24 de mayo de 2016

El pilar de la familia

El pilar de la familia

Era un día sábado hace tres semanas, un día nublado y que se vivía con mucha pena por el fallecimiento de un tío muy cercano. Como familia estábamos bastante golpeados, desde mi abuela, hasta el pololo de mi prima menor "Matías", el cual era el yerno de mi tío fallecido. Cuando estábamos en la iglesia aquel día sábado fue bastante grato recibir el apoyo de una gran cantidad de amigos y conocidos, pero hubo un incidente que llamo poderosamente mi atención. En uno de los tantos pésames brindados a Matías, se acerco un conocido el cual le dijo "Mucha fuerza, pero tienes que estar bien, ahora tu eres el hombre de la casa y por lo tanto el pilar de esta. No llores, tienes que ser fuerte por  tus mujeres, deja que ellas voten sus buenos lagrimones en tu hombro",  dicho esto solo atine a abrazar a Matías, yo sabía que para él, mi tío había sido como el padre que nunca tuvo y por ende entendía que sufriera y llorara como cualquier familiar cercano, por lo cual rompió en llanto y yo con él, por el deceso de nuestro familiar. Luego de terminar de llorar, le dije “no te preocupes, que yo sepa todos trabajamos y estamos para apoyarnos como familia, si falta mi tío entre todos sabremos llevar situación adelante”.

Resulta sorprendente como se reprime la emocionalidad del hombre, el llorar no es propio del género masculino pero si inherente al género femenino, según esta persona que le dio el pésame a Matías sin conocer previamente su historia familiar y cuan afectado estaba por el deceso de una persona muy cercana. A su vez se espera de este que sea el apoyo para todos en su hogar, solo por el hecho de ser hombre y el pilar de este pese a no percibir el mayor sueldo o ser el jefe de hogar debía soportar el solo la carga emocional del grupo familiar. Claramente queda demostrado como se performa la actitud que debe tener un hombre frente a la muerte de un ser querido, invisibilizando sus sentimientos solo por su sexo y porque resulta ser lo socialmente aceptado.

Larry

21 de mayo de 2016

Cosas de garzoneo.

Hace algún tiempo, y a medida que cumplía años, mi fragilidad económica comenzó a intensificarse ante la serie de necesidades (estúpidas) que requería la edad. Comencé trabajando de empaque, de vendedora en tiendillas abusadoras, repartiendo diario en las mañanas y haciendo uno que otro “pololito” por ahí terminé de garzona. Empecé a ganar buena plata y de vez en cuando era entretenido, así que no me salí más del rubro.
Así, entre garzoneo por aquí y garzoneo por allá, empecé a notar un cierto tradicionalismo predecible y repetitivo al interior del entorno del servicio, “uno ya sabe que formalidad ocupar para ganarse la propina de manera fácil”, me dijo un compañero de trabajo en un evento matrimonial de un hotel que carecía de humildad; “siempre, pero siempre a las mujeres primero”, agregó. Yo estaba aprendiendo, así que lo hacía no más, y me daba unas vueltas un poco inútiles alrededor de una mesa de diez personas para servir primero a las tres mujeres presentes. De esta manera demostraría mi buena educación y supongo que caería bien. Más plata para mí.
Con el tiempo fui cambiando de ambiente, y hace más o menos dos veranos atrás que trabajo la temporada de vacaciones en un bar ubicado en una ciudad farándula del sur. Este ambiente nocturno tenía sus pros y sus contras –especialmente para una garzona (como yo)-: “la mujer siempre vende más y agarra clientela, aprovéchate de eso” decía el jefe. Otra vez mas plata para mí. Sin embargo, las circunstancias en las cuales me tenía que aprovechar de “eso” no eran siempre las más placenteras. No me acuerdo cuantas fueron las veces que me tuve que aguantar ciertos dichos incómodos por parte de algún cliente con complejos de galán, porque si demostraba mi molestia ante tan distinguido derroche de caballerosidad se desataba un conflicto más o menos y mis compañeros terminaban por salir en mi defensa. ¿Solución?: “mejor quédate atendiendo el salón” me dijo el jefe. Hice un par de pataletas (en la terraza de un bar siempre la propina es mejor), pero finalmente me resigné.

Aquí, el tipo de cliente recurrente era la pareja que salía de luna de miel por tres horas, y este tradicionalismo predecible y repetitivo del que hablaba al principio se hacía presente de nuevo, pero esta vez de la mano de los clientes: “A mi una piscola, y pa’ la dama un traguito de mina porfa, ¿Cuál me recomienda?”. A pesar de mi indignación, en el fondo sabía cuales eras esos traguitos de minas, así que terminaba por ofrecer los más dulces y con menos grados de alcohol. Esta distinción entre un determinado tipo de trago con otro era tan potente que si un hombre osaba de pedir un “daikiri de frutilla” era molestado por toda la mesa: “Maricón” y reían. De esto si me aproveché, y empecé a ofrecer tragos según aparato reproductor. Me iba bien por lo menos. Más plata para mi.  

