9 de abril de 2015

Antiguas generaciones y sexismo en el hogar

Cuando uno se sienta a conversar con un hombre mayor acerca de su visión con respecto al rol de las mujeres en la familia -asumiendo la visión naturalizada que existe de familia en nuestro país, la cual puede ser aceptada o no por el lector-  se encuentra con una visión bastante machista. Esto se puede ver en su forma de hablar y en sus gestos al momento de comunicarse con su pareja, o simplemente, identificar patrones generales de manejo de la relación en el diario vivir.
En esta ocasión, el relato abarca una situación que se dio en la casa de mi abuelo materno. Durante un tiempo las cosas no iban del todo bien económicamente en su hogar, mi abuelo no encontraba trabajo y por lo tanto la calidad de vida de la familia se vio mermada. Ante esto, mi abuela intentando dar salida al problema, ofreció a mi abuelo salir a vender bordados y tejidos que ella misma hacía, de esa forma habría una mayor cantidad de dinero ingresando al hogar y la mala situación económica se habría superado en algo.
Ante este ofrecimiento mi abuelo hizo sentir fuertemente su oposición ante la iniciativa, el intercambio de palabras entre ambos se tornó áspero y comenzaron una discusión. Mi abuela expresaba su posición de una manera muy clara y bastante literal diciendo “si en esta casa llega a faltar alguna cosa, quiero que tengas en cuenta que no me dejaste hacer algo para poder ayudar. Estando acá todo el día no va a servir para ganar más plata, déjame vender las cosas que hago, no es nada terrible salir a trabajar, esto que estás haciendo no nos sirve para nada, porque lo único que consigues es que todo siga igual de mal y vallamos empeorando cada vez más, viejo terco”.
Ante este cuestionamiento mi abuelo vuelve a expresar su malestar, esta vez siendo más directo y poniéndose de pie para mostrar una postura más desafiante. Sus palabras hacen tomar sentido a todo lo que escribo en los primeros párrafos. “En esta casa nunca va a faltar nada, puedo trabajar en lo que sea y como sea para poder satisfacer todas las necesidades de esta familia. Tú no debes trabajar, tu pega está en la casa. Las mujeres sirven para la casa, de la puerta para afuera no sirven para mantener una familia, esa es responsabilidad del hombre de la casa, y ese soy yo. Tú déjate de webear y dedícate a lo que sabes hacer…”. La situación se termina abruptamente y mi abuela deja el lugar y se va al segundo piso de la casa a pasar la rabia.

Creo que la experiencia anteriormente relatada se justifica mucho en los párrafos introductorios, en las generaciones mayores de la sociedad chilena aún existe un gran estigma hacia el rol de la mujer en la sociedad. A pesar de presentarse un escenario adverso económicamente, el hombre mayor no es capaz de dejar esa especie de virilidad que le impone la estructura societal bajo la cual fueron criados y omiten el hecho de que el trabajo de la mujer de la puerta de la casa hacia afuera no es lo suficientemente significativo para igualarlos. El rol de la mujer está determinado de una manera bastante notoria por el marianismo propio de la sociedad chilena de generaciones anteriores, en nuestros días los movimientos de mujeres que buscan el cambio organizativo que les permita la igualdad de condiciones en todo sentido con respecto al género masculino ha logrado avances. Pero, ¿Son suficientes?, ¿Cuánto tiempo tardará la sociedad en despertar de ese letargo que la tiene con una orientación tan machista? La respuesta aún es incierta, pero los avances se están dando progresivamente, el sexismo no es un problema que se solucione de un momento a otro, se debe dar una sucesión de procesos para que la situación que antes se presentó se aborde de otra manera. La conclusión final que me queda entonces es que el sexismo aún sigue estando presente en la cotidianidad, puede ser que a unos les choque más o menos la situación. En mi caso, esto es una confirmación de algo que no es nada nuevo, vivimos en una sociedad que aún hace diferencias notorias entre género. 

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