24 de marzo de 2015

Sexismo protocolar

Hace unos días conversaba con mi polola, quien es estudiante de Relaciones Públicas Corporativas, acerca de los temas que ella estaba viendo en la universidad. Me contó que tiene un ramo de protocolo y comenzó  a leerme parte de un texto llamado “Manual básico de protocolo empresarial y social”, el cual contiene los pasos que se deben seguir en reuniones importantes con altos cargos como empresarios, presidentes, reyes e incluso en la vida cotidiana. Mientras continuaba la lectura, llegó a  un capítulo que se titulaba “La mujer y la indumentaria”, solo al escuchar el nombre del capítulo supe que debía prestar atención. Se trataba de una parte del libro dedicada e explicar cómo se tiene que vestir y ver una mujer, con frases como “Eviten usar minifalda o escote. A lo mejor quiere llamar la atención, pero debe recordar que la vida profesional continua y su imagen puede desmerecerse”, otra que dice “Si la reunión es muy importante, no dude en solicitar un maquillaje profesional” o “Con respecto a las uñas, fijarse antes de salir que el barniz no este pelado y que el esmalte este parejo”. Luego de leer esto, mi polola me dice “cómo es posible que sea tan importante la imagen y no las capacidades para poder dedicarse a este ámbito”. La verdad es que en cierto sentido para muchos es normal que seguir estos pasos para tener éxito en el trabajo, pero también  cualquiera  puede ver que incluso en libros dedicados a educar a profesionales se tiende a ocupar una imagen estereotipada de la mujer, como ejemplo de prolijidad, buenas costumbres, sobriedad y al mismo tiempo nos damos cuenta de que toda esa imagen que se quiere mostrar, no es más que una imagen instaurada por el paternalismo que se evidencia en las relaciones laborales, donde se busca una mujer “ideal” que cumpla con los requisitos solicitados para que  no tengan problemas al entrar a un mundo del trabajo dominado por hombres, que no integra, sino que solo crea distinciones.

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