Wilms Montt

Los roles de género reflejados en las profesiones


El viernes pasado me encontraba en la facultad de ingeniería de una universidad tradicional visitando a una amiga, y al ir pasando las horas empecé a notar una característica bien general de esta facultad y era que la mayoría de los estudiantes eran hombres, sólo existían grupos en donde la gran mayoría eran estudiantes hombres los cuales  se juntaban a estudiar o jugar cartas. Me pareció interesante analizar la realidad de la facultad en el sentido del sesgo de género que existía estructuralmente en la carrera de ingeniería en general, en particular en esa facultad ya que no tengo mayor información de otras. Es por eso que los sesgos de género que existen con el tema de los trabajos es un tema que empezó a rondar en la conversación ya que otra amiga que estaba ahí con nosotros estudiaba enfermería y nos contaba que en su carrera no existían más de 10 hombres, por lo que nuestra conversación se direccionó hacia esa gran problemática de cómo solucionar estos sesgos. Llegamos a la conclusión que esto iba a un problema más estructural de cómo funcionan los roles de género dentro de la misma sociedad, y es que la carrera de ingeniería siempre ha estado sesgada debido a que se le atribuye la capacidad de mandar y ser jefe algo que los hombres en esta sociedad lo tienen más determinado que las mujeres las cuales debido a la violencia de género que siempre se ha aplicado no se le ha adjudicado la capacidad de comandar cosas de importancia lo que me parece un tema que debemos solucionar ya que tanto hombres como mujeres tienen la misma capacidad para todo, el tema de los roles de género socialmente estructurado aún son reflejados en las profesiones y esto es algo que si bien no es general en las carreras, hay algunas como enfermería y ingeniería que aún siguen vigentes y que debemos erradicar.


El mostaza

Jugar bowling es para todxs

El sábado recién pasado, a eso de las 19:00 hrs nos pasó a buscar Pablo a la casa, a mi hermano y a mi para ir a jugar bowling, posterior a eso pasamos a buscar a la Fran a su casa, porque era una competencia entre hombres y mujeres. Esto significaba que la suma de mis puntos con los de la Fran hacían un total, y en el caso de los hombres era lo mismo. Sin embargo, se generaron una serie de problemas de camino al lugar, primero se empezó a debatir que no era una competencia entre iguales porque las mujeres somos débiles, entonces lo más sensato era que se hicieran parejas mixtas, argumentaba un amigo. A esto respondí que la desigualdad se iba a determinar por el hecho de que no todxs habían jugado bowling y que no tiene que ver con el género y me piqué y le dije que lo dejáramos así, que la cuestión es un juego y hay que pasarlo bien pero que de todas formas íbamos a ganar.

Llegamos al lugar y empezó el juego, cuando fue mi turno, Pablo comenzó a darme consejos sobre cómo tirar la bola para que pudiese botar al menos un palitroque. Claramente no lo tomé en cuenta, caminé por la pista y lancé, para mi sorpresa y la de lxs demás, hice una chuza (boté todos los palos). Cuando me dí vuelta, Pablo se estaba agarrando la cara, no lo podía creer, todo lo que había discutido en el camino se cayó de golpe. A lo que dije riendo “nunca hay que subestimar a la gente y menos a las mujeres.” Seguimos jugando  y de ahí en adelante fue todo muy normal. El resultado del juego quedó en que las mujeres perdimos por 5 puntos v/s los hombres que ganaron, pero lo más importante de todo es que Pablo asumió que cometió un error y que efectivamente el problema estaba en la inexperiencia del juego y no por el hecho de ser hombre o mujer.

Tanzania 

Sexismo a Diario.

