9 de abril de 2015

Aprehendiendo miedos

Hace poco supe la historia de una niña que, al parecer, había tenido relaciones sexuales con dos tipos. Todos menores de edad. No veo televisión, pero la verdad es que no es necesario verla para darse cuenta de lo que a un grupo de gente le está llamando la atención en este minuto. Muchos han hablado del tema y, entre foro y foro, muchos han recordado a otra niña que en el 2007 fue grabada teniendo sexo oral en una plaza en Ñuñoa.

Cuando leí lo de la “wena naty” lo primero que se me cruzó por la cabeza fue un “¿qué habrá sido de ella?”. ¿La gente seguirá molestándola? ¿Seguirá siendo estigmatizada en los lugares que frecuenta? Comencé a indagar sobre la vida de ella en la actualidad, no sé si por mera curiosidad, o por el morbo de observar desde lejos el cómo una persona que se vio atacada por todos los medios continuó su vida con el paso de los años.

Navegando por internet encontré un artículo de Terra, y otro de La nación, en donde se relataba la noticia de una demanda millonaria puesta por la joven en enero del año pasado contra el chico que publicó el vídeo por internet. La joven, a través de su abogado, alegaba que su imagen había sido usada sin autorización para exponerla frente a todo el país para perjudicarla.

Todo esto me dio para pensar un poco en este tipo de situaciones, donde jóvenes son grabados teniendo sexo o haciendo juegos sexuales y luego son subidos sus videos a internet, sea por venganza o ganas de hacerlos “famosos”. Estuvo el caso de la “pelatomates”, una chica grabada sin autorización teniendo sexo con su (ahora ex) novio (lo cual también conllevó a peleas judiciales), y el caso de la chica canadiense que, luego de sufrir bullying extremo por unas fotos de ella, terminó suicidándose.

Creo que en este punto la pregunta es necesaria: ¿Qué ocurrió con los hombres que fueron partícipes de tales situaciones? ¿Acaso ellos no fueron expuestos? Hay que recalcar que Natalia no demandó a la persona a la cual le hizo sexo oral, sino que demandó a la persona que subió el video a internet. En sí, el hombre también es una víctima de tales situaciones, o mejor dicho, debería serlo. Desde esta perspectiva, ¿Por qué se recuerda a este tipo de videos con los apodos puestos a estas mujeres? Al parecer ellas son las protagonistas, las chicas de las cuales el hombre “supo aprovecharse”. De esta forma, el hombre es visto como astuto, y la mujer, simplemente humillada por ser “fácil”.

Siento que la balanza no está muy equilibrada.

Unos días después de pensar estas cosas, tomé una micro en Pedro de Valdivia con Simón Bolívar, era eso de las 14:00 hrs. El calor era insoportable, pero para suerte mía, la micro era de estas tipo “cuncuna”, y no estaba excesivamente llena. Al menos me pude sentar en el último asiento, al lado de la ventana.

Al lado mío había un grupo de jóvenes. Debieron tener unos 17, 18 años. Estaban muy entretenidos con un Smartphone. Iba a escuchar música, como siempre, cuando de pronto escuché que uno de ellos hablaba de “la fifi”, la chica del video con los dos tipos. Dejé de lado los audífonos y me dispuse a escuchar sus expresiones, ya que al parecer estaban viendo el video.
Más allá de las burlas hacia la chica, me llamó la atención cómo se burlaban de uno de los participantes del video, ya que al parecer no tenía una erección. Dijeron que era un “maricón”. “¿¡Cómo no se le para!?” gritó otro entre risas. No es que el chico sea gay, pero ¿por qué considerar la homosexualidad como un insulto?

Viendo todas estas situaciones, pienso que estas cadenas estandarizadoras y moralizantes nos aprisionan en papeles que muchos, quizás, no estamos dispuestos a jugar. La mujer y el hombre deberían vivir su sexualidad de la manera que quieran, sean homosexuales, heterosexuales, bisexuales, pansexuales, etc. ¿Hasta qué punto estos estigmas patriarcales y heteronormativos van a seguir estableciendo roles de género separatistas que sólo conducen al miedo y la no-aceptación del otro y del sí mismo?





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