Mi madre tiene cuatro hermanos hombres, uno de ellos, el mayor, tiene tres hijas, cada una de ellas criadas con fuertes valores católicos. Sin embargo, la menor de ellas es diferente a sus hermanas en cuanto a gustos, es muy deportista, desde chica le gustaban los “juguetes de hombres” tales como: pistolas de agua, dardos, entre otros. No sólo tiene gustos distintos a sus hermanas, si no que también tiene una personalidad más fuerte que las mayores y no tiene miedo de decir lo que piensa incluso si cae mal o se le castiga por ello.
Sus padres, como se puede imaginar, tienen una formación muy católica y de forma constante se sorprenden por las respuestas y acciones de su hija menor. Es debido a sus actos de “rebeldía” propios de su edad, los hermanos y demás sobrinos de mis tíos tienden a pesar cosas como “Será la primera en quedar embarazada” o “Le va a costar tener pololo”. Pero el comentario más fuerte y el que más me ha generado rabia es el que se refiere a su orientación sexual, comentario que fue realizado por mi hermano en alguna de las muchas juntas que tenemos entre primos.
“A mi me tinca que la Martina va a terminar siendo la lesbiana de la familia, sería un gran golpe para una familia tan católica”
Su hermana mayor y yo salimos inmediatamente en su defensa, ambas compartíamos la opinión de que, en primer lugar, el hecho de tener gustos “masculinos” tales como las pistolas o juegos más violentos, ni por el hecho de tener una personalidad fuerte eran rasgos típicos de una “futura lesbiana” y que en segundo lugar, de serlo, no era algo que tuviese que ser mencionado en una conversación como si fuese algo negativo o un “castigo” a la familia católica a la que pertenecía, como así parecía plantearlo mi hermano.
Creo que más allá del comentario que me afectó a mi y a mi prima — la hermana mayor de Martina — creo que es importante y fundamental reconocer que la homosexualidad del hombre o la mujer no es, en primer lugar, causal de “humillación” para la familia, independiente de su religión; en segundo lugar, no debe prestarse para la descalificación de la persona, es una preferencia tan válida como la heterosexualidad y tiene que ser respetada, sin que por eso tenga que ser destacada positiva o negativamente, es simplemente algo que es. Además, es importante no encasillar a las personas de “gay” o “lesbiana” por tener ciertos rasgos de la personalidad que pueden ser característicos propios del sexo opuesto o por tener ciertas actitudes que no son propias de una “señorita” o un “caballero”, ninguna de esas categorías deberían ser usados para diferenciar a las personas porque no las hace distintas a lo que son. Creo que es injusto e innecesario indistinto de la tendencia sexual encasillar a las personas en relación a cómo se comportan porque ¿Cuál es el problema si fuesen homosexuales? Un hombre o mujer homosexual puede tener conductas propias de su sexo sin que eso las convierta de forma automática en heterosexuales, así como una persona con conductas propias del sexo opuesto no las convierte en “gays” o “lesbianas”.
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