Por diversas circunstancias, mi hermana ha tenido que venir a vivir a mi casa con su hija recién nacida y su pareja. Desde este suceso he visto como los roles de género convencionales han coaccionado en los quehaceres de mi hermana y mi cuñado. Las diferencias asociadas con el sexo cada día se han intensificado más y más. Además el hecho que el bebé sea una niña ha abierto una amplia discusión en casa.
En primer lugar, la primera acción que llevó a cabo mi cuñado fue salir a buscar un trabajo y ponerse a trabajar de lleno, con la frase "de lleno" quiero decir a tiempo completo -casi sin dejar tiempo para lo demás-. Esto, en cierto sentido, me apena porque él no puede estar con su hija la mayor parte del día, cuando llega se encuentra demasiado cansado y generalmente mi sobrina duerme cuando él se hace presente. Por otro lado, lo encuentro necesario para que se puedan costear las necesidades que tiene un recién nacido. Pero en contraposición encuentro a mi hermana, cansada por despertarse a altas horas de la madrugada a sobrellevar y calmar los llantos de su hija, muerta de tener sobre sus hombros y únicamente sobre sus hombros el cuidado de una niña recién nacida. Además, lo que pienso que pasará es que cuando vuelvan a vivir solos seguirá esta misma lógica y ya no nos tendrá a nosotros para ayudarla en sus "obligaciones como madre". Claro mi cuñado seguirá trabajando a tiempo completo y mi hermana tendrá que -"como buena mujer"- mantener aseada la casa y el cuidado de mi sobrina mientras esté en etapa de desarrollo. Pero lo que me impresiona es que estas labores no son cuestionadas por ninguna de las dos partes, es más, se toman como naturales. Pienso, en este sentido, que no se cuestione por parte del padre –de mi cuñado en este caso- es remarcable, dado que toma como natural el no ver a su hija durante la mayor parte del día, creo que esto es lo que hace que algunas personas veas a su padre como un simple banco.
En segundo lugar, el hecho de que mi sobrina sea mujer ha abierto un debate importante en mi casa en relación a lo que por su género enfrentará. Por una parte se le resalta su belleza y delicadeza, con lo que estoy profundamente en desacuerdo porque le creará la idea de propia fragilidad en un futuro, y por otra parte se habla de lo que se le vendrá en la vida por el hecho de ser mujer, cosa que me pone en un dilema ¿es realmente un aspecto negativo nacer siendo mujer? Aún no he logrado responderme esa pregunta a cabalidad, pero tengo una respuesta tentativa. Es perjudicial nacer siendo mujer si y sólo si la sociedad lo ve así y la estructura, por este hecho, permite la degradación del género femenino. La destrucción de una sociedad patriarcal y una sociedad igualitaria haría un mundo mejor para mi sobrina y sus contemporáneas.

Espero y abogo con mi carne y corazón que por fin se dé un cambio de paradigma para que mi sobrina nunca tenga que sufrir algo parecido a lo que sufren las mujeres discriminadas hoy en día y menos que pase por algo parecido a la aberración del maltrato y, claro que ella tampoco lo lleve a cabo. 
                                                                                  
                                                                                            Ivar el Deshuesado.
Es cosa de mujeres…
Una de las costumbres familiares más respetadas,  además de común creo yo, es la de juntarse en familia para las navidades. Así fue como una vez más, una navidad más, toda la familia se encontraba reunida en torno al espíritu navideño, cenamos, conversamos, nos reímos, compartimos muy gratamente. Al llegar el “esperado” momento de abrir los regalos, sobre todo por los más pequeños, es cuando llega la sorpresa, mi hermano mayor nos tenía un “regalo sorpresa”. Mi hermano mayor, quien meses antes se había casado, estaba esperando un hijo. La noticia fue de gran alegría en la familia, mis padres esperaban a su primer nieto, mi hermano a su primer hijo y yo a mi primer sobrino, era un regalo para toda la familia. Después de recibir la noticia, es cuando surgen las primeras felicitaciones a la pareja, pero es aquel mismo momento en donde el sexismo comienza a aflorar entre muchos de los comentarios.
Mi hermano, con la intención de no cometer ningún error en su labor de padre y con la intención de cuidar de la mejor manera a su hijo, le comienza a pedir a las mujeres presentes, entre ellas mi tía, abuela, pero especialmente a mi mamá, consejos sobre cuidados y alimentación para él bebe. A mi parecer esto no era problema, ya que apelaba principalmente a la experiencia de ellas como madres, pero todo cambia cuando mi hermano comienza a solicitar la ayuda, pero solo dirigida hacia su esposa, la madre del bebe. “Por favor, enséñenle a ella sobre la comida, cuidados de salud y esas cosas, ya que ustedes son mujeres y saben de esas cosas”. ¿Por qué no podía el también aprender sobre estos temas? ¿Por qué los cuidados del bebe debían recaer solo en responsabilidad de mi cuñada, mientas ambos podrían hacerlo? Me cuestione mucho esta situación, ya que sabía que mi hermano solo lo hacía con la intención de conseguir los mejores cuidados y consejos para su hijo, al ser el primer hijo seguramente no tiene idea alguna sobre estos temas, pero a la vez estaba teniendo una conducta muy sexista, además de machista, ya que argumento de que él debía preocuparse de trabajar para costear todos los gastos, idea que fue abalada por la mayoría de quienes estaban presentes, incluso mi cuñada. Finalmente, ¿Qué más se podía pedir de un matrimonio basado en valores religiosos?


ELBA LAZO
Lo común entre todos.

