Era una tarde
primaveral de septiembre del año pasado, me encontraba junto a dos amigas
caminando por una ajetreada calle de Santiago centro, íbamos conversando tranquilamente,
hasta que viene caminando en el sentido contrario un adolescente, vestido con
uniforme de colegio, sin llamar demasiado la atención
de su presencia, nos cruzamos y repentinamente él pasa al lado de una de mis
amigas y le da un “agarrón”, pero en ese momento con mi otra amiga no nos
percatamos de lo que había pasado, solo vimos la reacción de mi amiga que saltó
y gritó y enseguida le pregunté: ¿Qué te pasa?, ella muda, su rostro pálido
como si se hubiese quedado sin alma, tan petrificada estaba, sin reacción, que
yo no entendía que pasaba, pensé que le habían robado algo.
Hasta que mi amiga
reacciona al fin y dice: ¡ese pendejo que pasó me agarró el poto! lo dice enrabiada y a la vez un poco avergonzada, yo también me irrité con la situación. Luego unas señoras se
nos acercan y preguntan qué había ocurrido porque habían visto al joven pasar,
al igual que yo pensaron que asaltaron a mi amiga, les contamos lo que pasó y
una de las señoras nos dice: pero, ¿cómo? ¡Si era un niño!, mi amiga le
responde claro pero él sabía muy bien lo que estaba haciendo. Y en seguida nos
fuimos bastante descompuestas por todo lo que ocurrió.
Estos comportamientos vulneran la sexualidad de la
mujer a través del acoso sexual callejero
donde se quebranta el derecho a caminar seguras por la calle.
Siendo mujer, soy una ciudadana, igual que las señoras moralizadoras o los
hombres que abusan de sus “ventajas” de ser hombre. Que esto no obedezca a nuestras
características físicas, sino de responsabilidades sociales cuando se vive en
democracia.
Hemos sido educados en una cultura sexista y el acoso
sexual no solo lo debemos ver como una transgresión hacia
mujeres, sino que realmente nos vulnera en nuestros derechos humanos
porque todos y todas debemos caminar con seguridad y tranquilidad, ya que
tenemos ese derecho, no debemos sentirnos culposas ni responsables por sufrir
acoso pues se ha normalizado en cierto modo esto, además de no permitir esa
idea de que sólo son “hombres” cuando someten sexualmente a una mujer en un lugar
público y privado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario