26 de marzo de 2015

Sexismo callejero. Cristopher Murillo

Mi relación con hechos en los que se vea involucrado el sexismo Callejero se dio en mi niñez. Iba un día junto a mi madre por el centro de Rancagua, específicamente por la calle Estado, cuando en un momento determinado veo a una mujer increpando a un hombre por mirarla y decirle cosas sexuales junto a su grupo de amigos. El hombre con clara incomodidad en el contexto bajo el cual se llevó a cabo la pelea comenzó a justificarse diciendo que a las mujeres les encantaba que las miraran y mucho más que les dijeran piropos. En su impotencia , la mujer respondía con intentos de agresión y gritando que ella no era el tipo de mujer que el pensaba y que a las señoras se les debía tratar con respeto y no con frases asquerosas y que denostaran tanto a una mujer. La gente de alrededor mostraba su postura a favor de la mujer y de la mano de esto venían constantes recriminaciones y garabatos hacia el hombre. Cobarde y caliente eran las palabras más utilizadas por la gente. Creo que está agresión por parte del hombre a la mujer demuestra lo machista que es la sociedad chilena, el hombre a pesar de saber que la mujer no se sentía halagada se daba el derecho de molestarle y tratarla como objeto de deseo. A pesar de que ocurrió hace bastante tiempo, me marcó mucho.
Cristopher Murillo.
Narración de una historia sexista.
Dentro del espacio donde uno se mueve a diario el acoso callejero y las situaciones de carácter sexistas por desgracias se han vuelto más cotidianas de lo que uno cree. La historia que narrare ocurrió no hace mucho, hablamos de diciembre del año 2014 cuando ya el calor era insoportable y la gente empieza a moverse más ligeros de ropa, viajando por la atochada línea 1 pude ver como una joven estaba tranquila al final del vagón del metro, de repente un grupo de no más de 5 escolares empiezan a mirarla y a lanzar comentarios de grueso calibre contra la joven, ella estaba tranquila ya que andaba escuchando música así que no los tomo muy en cuenta, hasta que los comentarios empezaron a subir su calibre y  llevaron a la joven a un nivel de incomodidad tan grande que tuvo que pararse eh ir donde los escolares a decirles que pararan con esos comentarios, dentro de las cosas que me acuerdo que dijo la joven lo que me quedo grabado con mayor claridad fue que ella les dijo que quien se creían que eran ellos para tratarla como un pedazo de carne.

Ahí los escolares pararon un rato sus miradas y comentarios, más adelante en el viaje la joven ya más tranquila se bajó del metro y no se alcanzó de percatar de que los mismos jóvenes, que habían hecho de su viaje una experiencia incomoda se bajaron en la misma estación, al igual que quien narra. Caminando por el andén los escolares siguieron refiriéndose a la joven de manera vulgar y grosera, ella ya no se percataba de las grosera forma en que estos jóvenes se referían a ella y a las mujeres en general, a mí me quedo dando vuelta que a estos escolares les pidieron que pararan de metro así que yo me quede con la duda de que si esto es un problema de nuestra sociedad o los escolares tenían un problema en contra de dicha joven, más adelante pensando esto me di cuenta que estas historias se repiten de muchas formas distintas en la vida de las personas.

Cumpleaños Sorpresa

Era el cumpleaños de mi pololo y dentro de una semana íbamos a cumplir 3 años de pololeo, por lo que quise hacerle un regalo especial y que recordara…
Así que llame a sus amigos y organicé una fiesta sorpresa. Me puse en contacto con el jefe de contenidos de Suka ubicado en el casino Monticello, y le conseguí a todos los invitados acceso gratis al club. Llegó el día y como los motivos para celebrar sobraban, fui la primera en estar en la pista de baile exteriorizando esas ganas de hacer de esa noche un cumpleaños para recordar. Dentro de toda esa euforia saqué muchas fotos y en ese mismo instante las subí a Facebook.
A la semana siguiente  tuve una discusión desagradable con un amigo de mi pololo, quien había reprochado y “repudiado” mi conducta de aquella noche. La mayoría de sus comentarios, contenían palabras  sumamente peyorativas para referirse a mi persona. Sin embargo basándome en hechos concretos, no hice nada más que bailar y acompañar a mi pololo con algunos vasos de alcohol.
Con mucho malestar, sobre todo tristeza, hable con mi hermana y le conté sobre lo ocurrido. Cuando estaba a la mitad de la historia al verme tan afligida se acerca mi padre y con todas las intenciones de ayudar me da su opinión. Me llamó la atención que su primera frase antes de empezar a explayarse haya sido “de los errores se aprende”, y después agregó: Vi tus fotos y bailar con un vaso en la mano no es precisamente la conducta que se espera de una “señorita” más aún si está pololiando. Hija recuerda: La mujer del César no sólo tiene que serlo sino que también parecerlo”.  
¿Parecer qué? ¿Qué es exactamente lo que tengo que hacer para ser digna de la mujer del César? Esta conversación con un alto contenido sexista me llevo a reflexionar que en las relaciones donde me veo involucrada se encuentra presente aquella “sobrevaloración del hombre y subvaloración de la mujer”. Se puede interpretar como una lucha de poder en la que cada uno trata de imponer su supremacía y ahí es el hombre el que tiene el poder y la dominación. 

25 de marzo de 2015

Celebración Familiar

Esto ocurre en el contexto de una celebración de mi familia ocurrida hace un tiempo atrás, donde un domingo compartiendo en la casa de mi abuelos- con mis tíos y primos- sucede la siguiente situación... Era hora de almuerzo, y como se reunía mucha gente en la casa, se necesitaba ayuda para colocar la mesa, esto quiere decir, colocar los servicios, platos, en otras cosas para servir la comida. Para este caso, debo manifestar que mi abuelo como tuvo otra enseñanza y otra formación, no solía ayudar en nada con respecto a la hora de almorzar, solo se sentaba en su puesto característico esperando que sirvieran su comida, por ende, ya desde un punto de vista se provocaba un sexismo por parte de mi abuelo hacia sus nietas, hijas e incluso señora ( mi abuela) por no realizar los quehaceres cotidianos del hogar.

Ya en la hora de todos sentarse en la mesa y comer, yo me acerco a la cocina con la intención de ofrecer ayuda, ya sea colocando los servicios, platos u otras cosas; y es como mi madre me pasa algunas cosas para que yo las coloque en la mes y así agilizar la ayuda. En ese entonces, cuando iba con algunas cosas en la manos, una prima me observa sorprendida y en tono de broma, pero diciéndolo con un grado de intención- "¿ Desde cuando ayudas a realizar las cosas de la casa?.. pensé que no realizabas estas cosas..."- y yo sorprendido, pensando en la situación rara que se dio, solo atine a seguir y colocar las cosas sobre la mesa.
Acto seguido, reacciono y comento: " No debería sorprenderte prima, generalmente ayudo en mi casa con los quehaceres del hogar" y ella responde enseguida: " imagine que no lo hacías, ya que en tu casa son solo hombres, y esperaba que solo te acercaras a la mesa a comer cuando estuviera listo"... - Cabe destacar que la composición de mi familia son 3 hombres en la casa y solo una mujer ( mi madre), que nos ha enseñado a realizar las cosas del hogar independientemente y no esperar que el rol de la mujer como dueña de casa lo realice.

Es por esto que mi prima imaginó y reaccionó de tal forma, pensando que al estar rodeados de hombres se mantuviera el sesgo de no realizar actividades de la casa porque las debe realizar una mujer.

Incluso, recordando el momento, reflexiono sobre como con cosas tan cotidianas y que aveces uno no toma el valor de importancia se puede reproducir y mantener el sexismo entre genero, donde para cada una de las personas se caracterice con un rol definido por la cultura y enseñanzas provenientes de los abuelos, y que se pueden reflejar y mantenerse en una familia.



                                                    Los hombres en la casa
Estoy rodeada de hombres. Mi casa  la componen seis personas: tres hermanos, mis papas y yo. Tengo el prefecto recuerdo de cuando éramos  adolescentes  y sobre  todo de  una situación  particular que ocurrió en mi casa. El tema de la sexualidad para los hombres no es un tabú. Por el contrario  pasa a ser  un tema  cotidiano, sin pudor, sin represiones  y sin una carga  negativa  respecto a  libertades sexuales. En  mi casa no era  la diferencia. A viva voz  estaba acostumbrada a las conversaciones “de hombres” haciendo  alusión  a  mujeres, sexo , masturbación y tallas de” doble sentido”. Mis papas  son personas “conservadoras” de otra época,  que tienen pensamientos  diferentes a los míos, sin embargo  abiertamente entablaban conversaciones con mis hermanos sobre sus relaciones sexuales  o  como debían y tenían que cuidarse. Cosa que para mí, no existía. Un día en una conversación que mis papas tuvieron con mis hermanos y en cual estaba yo presente, recuerdo que mi mamá les comenta   que debían protegerse  ya que era obvio que tenían relaciones ( con sus pololas o con otras niñas), y comenzó con su charla… y  es ahí donde dice:
-¡Con su papá le compraremos  preservativos para que se cuiden y sean responsables!
En esa misma época yo estaba pololeando  y jamás  entable ese tipo de conversación  profunda con alguno de mis papas, aparte de “no tienes por qué adelantarte a las cosas”, o “no corresponde”. Realmente era como un ser asexuado, que  no tenía opinión o sentimiento respecto a esos temas.
Cuando mi mamá planteó la genial idea de  su nueva inversión, yo pedí que también me compraran a mí, ya que en algún  momento los necesitaría…
Fue un silencio  eterno en donde mis papas me dijeron: Estay loca! Cero posibilidad!  Y fin de la discusión. Por supuesto intente discutir  el hecho de que  ELLOS tuvieran la libertad (de la cual mis papas estaban  consientes) de tener una vida sexual activa, en donde era parte de la normalidad y parte de su crecimiento. Mientras que para mí (su única hija) ni siquiera estaba en su cabeza.








Ojos que no ven

Cuando me pidieron comentar sobre una experiencia de sexismo a la cual me haya visto sometida, se me vino de inmediato a la mente una experiencia que me ocurrió a fines del 2013, cuando mi papá me pidió si podía ir a al juzgado de policía local de Santiago para pagar una multa, a lo cual accedí inmediatamente. Luego, ya en el lugar, me llaman y me atiende un hombre de avanzada edad, (yo creo que rondaba los 60 años) y me pide los papeles para pasar a revisarlos. Cuando mira el papel, comienza a reírse y se le escapa un “ah, típico de mujeres, no se saben estacionar”. Luego, siguió haciendo algunos comentarios con sus compañeros de trabajo que no alcancé a descifrar bien, pero se podía deducir fácilmente que se reían sobre lo que recién había sucedido, según lo ocurrido por parte del hombre de avanzada edad, ya que ni si quiera se había dado el tiempo de leer a nombre de quién estaba el parte, que era un nombre de hombre, en este caso, de mi padre.
Acto siguiente,  me pregunta si quiero apelar ante el juez, a lo cual le respondo que  no, que tan solo iba a pagar. Al escuchar mi respuesta dice “¡ah! Claro, ojos que no ven…”. Lo irónico era que los ojos que no estaban viendo eran los de él, ya que seguía suponiendo que yo era la que había cometido la falta de estacionarse  mal y seguramente pensó que yo quería ocultar que tenía un parte por lo rápido que lo iba a pagar.

 Esta situación me molestó bastante en ese momento, por lo que le dije: “Perdón, ¿por qué usted me juzga y se ríe si no ha leído bien el papel? Para su información el parte ni si quiera es mío, ¡es de mi papá!”. Él miró más detenidamente el papel, para luego responder con un indiferente “ah, no sea grave”. Pero yo le insistí con que me había hecho sentir agredida con su comentario y con la forma burlesca de responder a la situación junto a sus compañeros.  

La naturaleza del hombre

 Era un día de verano, yo salí con unos amigos al centro de Santiago, nos habíamos juntado a beber  un par de cervezas. Eran alrededor de las 21:00 p.m y decidí irme a casa porque sino se me haría muy tarde y me podía pasar algo. Yo vivía junto a mi abuela en un lugar llamado "Villa Santa Adela" , en la comuna de Cerrillos, por lo que me demoraba una hora en llegar mas o menos. Tome la 103 en la moneda, esa me dejaba justo al comienzo de la Villa. El camino fue tranquilo, la mayoría del trayecto me fui sentada sola, quedaban alrededor de 20 minutos de trayecto cuando un señor que venia del trabajo (eso se veía al menos por su vestimenta y maletín) de unos 40-45 años, me pide amablemente permiso para sentarse en el asiento de al lado que daba hacia la ventana, yo le sonreí y le dije "si pase", se veía bastante simpático y agotado. En el camino hablamos un poco, cruzamos unas palabras, nada muy relevante. Llego el momento de bajarme, toque el timbre y baje, al estar abajo mire hacia donde el estaba sentado para despedirme amablemente y hay fue cuando vi que el se estaba masturbando, me muestra su miembro y me grita "tome para uste' cosita" . Me dio mucho asco y corrí hacia la casa, lo único que quería era bañarme, pensé que el se había masturbado todo el camino tapándose con su bolso, quizás cuanto tiempo estuvo haciéndolo. Llegue y le conté la historia a mi abuela aun con asco, y ella me dice "ah que alega niñita si a usted le gusta andar vistiéndose así, casi en pelota, mas encima a estas horas eso no es de señorita, mas encima te juntaste a tomar algo y eso menos de señorita es, obvio que te va a pasar algo si te andai mostrando". La rabia que sentí al oír eso, el sentimiento de impotencia nunca mas lo he experimentado. Luego comenzó una discusión la cual no llego a nada, ella tiene alrededor de 80 años y no cambiaría la forma de ver las cosas, para ella era mi culpa porque me vestía de cierta forma y tenia actitudes que no correspondían a una "señorita" y no era culpa de los hombres porque estaba en su "naturaleza" hacer cosas de ese estilo. 

Objeto para para los necios

     Bueno para aclarar, esta historia no es mía ni tampoco estuve en el lugar donde ocurrió lamentable;  porque pude haberlo evitado. Sin embargo esta experiencia pertenece a Carolina, mi pareja, ella sufre constantemente de acoso callejero, episodios en los cuales he estado presente mas de alguna vez.

        Esta vivencia específica ocurrió camino a casa una tarde calurosa en Santiago, Carolina ya había recibido comentarios de carácter sexista  en lo que había transcurrido de día debido a la ropa ligera que llevaba producto del clima. Ya a una micro de llegar a su hogar, en la misma locomoción, ella nuevamente recibe comentarios indeseables en contra su persona, ya colapsada e irritada ella  decide contestar ya no de buena manera contra esta persona. En fin, el problema real no fue ese, al bajar de la micro ya pasado este episodio se da cuenta que un hombre (otro distinto al anterior) venía siguiéndola, ella nerviosa apura el paso para llegar a su casa, lamentablemente al llegar en lo que acudió al llamado de sus padres para que la recibieran, el hombre que venia tras ella ya había cometido el horroroso acto de tocarla, le había agarrado parte del su trasero de forma vulgar y sin vergüenza alguna, ya ardiendo en frustración ella decide enfrentar verbalmente al individuo, el cual responde  literalmente: ¨¿Que pasa embara culia?¨. Al ya no poder mas Carolina grita del pánico pudiendo alertar así a sus padres y vecinos. El acosador simplemente se dio  la fuga.

     Es increíble que mujeres sigan pasando por estos episodios, que no puedas salir tranquilas a la calle, que vivan con el miedo y acoso constante de este tipo de hombres. Siento su impotencia, que ya no se vista ligera a pesar de que hagan 35 grados de calor, que salga con miedo a las calles, y yo... que a pesar que no sufrí tanto como ella, la frustración que tengo de no haber podido estado allí para ayudarla. Probablemente este hombre fue provocado  por la respuesta de Carolina ante el hombre que la acoso en la micro. Es increíble que hombres sigan viendo como objetos a las mujeres, que crean que solo tienen utilidad y no se pueden negar a esto, que no tienen derecho ni voto alguno, necios lo hombres que aún piensan así... que aún viven así...

Sexismo en el restaurant

Hace un par de días atrás ,me encontraba en un conocido local de comida en Santiago centro; "Dieciocho", yo estaba ahí como un cliente más , al igual que mis amigos. Recuerdo haber tomado una gaseosa "Pepsi" , y haber comido las tradicionales papas fritas, nos sentamos en la mesa más próxima donde se pagaba, luego de comer, nos quedamos conversando un rato acerca del fin de semana , mientras que salían algunos que otros chistes. Mientras tanto , llegaba más gente al local, era grande, deben haber habido como 30 personas, puede que hayan habido más hombres que mujeres en ese momento, de pronto observamos que una pareja se acerca a comprar ; "Juan" y "Paty", estos eran adultos jóvenes , de 25 años aproximadamente ,  ambos pidieron productos de comida rápida ,al momento de cancelar , "Paty" paga la cuenta, de pronto varios hombres que se encontraban en la barra se ponen a reír, algunos de ellos molestan a "Juan" sin ni siquiera conocerlo ; mencionaban, ¡manda colaless ! , ¡estay caballero! , incluso meseros y trabajadores, que estaban en el lugar estaban riendo.  "Juan" se queda callado, mira a algunos sujetos que lo estaban molestando ,y se dice : - A ella le tocaba invitar hoy , tras eso se pone a reír con los demás sujetos, mientras que "Paty" , se avergonzó un poco por la situación ocurrida, se puso algo nerviosa, y abrazo a "Juan".  Luego del suceso, la joven pareja, comieron y bebieron como si nada hubiese pasado. Mientras que las demás personas siguieron comentando el suceso ocurrido, una señor de edad avanza, cómo de 70 años, le menciona a su mujer de edad similar; - ¿Cuándo hay tenido que pagar alguna cuenta tu ?. La mujer de edad sin tener nada que decir, siguió comiendo.