La semana pasada alrededor del día miércoles a eso de las veinte horas, supe  la noticia más atractiva, hermosa y divertida que puede ocurrir. Levante el test y marcaba positivo, descubrir que serás padre es algo abrumador, si bien por un lado existe esa inmensa felicidad por la aventura que se aproxima, por otro lado está también el miedo al cambio radical que significa tener esta responsabilidad.
De inmediato, tras hablarlo con mi compañera comenzamos a avisarle a los más cercanos. Saber la opinión de nuestros amigos fue de suma importancia, de hecho luego de largas conversaciones con ellos/as descubrí lo común en este relato. Todos indistintamente de quien fuera decían: “Little Princess, ahora deberás ponerle caleta, na´ que hacer perrito obligado a trabajar…” cosas por ese estilo, que a pesar de no ser algo negativo nadie se pregunto si yo deseaba estar ser el sujeto que se quede con nuestro bebe mientras ella trabaja, lo relevante para esta historia es que independiente de la decisión que nosotros hayamos encontrado todos te clasifican y entregan responsabilidades que al parecer no son tan obvias. Es decir si eres hombre debes trabajar obligatoriamente, convertirte en un pilar económico, tener otro tipo de responsabilidades que son más externas, ni hablar (para los demás) de trabajar en la casa o hacer compañía de mi compañera durante este proceso. Y para ella el hecho de ser madre significa reducir su vida social, acatarse a estar solo en la casa comenzar a realizar los trabajaos domésticos, a convertirse en una mamá de acuerdo a un modelo de reproducción machista, en donde la voz femenina no escuchado o tiene una valoración común.
El problema del sexismo en cuanto al momento de ser padres, es simple los hombres trabajan, y las mujeres cuidan. Cosa que en lo personal no comparto para nada, no creo en este sistemático juego de roles, prefiero compartir y mezclar ambas experiencias; y tener una forma mas horizontal en la educación futura de nuestros hijos, en donde yo no sea el exclusivo sostenedor y donde cada uno de nosotros pueda decidir que rol tomar en el momento indicado.
LittlePrincess

Memorias de un abuso de poder 2

             En mi publicación del blog anterior relataba cómo fue mi crianza y los motivos por los cuales fue así, contextualizando y explicando cómo fui creciendo en comparación a mis hermanas.
         Tal crecimiento que tuve en comparación a mis hermanas fue tan favorable hacia mí, que idealizaba lo que podía conseguir a futuro en comparación con mis hermanas, dado que por ejemplo, ellas al ser mayores que yo y estando ellas en la adolescencia, veía como se les restringían los permisos para salir por ser mujer, y hasta se les prohibía trabajar en un comienzo, también por el mismo motivo, dado que siempre estaba la preocupación de mi mamá y papá que algo ocurriera, inclusive en un hipotético trabajo.
            La idealización que menciono, en su momento tuvo como objetivo el hecho de lo que yo si podía tener a futuro cuando fuera adolescente, todo lo que se les prohibió a mis hermanas, añoraba con poder hacerlo, y sabia que lo iba a poder hacer, la crianza machista pasó de ser inconsciente, a consciente, jugaba con lo que en algún momento me favorecería, me favorecía ampliamente ser hombre, ya no era simplemente una reproducción que sin saberlo aplicaba en el día a día, ahora añoraba con poder ejercer una diferenciación totalmente justificada por el solo hecho de ser hombre. Así fui creciendo, viendo como a mis hermanas se les fueron restringiendo un sin número de cosas, lo cual solo fue mitigado con el tiempo, dado que al ser ya adultas, tenían más autonomía y podían hacer más cosas sin el consentimiento previo y los permisos que tanto las restringían.

            Cuando ya mis hermanas eran mayores de edad, yo estaba en plena adolescencia, y todas las añoranzas que pasaban por mi mente cuando era aun más chico, se aplicaron tal cual las imaginé, el control en los permisos que sufrieron mis hermanas, era casi nulo hacia mí, a los 16 años ya no pedía permiso para salir a ningún lugar, solo “avisaba” a donde iba, donde me quedaba o cuándo llegaría, nunca lo critiqué, nunca me pregunté ¿Por qué son así conmigo y con mis hermanas tan diferente? Al contrario, disfruté lo más que pude esa edad, trabajé mucho antes de lo que lo hicieron mis hermanas, salí a “carretear” mucho antes de lo que a mis hermanas se les permitió, viajé solo con mis amigos a una edad que mis hermanas nunca hubieran imaginado en su momento, el machismo me jugó una buena pasada, y no importa cuántos ejercicios de introspección haga ahora, no importa cuánto critique la desigualdad de género, no importa cuán consciente sea de esta problemática y pueda hacerle ver a otros en estos momentos lo equivocado que pueden llegar a estar con pensamientos o accionares machistas, dado que en su momento aproveché el machismo, jugué y abusé con él, lo añoré y le saqué partido, en resumen, el machismo fue un complemento en mi vida. 

Jorge.


Señor, ¿por qué no me da el asiento?

