones a unas de las “amigas” de ella, me dijo que era porque cuando una mujer era la infiel, la situación era peor, ya que es más compresible que un hombre sea el que “caiga en la tentación” que una mujer.

Está situación señala como en nuestra sociedad, todavía los patrones de antaño donde el hombre estaba con varias mujeres estando en pareja , casado o soltero era algo normal y la mujer no podía ni debía ser infiel, esto sigue ocurriendo, si bien no de manera tan masiva, ni evidente, si se puede ver en historias como la señalada, ya que una mujer infiel sigue siendo condenada, mientras el hombre infiel es alabado, no se considera algo tan malo, ni tan extraño, de hecho constantemente escuchamos comentarios como “eso es ser un macho” o “la carne es débil” o más dichos por el estilo.El hombre infiel en cambio es alabado como si fuera una especie de héroe para los otros hombres, mientras las mujeres lo ven como algo normal, en cambio en el caso de que la mujer sea la infiel, hay cambia la cosa, ella es una suelta, fácil y otros insultos bastante más despectivos, los cuales degradan a la mujer en gran nivel. Si bien ser infiel no es algo positivo ni el caso del género masculino ni en el caso del género femenino, la discriminación e insultos que ocurre en el caso de la mujer no debería suceder, es una gran discriminación que se diferencia la actitud ante este hecho solo por ser mujer, esto solo muestra como la discriminación de género sigue perpetuándose y no de una forma aislada, sino que es algo normal que muchas veces no vemos y casos como este lo evidencian.

Mecánica

El hecho que voy a narrar a continuación sucedió hace aproximadamente un año atrás.
Con un par de amigos habíamos organizado una salida al cerro en bicicleta, la idea era subir el cerro San Cristóbal un día domingo.
El viernes anterior salí a carretear en mi bicicleta, donde un conocido en la comuna de  Ñuñoa, todo estuvo normal, habían varias bicicletas estacionadas, apiladas unas sobre otra y apoyadas en una pared del patio en el cual se desarrollaba la fiesta. Estuve pendiente durante mucho rato de mi bicicleta, puesto que el lugar estaba atestado de gente y algunos bastante ebrios.
Luego de que nada sucediera me relaje y deje de preocuparme tanto, pensé que mis amigos también vigilarían sus bicicletas y que me estaba preocupando mucho.
A la hora de irnos fuimos por las bicis, varias personas se habían ido y ya no había la misma cantidad de bicicletas que al principio, por lo que fue más fácil retirarlas de donde las dejamos. Un amigo sacó la suya y se percató  de que había un problema, se había rayado la pintura del marco y la rueda estaba un tanto descentrada, en seguida, revisé mi bicicleta y nada tenía, por suerte.
Nos fuimos sin saber que había pasado, puesto que nadie vio nada ni supo nada, pero al parecer, alguien se había caído sobre las bicicletas amontonadas y esto provoco que se produjeran los daños, puesto que habían otras bicis "dañadas".
Al día siguiente mi amigo me pidió que lo acompañara a un taller mecánico en Peñalolen, donde ya habíamos ido antes y confiábamos en que podían reparar bien los daños de la bici y en poco tiempo, pensando en subir al San Cristóbal al día siguiente.
Nos encontramos en una plaza cercana y fuimos, estaba bastante enojado por lo sucedido y expulsó varios insultos pero no dirigidos.
Llegamos al local y habían dos personas, un hombre y una mujer, quien estaba disponible y nos recibió muy amablemente. En ese momento noté algo raro en mi amigo, una cierta expresión de desconfianza e indecisión en dejar su bici ahí, no entendía porque, ambos habíamos ido antes y no tuvimos ningún problema.
La mujer preguntó. ¿Qué necesitan?, "eeehh, se me descentro la rueda" respondió mi amigo, la mujer procedió a ver la bici y dijo que la podía arreglar, que volviéramos en un rato más.
Salimos del local y le pregunté que le había pasado a lo que mi amigo, luego de un silencio,  dice; "mmmm no me da confianza que la arregle ella, las minas no cachan nada de mecánica", le dije que ya conocíamos el taller y que nunca habíamos tenido problemas ahí. No pude convencerlo completamente, seguía desconfiando de los conocimientos de mecánica de ella solo por el hecho de ser mujer.
Finalmente la rueda quedo bien, se solucionó el problema y pudimos subir el cerro en bicicleta como lo habíamos propuesto.
En esta experiencia puedo distinguir elementos sexistas en el juicio de mi amigo respecto a las mujeres y la mecánica, actividad que se ha asociado comúnmente a los hombres en la división sexual del trabajo, la desconfianza que se genera en mi amigo no es por el hecho de que la mujer previamente haya hecho mal un trabajo, sino que por el hecho de ser mujer, para él, no podrá cumplir con lo requerido de buena manera. Esta asignación social de labores se desarrolla en función de la imagen que se ha construido en torno a la imagen ideal de mujer y de hombre, en base a funciones reproductivas y productivas que se establecen en la sociedad.