Discusión callejera

En el año 2012 me fui a vivir a Valparaíso ya que ahí estudiaría mi primera carrera universitaria. La casa donde arrendaba estaba ubicada en el centro de la ciudad, por lo que a diario debía lidiar con mucha gente y situaciones variadas. Un día cuando estaba esperando la micro, en donde solo tenía que caminar una cuadra para llegar al paradero, empecé a escuchar una discusión entre una pareja heterosexual, a la cual en una primera instancia no le tomé atención, la discusión seguía pero de manera “normal”, para mí era una discusión más dentro de tantas que se dan en la ciudad pero dentro de un rato el tono de voz de una de las partes poco a poco comenzaba a elevarse llamando así mi atención y la de la gente que estaba alrededor, el alzamiento de voz era de parte de la mujer hacia el hombre. Pocas personas se habían percatado de la pelea, pero fue atrayendo más adeptos en medida que los retos hacia el varón eran más fuerte, las personas en un principio solo observaban, pero cuando la mujer empezó con unos empujones leves algunos transeúntes que pasaban por ahí comenzaron sonreír, causándole gracia la situación, unos veían la escena por unos instantes y se marchaban, otros se quedaban pero nadie hizo nada, nadie intervino, solo veían la cómica situación como si fuera parte de un sketch de humor. El hombre estaba un poco borracho con la mirada perdida y escuchando.

Al final ya cuando el hombre hizo caso de los retos de la mujer, este agachó la mirada, tomó unas bolsas que había dejado caer  y siguió las ordenes de su pareja que le ordenaban irse en una determinada dirección, después de esto, ya cuando la pareja comenzaba a retirarse del lugar, unos comerciantes que habían presenciado gran parte de la discusión empezaron a gritarle, silbar, mofarse del hombre, mientras que en última instancia a brindar un pequeño aplauso, mientras unos gritaban “¡muy bien! ¡Así se hace! Alguien comentaba en voz alta “ella tiene bien puesto los pantalones” en referencia a la mujer. Unos minutos después y ya cuando el tumulto generado por la discusión se había disipado, la gente del paradero seguía comentando la situación aun en medio de risas, la escena de cierta forma les alegró el día. 

Sexismo Religioso


Vengo de una familia que no se caracteriza por ser conservadora, no esta ligada al tradicionalismo que se puede observar en las familias típicas que caracterizan a la sociedad chilena de hace unos años (que aún se pueden encontrar, pero con menor frecuencia), ni tampoco machista o sexista - lo cual no significa que no puedan ocurrir ciertas prácticas de este tipo de vez en cuando -, pero si se pueden encontrar en mi familia integrantes que practican algún tipo de religión, específicamente mi padre y hermana mayor, los cuales pertenecen a Los testigos de Jehová y a una iglesia evangélica cristiana, respectivamente.

Es muy frecuente y visible que en el mundo religioso - y no solo en el, si no también en el laboral - se puede observar fuertemente el como el hombre es el que ocupa los cargos de autoridad, dando origen a una jerarquización de género en el espacio religioso. Esto lo puedo respaldar con los cargos que ocupa mi padre y mi hermana, los cuales contrastan completamente, y que son observables en ambas religiones.

Por un lado mi padre ocupa un cargo de alto rango dentro de su religión, siendo un anciano, los cuales cumplen funciones esenciales para el funcionamiento de esta religión. Lo que más llama la atención es que tal cargo solo puede ser ocupado por hombres, los cuales toman las decisiones más importantes. Por el otro lado mi hermana no cumple ninguna función que sea realmente relevante para su iglesia, y que la persona que siempre esta en la parte más alta de esta es el pastor, el cual siempre es de genero masculino. Estos dos ejemplos nos podrían ayudar a observar cómo se pueden observar conductas sexistas en el carácter religioso, lo cual me genera una pregunta.

¿Por qué las mujeres no son vistas como personas capaces de ocupar un cargo de autoridad de carácter religioso?

24 de marzo de 2015

PASEO POR LA TARDE




Cuando era más niña acostumbraba ir caminando al centro comercial que queda cerca de mi casa. Un día, iba con mi amiga  a cambiar unos zapatos y nos fuimos caminando por el bandejon central de Av. La Florida. De ida los autos nos tocaban la bocina y nos gritaban cosas, más bien los hombres que iban en ellos, las cosas que nos decían eran los conocidos “churros” o piropos que hoy en día están siendo muy cuestionados como violencia hacia la mujer, en fin. El evento más claro, considero yo, de sexismo que experimentamos esa tarde ocurrió cuando veníamos de vuelta. Íbamos muy tranquilas caminando por el mismo lugar, cuando a lo lejos se escucha que viene un auto con música muy fuerte y, cuando volteo para ver que sucedía, uno de los sujetos que iban dentro del vehículo tenía la mitad de cuerpo afuera y  el brazo estirado con la mano abierta y mirándome fijamente. Él me quería tocar, en estricto rigor, podría asegurar que su intención era tocar mi trasero, a lo que por su puesto yo no iba a acceder, así que me corrí inmediatamente y advertí a mi amiga. En el instante nos enojamos y le comenzamos a gritar cosas a los sujetos mientras se alejaban. Una de las cosas que llamo mi atención fue la cara del tipo, era una sonrisa de oreja a oreja, no sé que se le habrá pasado por la mente en ese momento, sinceramente creo que nada. Porque pondría las manos al fuego a que a ese hombre no le gustaría que le hicieran eso a su madre, hermana, esposa, hija o mujer a la que le tuviera algún tipo de cariño y/o respeto.


El viaje en sí, estuvo lleno de situaciones sexistas, en donde los hombres, por algún motivo, sentían que tenían dominio sobre las mujeres o creían que nos gustaba sentir esos piropos, que a todo esto nadie pidió, o que no sé, nos sentiríamos alagadas porque un montón de extraños nos hicieran notar que les gustábamos físicamente o algo por el estilo. Personalmente considero que este tipo de situaciones se tienen tan naturalizadas, a tal punto que cuando conté mi experiencia a otras mujeres, la juzgada fui yo por haberles contestado groserías. Me sentí confundida, no lograba entender como lo que yo acaba de vivir se había tergiversado, a tal punto, que yo termine actuando de una manera indebida, cuando quien intento agredirme jamás será cuestionado por sus actos y seguirá viéndolo como algo normal, y peor aún, como una gracia.

Una "niña" con oídos extraños al sexismo

La composición familiar de mi casa , es la unión de 2 matrimonios fallidos, donde la tónica de la convivencia es la adaptación de ambas partes, entregado una nueva formulación del vínculos afectivos. Transformando a la madre de mis convivientes  en mi madrastra, y mi padre en su padrastro.

La más pequeña de la casa de tan solo 12 años , en donde las hormonas  comienzan a manifestarse y que la pre-adolescencia  hace su aparición dicho por las personas de su alrededor, ha empezado a expresar las preguntas interesadas en su definición como persona, que salieron al aire en forma de palabras el sábado pasado.

Se encontraba jugando con su prima, de la misma  edad , forcejeando por una compresa de gel frió con la excusa de apalear el calor que sentían , por lo que se oye en el comedor la voz de su padrastro diciendo  " ¿Qué es lo que hacen? parecen dos niños jugando , esa no es forma de jugar para ustedes niñas" , logrando de forma inmediata que pararan y por acto seguido fueran a jugar a pintarse las uñas a un baño con el supuesto de que su comportamiento nuevo redimiera su posición de pequeñas mujeres de la edad que les correspondía según la comunicación del mensaje que se les había sido emitido.

En la hora de once , se sienta con sus uñas pintadas y maquillada , esperando hasta el final de la comida  para preguntar de el "¿por qué las niñas tenían que restringirse de hacer lo que ellas querían y jugar de la forma que les dicen , y a los niños no? , sí ella ya se sentía una mujer , y eso no cambiaba si jugaba a con los hombres o que no podía defenderse a golpes". Contestando esta vez mi madrastra , argumentando que las niñas no deben golpear ni participar en juegos de fuerza porque simplemente al ser una niña tenía que actuar de forma femenina y no violenta, adjuntando ejemplos concretos con el fin de convenserla, pero en efecto contrario provocó una discusión entre los padres e hijos. De esta manera una "personita" de 12 años en Chile, extrañada por lo que sus oídos escuchaba , vivió su pequeña lucha cotidiana por exponer sus ideas ante los demás en una tarde tranquila y familiar.


Luego de la fiesta en la casa de mi amiga, un grupo de conocidos constituido por siete personas nos quedamos a dormir, y al llegar la mañana cuando ya empiezan a pasar las micros lentamente ese grupo que era inicialmente de siete comienza a reducirse, ya que, cada cual desea llegar a su casa y dormir cómodamente en su cama para reponerse de la noche anterior, dando como resultado que yo fuera el único que se quedara para ayudar a ordenar y limpiar la casa en conjunto con mi amiga. 