Hace unos años se encontraba mi familia con la que vivo actualmente, de regreso a casa después de una actividad del colegio al cual asistían sus hijas. Prontamente, después de haber esperado en el paradero por un rato, subieron a la micro y encontraron asientos disponibles, donde hacia la ventana se sentó mi prima Daniela quien llevaba a una de sus hijas pequeñas en los brazos y hacia el pasillo mi primo Gabriel, quien es el padre de familia. Había sido un día largo de actividades en el colegio, y para esa ocasión Gabriel tenía un resfriado, de esos en que lo mejor es quedarse en cama, pero como ya estaba comprometido en la actividad del colegio, fue aunque le dolieran todos los músculos de cuerpo y tuviera un poco de fiebre.
  En esas condiciones, Gabriel un poco desarmado sobre el asiento, mientras rezongaba cada imperfección de la carretera o movimiento brusco de la micro, sube un grupo de personas, entre ellas una señora de un 50 años, que parándose al lado de mi primo, le miraba como exigiéndole el asiento, y el no dándose cuenta en ese febril, ya incluso iba medio dormido, la señora lo interpeló de una manera aparentemente amable, y mi primo siguiendo la mecánica ya estaba por pararse, pero Daniela lo detuvo y explicándole a la señora el estado de su esposo,y le propuso ella cederle el asiento, a lo que la señora respondió mirándola y al verla con su hija en brazos , le replicó que cómo le iba a dar el asiento si ella iba con la niña y además él era hombre. Ser hombre y no ceder el asiento era el problema. Ya a esa altura otra persona le estaba ofreciendo el asiento a la señora, y mis primos no interactuaron con aquella señora, mas ahora piensan que un comentario como ese era más normal hace unos años atrás, hoy en día suena un poco sexista según su opinión.

 Un comentario que hace referencia al carácter obligatorio de “ser caballero” en circunstancias donde la mujer no debe hacer algún esfuerzo fisco, parece ser el deber del hombre o más bien es parte de su naturaleza, y esta concepción ya es parte de cierta cultura, es reflejado en situaciones como esta.

 Pepegrillo

Machismo en Mujeres

El verano del 2016 postule a un trabajo de verano en el banco que trabaja mi mama, ella me dio la información para postular y lleve mi cv al banco. Al pasar unos días me llaman a una entrevista donde me explican en que consistía el trabajo, el cual consistía en ser monitora de niños, hijos de funcionarios del banco los cuales asistirían a el parque de entretenciones kidzania, mi labor era solo cuidar a estos niños que estarían divididos por grupos, acompañarlos a jugar, ver que vayan al baño, que se alimenten bien, entre otras cosas. Luego de esta entrevista hacían una selección de personas, en la cual quede seleccionada así que tenía que asistir a la siguiente entrevista, cuando llegue me hicieron pasar a una oficina abierta donde alrededor había otros funcionarios trabajando. Al llegar a la siguiente entrevista vi a las personas que habían seleccionado y en total éramos diez, lo que me extraño es que solo habían seleccionado a mujeres y en las anteriores entrevistas muchos hombres habían postulado. En esta entrevista nos entregaron unas poleras para identificar que éramos una empresa aparte y además teníamos que esperar a la jefa de recursos humanos quien nos iba a dar una información, cuando ella llego nos volvió a explicar lo que teníamos que hacer, los horarios y la paga, sin embargo para terminar la entrevista dice “chicas no se preocupen esta es pega de mina, es solo cuidar niños”, su comentario claramente no corresponde, esta persona piensa que cuidar niños solo es trabajo de hombre diciendo que las mujeres  servimos para el cuidado de niños y que este trabajo se nos haría más fácil solo por el hecho de ser mujeres.

Identidad masculina vs cuidado personal

Hace unos meses acompañé a mi pololo a una junta solo con sus amigos, estaba él que se llama Nicolás dos amigos que acababa de conocer, Julio y Ricardo, otro amigo de él que conoce hace mucho tiempo al cual yo también conocía Matías y yo, los cinco estábamos en un bandejon central de una transitada calle. Yo comencé a limarme una uña ya que la tenía rota y debía arreglarla para no generarme una molesta herida, le dije a mi pololo si él quería que le limase las uñas y me respondió con un rotundo “No! Eso es para mujeres”, yo no respondí ya que creí que era una pérdida de tiempo discutirle sobre que el cuidado personal era para hombres y mujeres. Transcurrido un tiempo, su amigo Matías me pide que le lime las uñas, yo lo hice sin problemas mientras todos conversábamos y reíamos y nadie se había percatado de que yo le limaba las uñas a un hombre, o eso creía yo, hasta que desde los autos que transitaban por la calle comenzaron a tocarnos la bocina y gritar típicos insultos como “mariconzuelo”, “pintarse las uñas es de niñita”, “hazte hombre”, “macabeo”, y un sinfín de improperios en contra de Matías a quien le estaba limando las uñas. Cuando nos dimos cuenta de los insultos yo no reaccione a nada, solo los noté y no me importaron, pero Matías se cohibió completamente, me quitó su mano y se la restregó contra su ropa, mientras sonreía avergonzado, mi pololo Nicolás comenzó a soltar pequeñas risitas mientras continuaba hablando y Julio y Ricardo solo lo miraron y notaron los gritos de los automovilistas, pero nadie hizo ningún comentario al respecto, el hecho entre nosotros pasó un tanto desapercibido, no más que causar vergüenza en Matías y pequeñas risas, pero todos omitimos algún comentario, y que supongo limarse las uñas no representa un hecho relevante para nuestras relaciones, sino que fueron personas mayores quienes manejaban sus autos y no tenían ninguna injerencia en nuestro ambiente los que tomaron este hecho como algo anormal en la conducta de un muchacho veinteañero, quien por limarse o dejar que le limasen las uñas automáticamente se ve invalidado frente a sus pares hombres, aunque mayores.

-Emily

Eso siempre le sucede a las mujeres

Tenía 11 años, cuando mi mamá junto a mi tía, me compraron una falda. La falda, era una falda de niña,  de esas  aproximadamente hasta las rodillas. Recuerdo que me gustaba mucho, ya que era de mi color favorito , el color " morado".

Era el cumpleaños de mi hermana menor, todo estaba casi listo, pero faltaron las velas. Como era una sorpresa, mi mamá me envío a comprar a un negocio cercano a mi casa ya que ella se encontraba muy atareada. Bueno, yo vestía mi falda nueva y me fui corriendo en busca de las tan añoradas velas. 
Mientras corría, escuche bocinas una y otra vez... Miré de donde provenía el sonido y ví a un taxista. El taxista me miraba , sonriente y yo, como no entendía , también lo miré. Probablemente, pensé : 
" me quiere decir algo", por tanto lo seguí mirando.

De pronto comencé a caminar hacia mi destino ( el negocio),cuando de pronto empezó a decirme un sin fin de barbaridades asociadas al uso de mi falda. Recuerdo que me quise poner a llorar, no sabía que hacer... Lo miraba en shock, pues era un hombre mayor, él podría ser mi papá. No imaginaba a mi papá diciendo ese tipo de cosas a mis amigas, que frecuentaban habitualmente mi casa.

 No logré asimilar lo que sucedía, ya que hasta el momento no había tenido una experiencia de ese tipo .En un momento comencé a caminar, con muchas ganas de llorar y decidí devolverme a mi casa.

Recuerdo que mi mamá me preguntó por las velas, pero yo no respondí. Cuando me preguntó que sucedía , le conté y comencé a llorar... Mi mamá me abrazaba , mientras trataba de explicarme que ese tipo de cosas me podía suceder ahora que " estaba comenzando a crecer",  con un poco de pena y rabia me decía : " Eso siempre le sucede a las mujeres, a mi también me pasó" " Debes defenderte, no dejes que te hagan sentir así".

Con el paso del tiempo olvidé lo que me dijo aquel taxista, pero me me fue muy difícil dejar de asociar una falda con la desprotección,  la inseguridad o algún tipo de desnudez.

Comencé a crecer y las faldas fueron un tema importante en mi vida, no las utilicé por muchos años a pesar de que en el colegio era obligación, yo trate de evitarlas lo que más podía. Las faldas me ocasionaban demasiada inseguridad, me sentía desprotegida y observada, por lo tanto, los pantalones eran prendas seguras, optando por ellos muchos años.

Hoy en día, uso faldas, pero debo de admitir, que al parecer esa experiencia me marcó y mucho.. aún siento una cierta sensación de desprotección, aunque en menor grado cuando utilizo un vestido o una falda.


                                                             Mata Hari


20 de mayo de 2016

Mujeres al volante

De forma general los hombres consideran que las mujeres no son tan buenas al volante como ellos, y es un tema de burla a nivel general que hasta los medios de comunicación se encargan de perpetuar. Por muy clara que esté la falsedad de esta premisa, ,muchas veces se emplea de forma natural y de las formas más inusuales, aludiendo a los tipos de vehículos que manejan las mujeres como cuando dicen que usan autos pequeños para no tener dificultades al estacionar, o cuando usan camionetas grandes que serían capaces de “resistir” los errores que comete una mujer al manejar. Y no sólo se limita a los autos o vehículos particulares, conversando con unos conocidos que estudiaron en una academia de vuelo siempre hacían referencia a que las mujeres “no servían” para pilotar un avión y que por esa razón eran menos las mujeres que se desempeñan como piloto. Siguiendo con esta idea que está naturalizada dentro de la opinión masculina, recuerdo una ocasión en que con un amigo nos encontrábamos esperando un taxi camino de vuelta tras comprar algunas cosas; hacía frío y la espera no era precisamente el momento más disfrutable del viaje. Luego de unos minutos esperando y de los numerosos taxis que pasaron ocupados (y los que a pesar de marcar “LIBRE” venían ocupados), se acercaba un taxi reduciendo la velocidad, venía conduciendo una mujer. Cuando iba a empezar a caminar para subir al taxi, mi amigo me dice: “No, no nos vayamos en este.” haciendo una señal a la taxista indicando que no subiríamos. Obviamente mi sorpresa fue grande ya que el taxi estaba disponible y no se veía nada de malo en él, y tras preguntar a mi amigo por qué decidió no tomar ese taxi me dice “Es que venía manejando una mujer y quiero llegar vivo.” Wow… claramente era la respuesta que menos esperaba, y a pesar de que es un panorama inusual ver una mujer manejando un taxi, un colectivo o cualquier tipo de transporte público; jamás habría supuesto que alguien directamente evitara una situación en que una mujer se encuentra al volante.
-Artaud

