29 de abril de 2015

"Es ropa de hombre"

Durante las vacaciones de invierno del 2014, junto a mi familia viajamos  a Argentina, específicamente a Bariloche. Mientras recorríamos la ciudad con mi hermana, paseando por las zonas más turísticas, entramos a una tienda de recuerdos donde a mi hermana le llamó la atención  un polerón negro. Luego, llamó al vendedor y le dijo:
Hermana: Señor, ¿Cuál es el precio de ese polerón?
Vendedor (con una sonrisa) ¿Cuál, la campera negra? (reconociendo que mi hermana era extranjera)
Hermana (riéndose): Sí, sí, esa misma
Vendedor: Cuesta 200 pesos (argentinos)
Hermana: Ah Perfecto, ¿tiene talla más grande?
Vendedor: Sí, ¿Para quién es, para tu novio?
Hermana: No, no, es para mí.
Vendedor (con extrañeza): ¡No!, vos tenés que comprarte una campera más femenina, una rosadita, más ajustadita, como para vos…
Hermana (un poco avergonzada): No, a mí me gusta esa.
Vendedor: Pero niña, esa (indicando el polerón negra) es ropa de hombre.
Hermana (mucho más retraída, pero irónica): Bueno, ¡GRACIAS! …
Luego, con mi hermana nos fuimos muy enojadas. Ella me comentó lo muy arrepentida que estaba al no haber contestado a los comentarios tan desubicados del vendedor, y yo tampoco me explicaba el por qué no reaccioné y quedé como mera espectadora de tal situación.
Al recordar esta experiencia, podemos ver algunas tendencias, o más bien, ideas y posturas que aún  rigen nuestra sociedad, en donde las normas sociales que nos imponen acaban con la pluralidad y la igualdad, tal como se ve en este caso donde, según ese hombre, se debe seguir un código de vestimenta en base a lo que él entiende de ser hombre o mujer o femenino y masculino. Y es que aquí hay un punto importante, ya que para muchos la femineidad sigue siendo intrínseca a la mujer y la masculinidad lo sigue siendo para los hombres, lo que conlleva a creer que esto se debe a algo relacionado con la naturaleza de las personas, desconociendo así las fuerzas sociales, institucionales y culturales que se esconden detrás de esas ideas. Bajo este mismo desconocimiento e ignorancia, no es de extrañar que para muchos la sexualidad de las personas se siga definiendo en base a sus genitales.
Por tanto, ante las normas dadas en nuestra sociedad y cultura occidental, una mujer debe tener ciertas características físicas, cierta forma de vestir, hablar, etc. y nos cargan con esas imágenes, en todos los medios posibles, prácticamente desde que nacemos, y no se dejan espacios para problematizar lo que es ser mujer y lo que es ser hombre.

Esta forma de violencia simbólica se impone desde nuestra infancia, por lo que no tenemos conciencia de estar viviendo esto y se terminan naturalizando e invisibilizando tales preceptos y prácticas, de que hombres y mujeres deben vestir de una forma determinada, y vamos reproduciendo dichas obligaciones a través de actitudes y comentarios como los que tuvo el vendedor argentino. Es así como se van internalizando distintos tipos de “obligaciones”  que abarcan lo cultural, lo religioso, y muchas otras esferas más, y que van llevando a que la sociedad adopte una visión determinada de la vida y que reproduzca prácticas acorde a dicha visión.

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