Una vez comenzadas las tareas de orden y limpieza le pregunto en que la ayudo, ya sea barrer, lavar algunos vasos o simplemente juntar la basura, a lo cual ella me responde que barra. Acto seguido comienzo a barrer la casa hasta que me percato que ella me observa atentamente a como realizo esta labor, y ante eso pregunto: "Por qué me miras tanto" y ella responde: "Es que como eres hombre y vives solo con mujeres (por mi mamá y hermana) pensé que no hacías nada en la casa y que no sabías ni como tomar una escoba" a lo que respondí algo molesto "desde chico me enseñaron a ayudar en la casa y en que todos aportan en el aseo".

Ahora pienso como algo que estoy acostumbrado a hacer cada vez que se realiza el aseo en mi casa, para otra persona que viene de una familia  conservadora resulta tan impactante y como los modelos de lo masculino y femenino están tan marcados en las tareas domesticas, llegando incluso a reafirmar modelos machistas.

Educación sexista

 En Segundo medio, es hora de ir a mi gira de estudios, en donde todos con mucho entusiasmo disfrutábamos de las playas de Brasil. Es evidente que muchos y muchas quieren disfrutar al máximo éste viaje y yo por lo mismo me encargué de conocer a muchas personas y realidades diferentes a la mía. Un día, decidí ir a la pieza de amigos nuevos de otras ciudades y colegios de Chile. En ella había mucha gente, sin embargo todos eran hombres. Yo  sabía que estaba rompiendo las reglas,  es decir no salir desde una hora predeterminada de mi pieza, lo hice de todos modos. Cuando mi profesor me encontró en una pieza ajena, rompiendo las reglas que el había impuesto se enojó bastante, pero no debido a que yo había desafiado su autoridad sino que en realidad iba más allá de eso. El día después,  el profesor hace una reunión con todas las profesoras mujeres que nos habían acompañado,  él allí me dice que me tienen que devolver a Chile debido a que yo había estado en una pieza con muchos hombres y eso no correspondía, una mujer no debía tener tales actitudes. Yo en  cambio no creía eso, no sentía que estuviese mal haber estado conversando y escuchando música hasta tarde con otros hombres sino que más bien yo reconocía el error de no respetar las reglas que había aceptado al asistir a ese viaje. Mi profesor y mis dos profesoras me miran con cara de reproche, con cara de que el trasfondo de mi acto fuese moralmente incorrecto.  Proceden a llamar al director de mi colegio, todos me observan y hablan de mi como si fuese el peor ejemplo a seguir. ¿Qué hubiese pasado si fuera hombre?. El profesor jefe prontamente me manda a dormir a la pieza de las profesoras para que aprenda buenas actitudes, moralmente correctas por supuesto. Al llegar a Chile, me cancelan la matricula.
Yo creo que institucionalmente hubo una persecución contra mí, por diversos factores, tal vez, el hecho de que fui la excepción a la regla  fue un agravante, sin embargo nunca olvidaré la cara de mi profesor contándole a él resto de los padres, de mis compañeros, de mis profesores, haciendo pública una situación tan "engorrosa" para el. Puede ser que haya sido mala alumna, que haya tenido malas notas, que haya sido falta de respeto, que me haya dedicado a el movimiento estudiantil, pero el profesor y el resto de los profesores solo se dedicaron a discutir lo inmoral de el hecho de haber estado en una pieza con hombres, y no a mi falta de excelencia académica, no a mi falta de respeto, y no a mis características que me hacen ser persona, sino que a las diferencias que me hacen distinta a el hombre,  y que por tanto  me hacen ser mujer.
Luego de 12 años en el mismo colegio en una votación con todos los profesores del colegio, gané por tan solo un voto a mi favor. Allí descubrí que muchos hablan sobre entender al resto, sobre una enseñanza personalizada, sobre cambiar la educación desde todos sus paradigmas atrasados, pero no son capaces de entender que una mujer puede relacionarse con hombres y que esto no la convierte en prostituta. Que una mujer puede ser y relacionarse con su entorno como quiera, sin tener nada ni nadie que convencer ni satisfacer. Porque una mujer es libre en tanto ella se comprende como libre. Aún sigo esperando que ellos se arrepientan, que comprendan lo mal que me hicieron, lo mal que me dejaron frente al resto, lo innecesario que fueron sus comentarios, desagradables y malintencionados. Yo nunca pedí perdón por ser mujer, y tampoco lo haré. Tampoco por creer en lo que creo ni ser como soy, ni menos vivir en una sociedad sexista.

Me dijeron "poco hombre" por depilarme las piernas.

Cuando tenía 15 años y jugaba fútbol en las cadetes de Deportes Copiapó, usualmente yo solía depilarme las piernas constantemente todas las semanas por un tema de higiene y por prevenir una infección en caso de una herida expuesta o cualquier tipo de lesión, ya que los jugadores estamos muy expuesto a recibir patadas y ocasionarnos diversas lesiones. El tema es que un día me estaba depilando en mi casa, cuando llegó una tía muy cercana, mi madrina y ella me manifestó que ¿Cómo podía ser posible que un hombre pudiera estar depilándose cuando esa práctica era única y exclusivamente de las mujeres?, entonces de pronto yo le explique que era por un tema de higiene y que me servía para prevenir una infección en caso de tener una herida expuesta en cualquier zona de la pierna, de hecho le dije que si tenía la oportunidad de ver fútbol por la televisión que se fijara en los futbolistas profesionales que usualmente también se depilaban por el mismo motivo. Entonces en ese momento ella quedo sorprendida y me dijo que: “el hombre tiene que ser feo, peludo y hediondo”. Comentario que me pareció demasiado fuera de lugar y que en ese momento me hizo sentir la sensación de que al realizar ese tipo de práctica perdía un poco ese carácter de masculinidad que me caracterizaba. Es decir, del hecho de jugar al fútbol, un deporte de habilidad, de rapidez, destreza y rudeza, pasaba a ser “poco masculino” por el simple hecho de depilarme las piernas, por lo tanto, su comentario era totalmente sexista y apuntaba a identificar que ciertas prácticas, especialmente las que están estrechamente relacionadas con la belleza son exclusivamente de las mujeres, dejando al hombre, totalmente excluido casi sin opción de escoger si se quiere arreglar estéticamente. Más aún, me llamo la atención el hecho de que yo ya le había explicado que no era por un tema de estética, sino más bien por un tema de salubridad si así podemos llamarlo. Sin embargo, mi explicación no fue lo suficientemente significativa para cambiar su percepción acerca de esa práctica en particular, por lo que cual decidimos dejar de conversar ya que ella simplemente no lograba entender que un hombre se depilara, ni mucho menos dejaba la posibilidad abierta para que un hombre pudiera eventualmente preocuparse de su imagen personal, finalmente se retiró del lugar que estábamos conversando señalando en voz baja que esa práctica era de “poco hombre”. 

Almuerzo familiar

El viernes 6 de Marzo participé en la marcha por la conmemoración del día de la mujer trabajadora. Asistí con mi polola y dos amigos. La manifestación comenzó a eso de las 20:00 hrs y el punto de encuentro fue Plaza Italia para luego marchar por la Alameda.

Al domingo siguiente fui a un almuerzo familiar en la casa de  mi abuela materna, donde estaban mis tíos y mi familia compartiendo como es relativamente habitual. Luego de terminado el almuerzo salieron a colación los temas de la semana y entre ellos la marcha del día viernes. Todos comentaban y daban sus puntos de vista, unos de apoyo y otros que repudiaban la violencia de los manifestantes (cuando en verdad esta fue iniciada por carabineros en el sector del metro Los Héroes), se cuestionó el origen de esta fecha para luego entrar en la discusión de si es un día para celebrar o para conmemorar.
Luego de que se discutió  la validez de las principales demandas que levantan y reivindican estas marchas, dije que había asistido este año y que no era la primera vez, comenté que compartía la manera en que se plasmaban las demandas y que reivindicaba las luchas feministas que existen hoy por hoy.
 Ante esto, un hermano de mi mamá no podía comprender como un hombre podría participar de estas instancias, para él esto era un tema de mujeres única y exclusivamente, comentó que los hombres debían dedicarse a otros asuntos "más importantes", y no perder el tiempo en cosas así, todo en tono de broma, pero estoy seguro de que  lo piensa así. Luego de esto, mi hermano se sumó a sus comentarios para ironizar sobre el rol de la mujer en la sociedad, principalmente el mantenimiento del hogar, ante lo que mi madre y mi tía respondieron que estaba equivocado. La discusión se prolongo durante unos minutos entre mi hermano y mi madre pero no tuvo un carácter serio, sino entre broma y broma.