Teoricxs practicxs, difícil tarea

Era el día de la madre, la televisión desde hace ya un tiempo lo venía recordando constantemente mediante publicidad sexista y me percataba de ello, era consciente de ello, tenía sentimientos de rabia y sorpresa, que absurdo somos y que raro mundo hemos construido –pensaba-, sin embargo qué sentido tiene la crítica teórica, si lo que criticamos lo reproducimos –también pensaba-, y ahí estaba yo acostado en mi cama, mirando un techo que no daba respuesta. Es el día de la madre y debo conmemorar a la mía, ¿un regalo? ¿Por qué un regalo? ¿La publicidad me sedujo? ¿En verdad es correcto celebrar un día de la madre? ¿Es valorable una persona que opta la maternidad por sobre quién no?, no, no reproduciré sus lógicas vacías me dije, y ahí estaba, acostado en mi cama. Qué más puedo hacer pensaba, finalmente me decidí por ayudarla en las labores del hogar, no me daba cuenta de la conclusión absurda a la que había llegado hasta que disparé las palabras que me dejaron atónito “¿ya lavaste los platos?, si no para ayudarte. Sorprendió nuevamente en mi vida el valor y poder de las palabras; y de la lingüística en general. Luego de haber realizado mi “ayuda”, me puse a pensar en lo que había pasado, ¿Qué idiotez he realizado?, luego de pensar y gastar minutos y minutos criticando al sexismo, odiando al sexismo, y me di cuenta que no he aprendido nada. Lo importante de la teoría es cómo esta se ve reflejada y representada en nuestras prácticas cotidianas, y fallé, me fallé a mí, a mis compañeras y compañeros con los que debatimos y discutimos para no caer en errores, y peor aún, le fallé a la persona a quien le debo el cambio. Habían muchos errores en una frase tan corta pero potente, tanto yo como mi madre hemos naturalizado una práctica, obviando que es una labor que tiene que realizar ella, floreciendo el machismo que llevamos dentro y que heredamos de los núcleos familiares anteriores que al igual que nosotros, se han desenvuelto en una sociedad patriarcal. Es necesario hacer cambios prácticos, necesitamos la teoría para expandir nuestro conocimiento y mente, para ilustrarnos sobre nuestra realidad estructural concreta, pero sin embargo, es necesario pasar a la acción, no basta el discurso y el conocimiento. Es con pequeños detalles que se transforman y cambian las lógicas del mundo, pero es necesario que estemos atento, y que realicemos cambios desde la base, es decir, en cómo nos relacionamos con nuestras madres, con nuestras compañeras, primas, y también con los padres, hermanos y compañeros, con el fin de que no se repliquen las prácticas, discutir, llamar la atención son necesarios, pero las acciones visuales son las que finalmente interpelan al otro. Es por esto, que hay que replantearse las atribuciones que se le asignan inconscientemente –por cultura-  al género de una persona, admitir la relatividad y la diversidad, ser hombre y mujer es una distinción fisiológica, no así mental, no existen márgenes, parámetros o estándares esenciales en el género, sólo costumbres representadas por el imaginario colectivo, lo que no deja de ser absurdo, pues no es un hecho, sino un acto de magia.