UN AMIGO CONOCIDO

Un día estaba aburrida y llamé a un amigo para que nos juntáramos, él me dice que si, de hecho estaba en su casa con otro amigo por lo que le pareció buena idea, así compartíamos un rato puesto que, hace tiempo que no nos veíamos. No me demoré mucho en llegar a su casa ya que queda cerca de la mía, toque el timbre y mi amigo José me abrió la puerta, salude a su amigo y me senté en el sillón, eso duró poco dado que José nos dijo a mi y a su amigo que mejor nos sentáramos en el piso porque su mesa es mas pequeña que su sillón, y para comer iba a ser un tanto molesto. Recuerdo que estaba usando una falda con una polera, puesto que hacía mucho calor y para una mayor comodidad tenía puesto unos shorts negros que eran apegados al cuerpo y que no se notaban con la falda puesta encima. Bueno, le hicimos caso a José y nos sentamos en el piso que de hecho era alfombrado así que era bastante agradable; en eso yo me senté y me cruce de piernas, el amigo de José me quedó mirando con estupor y le pregunto que ocurría que me miraba tan extrañado... me responde - ¿Así te sientas en todos lados?- yo quede un poco desconcertada, le respondí - Osea... si estoy con shorts debajo sí...– me queda mirando y me dice – cualquiera puede interpretar mal el como tu te sientas, tienes que ser un poco mas cuidadosa...– en eso llega José y nos pregunta de qué estábamos hablando, yo le respondo entre broma e ironía – en como es correcto sentarse... a lo que su amigo le dice con un tono de entre broma y en serio – le dije que fuera mas cuidadosa, es un poco extraño que se siente así y con mayor razón si está usando falda... – José se ríe y dice – ah! De eso hablaban... pero si está usando shorts ¿Qué tiene de malo? – Hubo luego de eso un silencio incómodo que lo rompe nuevamente José – Ya, mejor cambiemos de tema y veamos qué pedimos para comer que eso sí es muy importante – todos nos reímos, mientras que José veía en internet en donde podía pedir comida.

Andy Dufresne

Tu Nombre es Paulina



Cuando tenía 5 años vivía en un pequeño pueblito de la octava región llamado Nacimiento. Estaba pasando una agradable tarde de verano en la piscina inflable de una prima que era mayor (12 años). Recuerdo que habíamos estado nadando y  jugando al “marco polo”.
Al cabo de un rato nos aburrimos, y como no teníamos nada que hacer, Natalia (mi prima) propuso la idea de jugar a las mujeres. En un principio no me atrajo mucho la idea, no por el hecho de jugar a “ser mujeres”, sino que no había entendido cual era la finalidad de dicho juego, además no me parecía muy entretenido. Luego de un rato de constante insistencia por parte de mi prima, decidí jugar.
- Ya Nati, ¿entonces que tengo que hacer primero para jugar? - Pregunté aún no muy convencido por lo que estaba haciendo.
- Es súper simple Max, primero tienes que pensar en cual nombre quieres utilizar para el juego, y luego te enseñaré a cómo actuar como mujer. - Respondió disimulando una pequeña risa. – ¿Y se te ocurrió algún nombre?
Pensé por un par de segundos cual podría ser el nombre que iba a elegir, pero por timidez y un poco de vergüenza no quise decir ninguno. –No Nati, no se me ocurre ninguno.
- ¿Pero que te parece María Eugenia? ¿Rocío? ¿Paulina?, Paulina es un bonito nombre- Dijo Natalia
- ¡Oh! ¡Paulina me agrada!- Respondí sin saber cómo terminaría todo.
En ese mismo instante mi prima se pone a reír y sale de la piscina corriendo a contarle a mis demás primos lo sucedido (como era un pueblo chico todo se encontraba muy cerca). Yo no sabía que estaba sucediendo, ni en que me había equivocado cuando mis primos volvieron a burlarse de lo ocurrido.
Desde ese mismo momento y hasta el día de hoy (aunque en mucho menos cantidad) me han molestado diciéndome “Paulina” mientras hacen los gestos para hacerme entender de que soy “amanerado”, y se encargan de contarle la historia a cada uno de mis amigos cuando los conocen. Nunca me había puesto a analizar la situación en realidad, en un principio me molestaba mucho a decir verdad, pero pasando el tiempo cada vez me incomodaba menos que mi familia me molestara, aunque debo admitir que cuando era niño fue sumamente difícil.