El almuerzo

Los fines de semana son los únicos días en que todos en la casa almorzamos juntos. Mi mamá y mi papá salen en la mañana, cada uno por separado a hacer sus cosas, ya sea ir a comprar o ir a cualquier parte. A veces mi papá llega antes que mi mamá, y si esta se comienza a demorar mucho, entonces empieza a reclamar que no está listo el almuerzo y que tiene hambre. Como soy el único que está a esa hora en la casa, me alega a mí que no son horas de almorzar, a lo cual yo le respondo que se haga él la comida o que valla a comer a otra parte. Se queda callado, me mira y se va a ver tele mientras espera a que mi mamá llegue. Cuando ella llega tarde, ya sabe que mi papá debe estar de mal humor y con hambre, pero le da lo mismo. Sin embargo hace la comida rápidamente y de paso comienzan a discutir porque él no hace nada para ayudarla con las tareas de la casa y ella tiene que hacerlo todo. Al rato están como si nada hubiera pasado y almorzamos de lo más normal del mundo, hasta con bromas; lo toman con total naturales.

Los dos ya están acostumbrados a ser así, tienen inculcado un estereotipo de género que probablemente fue transmitido por su entorno. La mujer dedicarse a las tareas domésticas y el hombre a ser servido por la mujer; lo cual es un claro ejemplo de sexismo.

Sexismo en el trabajo

Hace unos años atrás, trabajé en un call center en modalidad part-time. Para poder ser parte del equipo tuve que asistir a capacitaciones con un grupo de jóvenes que tenían aproximadamente la misma edad que yo. Cuando aprobé la capacitación, comencé a trabajar un día lunes en la tarde. Era verano, por lo cual decidí ir con un vestido, ya que dentro de las exigencias no era necesario presentarse a trabajar con ropa formal.
Recuerdo que marqué mi hora de llegada en el reloj control, ingresé a la sala , me senté en el puesto que me correspondía . Hasta ese momento aún no aparecía mi jefe, por lo que comencé a iniciar el sistema para recibir llamados. Luego de dos horas continuas de trabajo, me correspondía un break de 15 minutos.  Camine hacia la cafetería, compré un café y cigarros. Mientras caminaba por un pasillo para llegar a la sala de fumadores, un hombre de aproximadamente  40 años me miraba con insistencia. No  le tomé atención. Cuando llegué a la sala de fumadores él se sentó a mi lado y me preguntó : ¿ Tú eres Carmen Paz?, asistí con la cabeza un poco sorprendida, era mi primer día de trabajo y no conocía a nadie.
Se presentó, me dijo que era mi jefe. Me preguntó como me había sentido en mi primer día de trabajo, además de recordarme que era importante que fuera muy puntual, entre otras cosas. De pronto miró mis piernas, mi vestido y me planteó lo siguiente :" Tú y otra niña son las únicas mujeres que trabajan en la sección de atención del Servel…  Sí te has dado cuenta existen muchos hombres trabajando en tu misma sección por lo que te pediría que no vuelvas a venir con vestido...ya que tus compañeros podrían comenzar a molestar, a pensar cosas de ti, ellos deben mantenerse concentrados y lo más importante es que se dediquen a trabajar ". Se despidió de mí y se fue.

El asunto me dejó incómoda, si bien se podía ir con ropa informal me dejó claro que con short, vestidos y faldas por lo menos para una mujer no era adecuado. Obviamente para mí no tenía nada de malo, pero comencé cuestionarme en ese momento el largo de mi vestido , hasta llegué a pensar que fui desubicada en ir con vestido a mi trabajo, entre otras tantas cosas que circulaban en mi cabeza.Finalmente, a pesar de que era verano, comencé a ir con pantalones.Aquella situación la consideré muy injusta,  mis compañeros sí podían asistir con la ropa que quisieran y no morir de calor como lo hacía yo diariamente camino a mi trabajo.

Así con los roles de género en la familia ..

En mi infancia tuve una vida relativamente tranquila hasta que mis viejos se separaron, de ahí en adelante comenzaron una serie de cuestionamientos en torno a lo que se puede llamar familia, sobre todo porque mi mamá tenía una idea muy tradicional heredada de sus papás, creía en algo así como la mamá, el papá, los hijos y el perro … No por nada tuvo solo dos hijos y coincidentemente un hombre y una mujer, esta última porque le rogó a dios que así fuera.

El argumento de mi mamá, para explicar porqué se sentía tan mal por la separación, era que nunca podríamos ser una familia y que incluso nunca podríamos ser normales, esto porque hay actividades que solo le competen al padre y no a la madre, una de esas era mostrar/enseñar el mundo exterior, el que no es de la casa ni de los sentimientos porque para eso está la mamá. En definitiva, mi hermano y yo, por no tener a un papá viviendo en la casa pero sí presente, nunca podríamos desarrollarnos bien en todo lo que implica el mundo social puesto que no teníamos las herramientas para defendernos de este, lo que nos hacía vulnerables y volver a casa porque ese era el mundo más óptimo para aquellos que no tienen una familia y son solo personas que viven juntas. 
Esto me hizo crecer con un pensamiento errado sobre los roles que ocupan tanto hombres como mujeres dentro de la escena familiar y la idea de familia en sí mismas. En la actualidad puedo decir que esto cambió, de hecho creo que son totalmente intercambiables pese a lo que se considere socialmente correcto ya que la sociedad en su conjunto, a través de los medios de comunicación, división de género por carreras universitarias, sueldos inferiores para la mujer, etc. se encarga de reproducir esto como si fuese una ley.

Sexismo entre jóvenes

Hace un par de semanas me toco ir a una fiesta en donde nos reunimos mis compañeros de colegio. Es algo que no hacemos con mucha frecuencia, pero que cada cierto tiempo se da la instancia de hacerlo, y esta vez la mayoría fue con sus pololas. Yo llegue temprano, por lo que vi llegar a la mayoría de mis amigos, y en algunas ocasiones fui a abrir la puerta para que pudiesen entrar a la casa. En una de esas tantas idas y vueltas llego un compañero con su polola en un auto, al momento de bajarse mi amigo me vio y me fue a saludar de inmediato dejando a su polola la cual se estaba bajando del vehículo. Luego de saludarnos llega ella y le dice “Oye, qué onda! me dejaste botada, que poco caballero eres a veces.” A mí la verdad es que me causo un poco de risa, porque luego ella le murmuraba que siempre era atento con ella y ahora con los amigos no lo había sido, pero bueno la situación no tuvo más importancia que esa. Luego cuando ya todos habían llegado en un momento esa misma niña tuvo un conflicto con otro compañero, lo que fue bastante incómodo para todos. El punto es que en un momento de la discusión la niña le dice que era “poco varonil” porque el tiene un peinado no tradicional y se viste con muchos colores y ese tipo de cosas. En esa noche escuche 3 comentarios de ella a mi modo de ver sexistas, y la verdad es que en el rato que logre compartir con ella se notaba que era alguien muy conservadora, lo que a mi modo de ver hace que ella piense ese tipo de cosas y lance esos comentarios. Quería destacar esta historia porque fue una situación que no me había tocado vivir, y me quedo dando vueltas la noción que tiene ella de un hombre “caballero” y la hombría de un persona por su apariencia.

Conversaciones de sobremesa

Es común que en mi familia las conversaciones de sobremesa terminen en discusiones acaloradas que vayan matizándose hasta convertirse en un griterío de ideales u opiniones sobretodo entre mi hermano y mi padrastro. Ese día no fue diferente.
Mientras más se prolongaba la conversación entre yo, mi madre y los dos hombres de mi familia, la se volvía más agresiva, para cuando eran más gritos que conversación, ninguno de los dos quería ceder sobre su punto de vista, algo también recurrente, yo aportaba a quien me parecía tenia la razón o mejores argumentos, sin embargo, cuando ya pasa de ser una conversación normal a una discusión poco productiva, es difícil que escuchen lo que el otro tiene que decir.
Mi madre por supuesto, fue la primera en darse cuenta de que todo eso terminaría en una pelea y fue la primera en quedarse callada, mandó a mi hermana menor —quien al ser tan joven se asustaba y aburría más de lo que estaba interesada en participar — a su dormitorio. 
La discusión no parecía que terminaría pronto y al estar todos más o menos acostumbrados a ese tipo de conversación, nadie pareció darle importancia hasta que tanto mi hermano como mi padre se tomaron los comentarios del uno y del otro de forma personal, lo que sólo los hizo enojar más. Como estaba acostumbrada a sus arranques de ira, seguí con la conversación de forma natural, hasta que mi madre me tomó el brazo y me dijo a modo de enseñanza: “Javiera, deja de discutir, nuestro trabajo ahora como mujeres es contener la situación, una tiene que saber cuando hacerse a un lado para que las cosas no se salgan de control”. Estaba claro ella no esperaba que su comentario me indignara y cuando se lo hice saber, respondió muy segura: “Cuando tengas una familia y un marido vas a entender… tienes que aprender a contener a tu familia”.  
Terminó en una discusión entre ella y yo tan pronto escuché lo que me tenía que decir,  la que terminó con mi padre exigiendo que respetara a mi madre y con mi hermano mayor ofuscado por la situación al final, retirándonos todos de la mesa.