Llamen al encargado

Era el día jueves 14 de mayo en Movistar Arena. La jornada de trabajo era extenuante, se vendía a destajo. Un Movistar arena lleno hasta más no poder de fanáticos que saltaban, gritaban, bailaban a tal punto que en un momento parecía venirse  abajo el recinto junto con todas las almas que lo habitábamos en aquel momento. A medida que transcurría el concierto a la gente más sed le daba, mas bebida se vendía y por ende más arduo era el trabajo que realizábamos. La jornada al menos tenía un matiz especial: mientras trabajábamos, la música de fondo era nada más ni nada menos que los Fabulosos Cadillacs en vivo lo cual hacía bastante más agradable el estar ahí sudando la gota gorda.
 La experiencia de casi dos años trabajando en conciertos de este tipo me hacían sospechar que más de algún problema tendríamos en algún momento. Cuando la fanaticada está fuera de sus cabales, extasiada por la música que entra por sus oídos y hace vibrar todo su cuerpo al punto que distorsiona su percepción de la realidad siempre se producen altercados. Esto suele pasar en los conciertos de Rock, Metal o Punk lo cual no deja de ser, para mí, enormemente llamativo. Y no me equivoque. No pasaba ni la mitad del concierto cuando me llaman por la radio para avisarme que un cliente reclamaba que la bebida que le pasó un vendedor ambulante (bandejero)  estaba desvanecida. Este es un problema que ocurre todo el tiempo y que todos quienes trabajamos ahí podemos controlar así que le pedí a Yasna (jefa de una de las bodegas de donde salen los bandejeros a vender bebidas entre el público) que fuera a hablar con el cliente, pedirle las disculpas correspondientes y cambiarle la bebida. Pasaron unos minutos y mientras me disponía a escuchar el tema “Siguiendo a la Luna” cómodamente (aprovechando un lapsus de poco trabajo) me llama Yasna por radio, un poco alterada diciendo que necesitaba urgente que fuera a donde estaba ella. Llegue y la encontré junto a un hombre de unos 30 años, claramente ebrio, alterado y fuera de sus cabales. Yasna se me acercó y me narró lo ocurrido en esos pocos minutos: que llego con una bebida para cambiársela y con la disposición de pedir disculpas pero el hombre se presentó inmediatamente alterado y con una actitud hostil. A penas vio a la Yasna empezó a despotricar que esto no podía ser, que lo encontraba terrible, que eramos unos estafadores y un montón de cosas más. Yasna, según me relató, trato de calmarlo y decirle que podía cambiarle la bebida o en su defecto devolverle la plata sin embargo, parece que la intención del hombre era pelear pues no aceptó nada de lo que Yasna le ofrecía. La mujer, ya enfadada le dijo al tipo que podía tomar o dejar las opciones que se le estaban ofreciendo a lo que el hombre contestó que quería hablar con el encargado, remarcando que debía ser hombre. Yasna, al parecer acostumbrada a este tipo de discriminación me llamó de inmediato y cuando llegue fue inconfundible su cara de resignación y de frustración. Fui a hablar con el tipo, y con la experiencia de saber cómo tratar estas situaciones logré sin mayores problemas que el tipo aceptara la bebida de cambio y se devolviera a ver el concierto.

La situación tuvo un tinte sexista que pude identificar de inmediato. Yasna y yo llevamos trabajando la misma cantidad de tiempo en la empresa, tenemos casi la misma cantidad de eventos en el cuerpo y sabemos como tratar distintas situaciones con distintos públicos desde barras bravas en los estadios hasta públicos metaleros y rudos en conciertos. A pesar de esto, hay situaciones en que la discriminación de género pone un obstáculo mayor y las mujeres de la empresa quedan casi inhabilitadas para solucionar problemas por que algunos tipos ( como el de esta situación) se niegan a hablar con ellas simplemente por el hecho de ser mujeres. Esta situación en general es minoritaria, sin embargo, las mujeres de la empresa saben que frente a estos casos no pueden hacer mucho por lo que llaman inmediatamente a un hombre para poder dar fin al asunto. La resignación que muestran no es culpa de ellas, sino más bien de lo difícil que es hacer algo frente a la discriminación de género en situaciones tan extremas y específicas.