Max Power.

Justificando el machismo con machismo

Un par de semanas atrás salí con un par de amigos a un bar para conversar y distraernos un rato. Éramos tres hombres, todos de la misma edad. Comimos un poco y luego vinieron las cervezas, por lo que a medida que pasaba el tiempo la conversación se iba haciendo más y más sincera. Entre la conversación y las bromas salió el tema de los piropos, casi todos irreproducibles a través de este medio y que también podría llegar a ser un tema interesante a tocar. A pesar de las bromas se estableció el tema del acoso sexual y como el tema de los piropos ahora era un tema que podía llegar a ser mucho más delicado en la actualidad. Un amigo, con una visión tajante sobre el asunto, planteaba que no era culpa del hombre lo de los piropos o las miradas en la calle, sino que era culpa de la mujer. Piropear no es machista porque es la mujer la que lo busca. Bajo su punto de vista, al hombre no le quedaba otra opción más que mirar, decir o hacer algo. Según él, un hombre va a mirar a una mujer aunque esté con su polola al lado. Si anda en la calle y ve venir a una mujer con un peto y una minifalda, es obligación mirar, porque habría que ser prácticamente estúpido para no hacerlo. Y no es una cosa de mirar o no, porque eso es lo básico, porque una mujer vestida de manera provocativa anda en busca que la miren y quizás algo más. Lo que es bastante extremo y violento. Es prácticamente  una justificación para  actuar de una manera violenta y agresiva por parte del hombre. Que una mujer ande vestida de alguna manera puede llegar a justificar que el hombre la ataque. Es una explicación bastante psicopática. De hecho nos burlamos de él en base a eso, que había sido un argumento que podría haber salido de la boca de un violador, y lo que es peor, debe ser una idea que todavía se encuentra arraigada en la conciencia colectiva masculina. 


Yesler

La atención es cariño...

Mi abuela es una mujer muy tierna, cariñosa y por sobre todo es demasiado atenta, tiene arraigado a su forma de ser el agradar al otro a partir de atenciones. A esto me refiero: atenciones que en su mayoría están relacionadas con las comidas. De hecho, son tantas las  atenciones que prodiga, que suele dejar de hacer lo que estaba haciendo por atenderte, incluso puede estar tremendamente cansada, y aun así te atenderá con una sonrisa de amor máximo en su cara.
Por otro lado, cada vez que uno va a la casa de mis abuelos, lo primero que podemos notar es una manifestación de una clara diferenciación de género, a partir de la visibilización de roles de género convencionales, porque si bien a mi abuela le encanta el ser atenta, esto se ve superado en la forma en que se desvive por atender a mi abuelo.
Desde chica, cuando iba a la casa de mis abuelos –en el norte-  no me hacía tanto ruido esta situación -la "aceptaba"-, aunque si me molestaba mucho el que mi abuelo no hiciera nada por ayudar a mi abuela en momentos en que se veía llena de cosas, o si llegaba a ayudarla lo hacía de mala gana, enojado incluso. Sin embargo, ahora que estoy “más grande” me molesta muchísimo esta situación, inclusive logro percatarme que el solo hecho de atendernos es una situación sexista, en la cual termino siempre involucrándome, porque al ayudarla busco disminuir su carga de trabajo con mi cooperación.

El año pasado, durante el transcurso de mi visita al norte, con mis hermanos íbamos a ver a mis abuelos  -contentos porque, ya que por la distancia el poder verlos no es tan recurrente-. Al llegar a la casa de mis abuelos, nos percatamos que para variar mi abuela estaba en la cocina, preparando todo lo que ella sabía que nos gustaba, con el sólo propósito de “atendernos”. Pero una vez llegada la hora de tomar té, mi abuelo se puso ansioso y un poco molesto, diciéndole a mi abuela que: “ya era demasiado tarde y todavía no tomábamos té”. Mi abuela ante eso responde, que: “estaba con nosotros, que no nos veía nunca, que no fuera pesado”. Sin embargo, yo sabía que mi abuelo seguiría diciéndole a mi abuela que ya era tarde y que había que tomar té y en algún momento habría disgusto de parte de ambos.  Fue en ese momento en que le dije: “Ya abuela, yo te ayudo, pongo la mesa y así tomamos té al tiro, no tenemos para qué enojarnos”. 
Covajo