El trome

El otro día iba en el metro estación los Heroes, y pare la oreja para escuchar la conversación de dos mujeres que iban al lado mío. Ellas tenían entre 20-24 años, lo interesante de la conversación es que una le proponía a la otra que los hijos siempre van a estar en mayor consonancia con sus madres y las hijas siempre encontraran una consonancia en sus padres, a grandes rasgos su conversación encerraba la creencia de la complementación hombre-mujer, en palabras de ellas, el hombre necesita a una mujer ya sea madre o pareja, y a la inversa en la mujer, o sea en conclusión su complemento perfecto.
Dicho lo anterior, pensé, por qué debe existir una complementación entre hombre y mujer?, acaso no puede existir un complemento mujer-mujer u hombre-hombre, en tanto relación de pareja?. Pienso que este tipo de ideas de la complementación hombre-mujer cierra la puerta a otros tipos de relaciones de pareja que escapan a este, por lo cual legitima que sea poco apropiado una relación de pareja de hombre-hombre o mujer-mujer ya que se rompe con la la concepción del complemento entre lo femenino y lo masculino. Creo que aún se puede llegar mas allá dentro de este tema, con una concepción de con quien debe formar pareja y que se espera de un hombre y una mujer, roles que cierran el paso a una libre elección de parte de los actores, los cuales debería basar su elección en el amor y atracción mas que en lo que se espera de cada uno.

Mis propios compañeros de sociología

La semana pasada me encontraba esperando entrar a clases junto a algunos amigos de sociología. Estábamos discutiendo acerca de los métodos anticonceptivos y su porcentaje de eficacia, yo comenté lo muy necesario que ha sido para mí tener muy claro las fechas de mi ciclo para calcular mi periodo de ovulación y menstruación. Un amigo se ríe y le relata al resto una anécdota que habíamos vivido los dos el año anterior.

Estaba un día sentada fuera de la universidad, cuando mi amigo llega muy preocupado a contarme que la mujer con la que estaba teniendo relaciones sexuales estaba con un atraso de diez días en su periodo. Comencé a hacerle una serie de preguntas ¿es regular en su periodo normalmente? ¿cuándo fue la fecha de su ultima menstruación? ¿en qué fecha estuvieron juntos? Con el fin de crear un calendario en un cuaderno para que se quedara más tranquilo antes de que ella se hiciera un test de embarazo. Tanto  mi precario calendario como en el test de embarazo dieron el mismo resultado: no había embarazo, esta noticia alivio mucho la preocupación de mi amigo.

Mis compañeros encontraron divertida la anécdota y le preguntaron a mi amigo si es que ella estaba tomando pastillas anticonceptivas. La respuesta fue que no, y comenzaron a caer una lluvia de críticas hacia la mujer, la calificaron como "irresponsable", "caliente", "tonta", etc.

Hasta que intervine y comente que mi amigo tampoco se había cuidado y que él era igual de responsable que ella de lo que había sucedido, todos se rieron y me dieron la razón entre bromas.

Pero me quede pensando acerca de la primera respuesta que dieron, al hacer responsable únicamente a la mujer de la prevención de un embarazo y reflexioné acerca de la forma en que la calificaron. Según esta lógica, la mujer es la única responsable de un embarazo no deseado, ya que ella al dejar de ser racional y "responsable" pasa a ser "caliente" al dejarse seducir por un hombre  (que por naturaleza es "caliente" e "irresponsable" y no se lo culpa de ello).

Toda está situación me pareció sumamente sexista y a decir verdad me sentí bastante irritada con su reacción. Me llamo poderosamente la atención la naturalidad con la que contestaron mis propios amigos de sociología ante una situación de este tipo.

Una mano loca

Era un día de semana normal de Marzo, por lo cual el transporte público estaba lleno.
Iba a juntarme a almorzar con mi polola, ya que no tenía clases ese día. Ella tenía que ir a ver su mamá que trabaja en el tribunal electoral, en el metro Santa Ana. Como siempre, me dijo que odiaba el metro en la mañana, que siempre está lleno y hay "viejos verdes" que la miran. Le contesté que se quedara tranquila, que no pasaría nada.

Pero no fue de ese modo. En un principio, hablábamos por Whats App, me dijo que el metro iba lleno, que hacía un calor horrible y que quería llegar rápido.
En ese entonces, yo le seguía hablando hasta que escribió: "Me pasó algo horrible" y dejamos de hablar, no se volvió a conectar en la conocida aplicación.

Llegó entonces la hora de almuerzo, nos juntamos en su departamento. Llegó con una cara de impotencia, rabia y no entendía porque. Por lo que le pregunté: ¿Pasó algo? a lo que contestó, "Me tocaron el poto"* Dijo que se dio vuelta a ver quien había sido, pero todos los hombres y mujeres mostraban indiferencia. Había sido una mano loca, invisible. En cuanto exclamó esas palabras me quedé helado, le empecé a preguntar si estaba bien. En ese momento, me invadió una rabia e impotencia increíble.
Nunca antes había vivido algo así, muchas veces le gritaban a mis amigas en la calle. Yo me reía y lo encontraba chistoso, hasta que vi a mi polola tan enojada y frustrada. Desde ese momento, comencé a aborrecer todo lo que tuviera que ver con el acoso callejero.

Después de lo sucedido le dije que fuéramos a almorzar a algún lado, pero teníamos que tomar metro. Ella se negó, no quería volver. Le dije que estaba yo, que yo iba a cubrirla si quería. Ella, al otro día le comentó esto a sus amigas y muchas de ellas habían tenido experiencias similares, les habían gritado o acosado con la mirada.
Así vi como el miedo se va reproduciendo, como las mujeres al contar sus experiencias cada vez sienten menos ganas de usar el transporte público, pasar por afuera de una construcción, un partido de fútbol o cualquier evento que reúna a hombres en una masa, donde pueda ser difícil identificarlos o ponerlos en vergüenza.


*La frase "tocar el poto" significa "tocar el trasero" en Chile. Fue usada explícitamente por mi polola

'Sexismo y revolución estudiantil'


Toda mi etapa escolar la viví en un colegio de mujeres, desde segundo básico hasta cuarto medio. Allí trabajaban únicamente mujeres. Es por esto, que recuerdo que en las salas de clases, es decir, entre pares, abundaban comentarios que fomentaban una actitud relajada y liberal respecto al comportamiento que debíamos tener. Sin embargo, las profesoras, auxiliares y la directora del establecimiento nos inculcaban una y otra vez que debíamos mantener una conducta ejemplar que demostrara que dentro y fuera del liceo eramos señoritas. De esta manera, recuerdo que dentro del período que cursé tercero y cuarto medio, es decir, 2011 y 2012 respectivamente, fue el apogeo de la revolución estudiantil. Nosotras como estudiantes involucradas en los constantes debates sobre la educación decidimos participar y apoyar las diversas manifestaciones estudiantiles, por tanto, uno de nuestros actos que mostrarán el descontento que sentíamos fue tomarnos el liceo. Recuerdo que dentro de todas las acciones que realizamos en el colegio, la toma del establecimiento fue particularmente enjuiciada por la directiva y los apoderados del liceo. No obstante, la mayoría de los criticas negativas que evocaban los que estaban en contra de esta manifestación no eran del tipo "dedíquense a estudiar" o "están equivocadas en su actuar" sino más bien aludían a comentarios del tipo sexista, es decir, "las señoritas no participan en temas de intereses públicos" o "si no quieren estudiar mejor quédense en la cocina". Atónitas por los argumentos planteados por la oposición, decidimos convocar a una reunión en donde todas las personas que formaban parte del liceo pudieran expresar su opinión. Fue en ese instante en que, conversando con los docentes, nos plantearon que "ser señoritas era permanecer al margen de este tipo de problemática social, ya que, una dama debía acatar lo que le era impuesto, y por al contrario, los varones eran los que debían luchar por tratar de reformar las desigualdades de la sociedad". 

Discriminación de género en el trabajo.

Este verano, en enero, estaba en búsqueda de un trabajo part-time como garzona en algún restaurant o cafetería, etc. Fue cuando vi un aviso por Facebook en donde solicitaban personas part-time en el Restaurant Mamut, en Los Andes (ciudad donde vivo). Envié curriculum al e-mail que señalaban y al día siguiente me llamaron para asistir a una entrevista de trabajo. Cuando llegué, me atendió el administrador del local, me preguntó cosas puntuales como mi experiencia en el área, edad, estudios, etc., y me citó a una segunda entrevista, esta vez con la encargada de recursos humanos. Al día siguiente, cuando llegué nuevamente al local, estaba la encargada de contratar a las personas. Ella me realizó varias preguntas y una super puntual: ¿tú tienes hijos?- a lo que respondí- Sí, tengo un hijo. Ella me pregunta: ¿qué edad tiene?- yo respondí- tiene 6 años. Hubo un silencio sumamente incómodo y ella con una cara como lamentándose me dice: “Sabes que aquí no contratamos mujeres jóvenes con hijos porque siempre tienen dramas con los niños, nunca tienen quién los cuide, siempre llegan tarde, no cumplen bien las tareas, etc”. Yo respondí que cómo podía ser posible que me dijeran eso en ese momento, me habían hecho perder tiempo yendo a entrevistas, debieron pedir requisitos antes de que cualquier persona postule y así le evitan malos ratos y comentarios despectivos. Me respondió que así era la política del local y no había nada más que hacer. Me retiré indignada y lamentándome cómo podía ser posible que aún exista discriminación hacia la mujer solo por el hecho de tener un hijo. Se nos niega la oportunidad de trabajar y, esos prejuicios no son necesariamente ciertos.

Sexismo en la familia

El pasado fin de semana, exactamente el sábado, con toda la familia que incluye abuelos, tíos, tíos abuelos, primos, nietos y bis nietos, se decidió celebrar el cumpleaños de un tío abuelo en su casa, que queda ubicada en el Cajón del Maipo.
Mientras transcurría el día, después de que todos almorzamos, los hombres de la familia decidieron que bajarían a la plaza de San José de Maipo (ya que estábamos en una casa que está en subida) a comprar cervezas, para luego traerlas a la casa. Finalmente se quedaron a tomarlas en algún bar del lugar.
Así entonces, se dio la situación de que los hombres por su lado, fueron todos juntos en busca de las cervezas, aprovechando de ver también el partido de Colo Colo con Unión La Calera. Mientras que las mujeres de la familia, incluyéndome, nos quedamos en la casa conversando. En el caso de las que tienen hijos pequeños desde meses de edad hasta 4 años, se quedaron cuidándolos, viéndose en muchos momentos complicadas, ya que tocaba que algunas tenían más de un hijo de corta edad, que requería más manos que solo las de la madre, teniendo las demás  (mi abuela, mi tía abuela, mi mamá y yo) que acudir a  entretener también a algunos de los niños.
Al llegar la tarde-noche, llegó la hora de tomar once. En la casa solo estábamos las mujeres, los niños y unos tíos abuelos que habían llegado junto con un primo. Nos encontrábamos entonces, todos sentados en el patio, cuando una prima dice que ya es hora de tomar once, que ya tenía mucha hambre, por lo que una tía abuela comienza a contar  a todas las mujeres que nos encontrábamos ahí, saltándose de contar muy notoriamente a los hombres, diciendo - A mí no me digan nada, hay ocho mujeres más aquí que pueden poner la mesa.
Luego de esto, mi prima le dice - Aquí hay más gente, le faltó contar a algunos- haciendo referencia a mis tíos y primo que ahí estaban y que se habían salvado de ser contados para  "poner la mesa".

Post

Este suceso lo presencie hace algún tiempo, donde no le di el sentido que le veo ahora, ya que no era critico o consciente de las practicas sexistas que se viven cotidianamente en la sociedad actual.
El asunto es que estaba en una tienda de zapatillas donde había una familia de un padre y dos hijos, una niña de unos aproximadamente 7 años y un niño de unos 10. Ellos estaban viendo zapatos de fútbol para el niño y escuche de pasada que la niña también quería jugar fútbol y que quería zapatos también, casi al borde del pataleo y escucho decirle al padre medio enojado por la insistencia de la hija, que los zapatos eran solo para niños por que ellos jugaban fútbol y no era para las niñas.  La niña media confundida y enojada le insistía sin éxito por lo que alcancé a ver.
Así como esto pienso que deben haber otros casos de padres que limitan a sus hijos o hijas, por la actividad que quieran desarrollar, por lo que infiero que ese mismo señor le habría negado a su hijo practicar ballet, al asumir que hay deportes o actividades para niños o para niñas por separado.

Sexismo en la cotidianeidad

Hace algún tiempo, tuve la oportunidad de reunirme y conversar con un conocido. Dentro de nuestra conversación, me pude percatar que en reiteradas ocasiones se repetían términos aludiendo a la diferencia de género. Me llamó la atención un comentario relacionado a una película, donde, para hacer alusión a que esta era más emotiva, se dijo que era una película de ‘’mina’’. Personalmente, no tenía idea de que existían películas para mujeres y para hombres. Me parece que no tiene ninguna fundamentación real y solo se basa en prejuicios arraigados en el colectivo, que reproducen la existencia de roles que deben cumplir las personas, lo que lleva a determinar ciertas diferencias de género que tienden a convertirse en tipos de discriminación.

Del mismo modo y mientras transcurría el tiempo, fuimos a comprar algo para seguir compartiendo. Al momento de pagar, iba a ser yo la que iba a invitar, pero me rechazaron esta invitación con un gesto que dio a entender que yo no podía hacerlo, desaprobando mi actitud e iniciativa. Ciertamente, actitudes como esa solo me da para pensar que el hombre maneja y tiene control del dinero y por lo tanto el poder de tomar decisiones, es el que invita a la mujer, sin embargo, esto es mal visto si está en manos de ella, ya que no es el rol, ni función que le compete socialmente; como pasó en mi caso.

Después de lo que sucedió, le comenté a mi conocido lo que opinaba al respecto. Si bien lo tomó con humor, iniciando bromas al respecto, estas ideas no dejan de ser, puesto que muchas  veces pasan inadvertidas en nuestra cotidianeidad. Se debe hacer el ejercicio consiente para darnos cuenta de las diferencias que marcamos día a día entre hombres y mujeres en cuanto a lo que pueden y no pueden ser  y hacer.

Cinematografía e interpretación

Hace unos días, tuve la oportunidad de mirar dos cortometrajes en la red: "The order of things" (2010) dirigido por César y José Alenda (España), y “Mayoría oprimida” de Eléonore Pourrat (Francia) donde en ambos se interpreta las relaciones de género de manera muy interesante. En el primer caso, la figura de la mujer está ;como sugerentemente nos dice el título del corto; sometida al orden de las cosas (de manera que está subordinada a la figura del ‘padre de  familia’, y es ella quien tiene el control del grupo familiar por su figura de madre) y lo interesante aquí tiene que ver con que la única "salida" de la madre respecto a sus restricciones es la muerte.

En el segundo caso, la directora centra su obra en el cambio de roles de género, centrándose en la vida del hombre-madre y buscando recalcar la sensibilidad que tendrían las mujeres según esta visión de la femineidad. Ocurre dentro del relato cinematográfico, un hecho de violencia en contra de este hombre-madre y al final se muestra a su cónyuge como una mujer (en este caso representando el rol del padre-jefe de familia) de cierto éxito laboral y por consiguiente económico, suponiendo entonces que este cortometraje impone una sociedad “hembrista” y es culpa de este hombre-madre pues como su pareja le dice: provocó a sus atacantes (que era un grupo de mujeres vestidas característicamente en representación de “grupos violentos”) por vestirse de manera inadecuada.    

En ambos casos, vemos que el drama (en el primer corto) y la sátira (en el segundo) como formas de representación en la cinematografía y propiamente parte de un género, implican que las relaciones de géneros son interpretadas de diversas formas, y que en el caso de este tipo de manifestaciones culturales, se pueden dar muchas ejemplificaciones e ideas, pues se está sujeto al argumento de los/as directores/as. En conclusión (y como parte del ejercicio que nos convoca aquí) no sólo tenemos prácticas cotidianas que reproducen roles de géneros definiendo y asumiendo lo masculino y lo femenino como algo estático, sino que existen también estas expresiones que ponen de manifiesto (aunque como forma de producción cultural y abierto a interpretaciones subjetivas del público que observa) las relaciones de las personas desde su comportamiento en el género.   

Discriminacion en la custodia.

Contare la experiencia de un conocido de la familia, él vivía con su pareja cuando quedaron esperando una bebe sin haberla planeado, cuando la niña cumplía alrededor de 1 año su pareja decidió que no se haría cargo de su hija y los abandono. El siguió adelante y logro sacar sus estudios universitarios, luego de unos años la madre de la niña volvió diciendo que cuidaría ella a su hija y sin previo aviso se la quitó respaldada por los sistemas judiciales solo por el hecho de que era la madre sin pensar en la estabilidad y el bien de la pequeña, el comenzó con un proceso judicial para poder quedarse con la custodia de la niña pero debió probar que era apto para el cuidado de su hija  a pesar de haberse hecho cargo desde el momento en que nació y haberla sacado adelante solo, el nunca agredió de ninguna forma a su hija y siempre se hizo cargo de todos los aspectos de su vida y aun así se la quitaron por el solo hecho de que socialmente la madre estaba más capacitada para quedarse al cuidado de la niña, esta es una actitud sexista tanto para el hombre como para la mujer, socialmente se le atribuye el cuidado de los hijos a la madre y se produce un desequilibrio al momento de la custodia dándole menos posibilidades al padre de quedarse con ella. Luego del proceso correspondiente él pudo seguir con su hija y actualmente aun la esta cuidando pero aun así recuerda la experiencia recalcando que cuando se la quitaron todo estaba en su contra, sabía que ella tenía más posibilidades de quedarse con la custodia y que a pesar de que actualmente se trata de no tener en consideración si es el padre o la madre sigue pensando que el sistema judicial privilegia la parte maternal al cuidado de los hijos.

"Me lancé"

BLOG 1. " Me Lancé "
Día viernes y sumado a ello es el cumpleaños de un amigo, motivos para festejar sobran. Nos reunimos en un departamento cercano a la intersección de Irarrázaval con Manuel Montt, todo se desarrollaba conforme a mis expectativas, hasta que el stock de bebidas se acabó por lo que tuvimos que dirigirnos a la botillería más cercana para abastecernos. Llegamos a la botillería que lleva por nombre: "Me Lancé" y que ofrece una imagen publicitaria bastante particular para atraer a sus clientes .
Es la imagen de una silueta de mujer extremadamente sexy,  estereotipada y desnuda dentro de una apetitosa copa de alcohol. Probablemente fui la única que lo noté, el resto de mis amigos iba con un objetivo claro y puntual. Y no lo menciono en un tono de superioridad intelectual - por el hecho de analizar la publicidad- sino muy por el contrario, por significar para mí una experiencia de violencia de género.
"Me lancé" ... ¿A qué? ¿Me lancé al alcohol y con ello a las mujeres?, por cierto vistas como un objeto sexual y al parecer estar relacionadas estrechamente con el alcohol.  O más bien yo diría "Me lancé...a perpetuar el sexismo".
La caricatura de esta mujer desnuda, con la silueta prototipo que el mercado entrega respecto a los cánones de belleza socialmente aceptados, insinúa a un público -especialmente masculino- a que al comprar y consumir bebidas alcohólicas también están comprando las mujeres que aparecen en la publicidad.
Todo esto pasaba por mi cabeza mientras nos encontrábamos en tal lugar, además de planear la forma en que pondría sobre la mesa el tema al momento de retornar al departamento. Una experiencia sexista que si bien no fue directa, me llevó a reflexionar respecto a los múltiples detalles de nuestra vida cotidiana en donde se alude de forma despectiva a la mujer.


Sexismo en fiestas juveniles.

En Marzo del año 2013, asistí a una fiesta en mi comuna llamada “Electro Summer”, la cual comenzó a eso de las 5 pm. 
Al llegar la noche, la fiesta fue prendiendo cada vez más y entre medio de toda la gente era usual ver mujeres que se subían a los hombros de sus amigos, en eso un amigo me tomo también en sus hombros, todo bien hasta que en un momento sentí que me agarraron el trasero, y por suerte alcancé a ver quién había sido, me dio tanta impotencia que me baje rápidamente de los hombros de mi amigo y comencé a pegarle patadas al tipo que me había tocado, le gritaba que qué se creía, mientras el me negaba en todo momento haber sido él, se excusaba de que había sido otra persona, pero yo estaba segura de que había sido él, por lo que no desistí de mi acción, mientras eso pasaba mis amigos trataban de controlarme en medio de toda la gente, y por otro lado, los amigos del tipo (todos hombres) se reían de su amigo al ver que una mujer lo estaba golpeando, finalmente él se alejó de mi entre la gente y no lo vi más. 
Hasta ese momento, no había pasado lo que más me llamó la atención en esa instancia, resulta que uno de mis amigos me saco de la multitud y me comenzó a decir que no tenía que hacer algo así, que podía provocar peleas mayores, y no era necesario ya que lo que había pasado era algo “normal” que se daba en ese tipo de ambientes, yo, muy confundida le decía cómo quieres que me quede sin hacer nada, es insoportable que piensen que pueden aprovecharse de andar tocando mujeres por el hecho de ser una fiesta. En esa discusión, finalmente no llegamos a acuerdo, ya que él tenía tan naturalizado que las mujeres se dejaran pasar a llevar así en ese tipo de fiestas que no veía lo que estaba sucediendo, para él lo importante era no hacer problemas por “tonteras”.

Hasta el día de hoy, me siento orgullosa de alguna manera de haberme defendido de esa manera, ya que creo que en otro ambiente, por ejemplo, caminando por la calle, o en el metro/micro, si me pasara algo así, quizás no sería capaz de reaccionar así por vergüenza o miedo a que me hagan algo, al menos en aquella ocasión que acabo de narrar, me conformo con que el tipo quedo en vergüenza delante de sus amigos por ser enfrentado por una mujer y quedarse sin nada que decir, espero que al menos le sirva para pensarlo dos veces antes de volver a hacerle eso a alguien.

Sexismo protocolar

Hace unos días conversaba con mi polola, quien es estudiante de Relaciones Públicas Corporativas, acerca de los temas que ella estaba viendo en la universidad. Me contó que tiene un ramo de protocolo y comenzó  a leerme parte de un texto llamado “Manual básico de protocolo empresarial y social”, el cual contiene los pasos que se deben seguir en reuniones importantes con altos cargos como empresarios, presidentes, reyes e incluso en la vida cotidiana. Mientras continuaba la lectura, llegó a  un capítulo que se titulaba “La mujer y la indumentaria”, solo al escuchar el nombre del capítulo supe que debía prestar atención. Se trataba de una parte del libro dedicada e explicar cómo se tiene que vestir y ver una mujer, con frases como “Eviten usar minifalda o escote. A lo mejor quiere llamar la atención, pero debe recordar que la vida profesional continua y su imagen puede desmerecerse”, otra que dice “Si la reunión es muy importante, no dude en solicitar un maquillaje profesional” o “Con respecto a las uñas, fijarse antes de salir que el barniz no este pelado y que el esmalte este parejo”. Luego de leer esto, mi polola me dice “cómo es posible que sea tan importante la imagen y no las capacidades para poder dedicarse a este ámbito”. La verdad es que en cierto sentido para muchos es normal que seguir estos pasos para tener éxito en el trabajo, pero también  cualquiera  puede ver que incluso en libros dedicados a educar a profesionales se tiende a ocupar una imagen estereotipada de la mujer, como ejemplo de prolijidad, buenas costumbres, sobriedad y al mismo tiempo nos damos cuenta de que toda esa imagen que se quiere mostrar, no es más que una imagen instaurada por el paternalismo que se evidencia en las relaciones laborales, donde se busca una mujer “ideal” que cumpla con los requisitos solicitados para que  no tengan problemas al entrar a un mundo del trabajo dominado por hombres, que no integra, sino que solo crea distinciones.

Discriminación dentro de Actividades recreativas y/o deportivas

Como experiencia personal en discriminación sexista (como testigo de esta) haré referencia a un hecho ocurrido años atrás en mis tiempos de escolar, algo mas o menos como cuando yo iba en séptimo u octavo básico en un día de la danza el cual el colegio lo celebra de manera regular (año a año) a lo que le corresponde una presentación por parte de los alumnos del Liceo Manuel de Salas que realizan y forman parte de la danza como actividad curricular ofrecida por el colegio. Al llegar el momento de la presentación, el cual era el primer recreo del día, la multicancha deportiva ahora decorada y con las instalaciones de sonido correspondiente al show de danza, comienzan los danzarines a rellenar la cancha posicionados todos acorde a la coreografía entrenada durante días por los jóvenes alumnos, entonces a eso de un minuto de aquel proceso, todos notan que en el centro de los integrantes posicionados se encuentra un único hombre (comúnmente es difícil encontrar un hombre integrando el curso de danza contemporánea del liceo) el cual posee un rol protagonico en el desarrollo de la actividad. Tras esto, inmediatamente se podían escuchar disimuladas burlas al ver un hombre en tal acto, cosa que puede ser totalmente respetable pero en una institución en donde se desarrollan jóvenes se ve el hecho de la discriminación a aquel que le gusta la danza siendo hombre (entre las burlas se escuchaban: eso' es pa' las minas, maric#$&%/, entre otras), a pesar de la técnica y empeño que este le ponga. El show pudo desarrollarse bien a pesar de las burlas y su disimulo, y el nervioso joven sale emocionalmente ileso de aquel acto, pero lo que se marca aquí es lo sexista que puede llegar a ser el hecho de realizar una actividad (de cualquier tipo) que sea realizada mayoritariamente por un sexo, como lo es en esta oportunidad la danza con las mujeres y la burla que generalmente recae sobre los hombres que la practican dentro de su escuela, lo que es injusto ya que uno debería ser gustoso de querer realizar la actividad, deporte que uno quiera y que no sea discriminado solo por ser del sexo contrario a la mayoría que lo practica y ha practicado, ya que este tipo de acto ofensivo provoca la frustración de muchas personas con grandes sueños, los que deberían ser respetados y tolerados por nosotros a pesar de lo distinto o raro que pueda parecernos.