Era un día
de verano de este año, cuando me encontraba en el mall de Puerto Montt con mi
hermano. Fuimos porque él tenía que comprar un cable usb para una Tablet. Entramos y encontramos dos tiendas de tecnología, de las
cuales una estaba llena y la otra se encontraba vacía. Mi hermano, se fue
directo a la que estaba repleta para realizar la compra, ¿por qué? simplemente,
porque en esta atendía un hombre y en la otra, una mujer. Para él, el hecho de que atendiera un hombre en la tienda,
era sinónimo de que existiera una mejor atención y mayor información respecto
al tema en cuestión.
En una
primera instancia, no me percaté de que la otra tienda estaba vacía, así que
cuando me di cuenta, le dije que fuéramos a la otra, así ahorrábamos tiempo. Él
me dijo que no, que prefería esperar, ya que “las minas no saben de tecnología
y que debía ser esa la causa también, de que la tienda estuviera vacía”. Ante
este comentario, primeramente quedé tan impresionada que no pude reaccionar de
inmediato, pero empecé a acumular una tremenda rabia interior e indignación.
Luego de procesar lo ocurrido, lo increpé diciéndole y explicándole lo machista
que fue su comentario, que un hombre inteligente no puede, ni debiera tener
estas actitudes; sin embargo, al parecer no le interesó lo que dije y me volvió
a responder: “las minas de lo único que sabíamos, era de cremas”. En ese
momento, era tal mi furia que le hubiera pegado feliz, pero no. Me controlé y
le expliqué que él tenía incorporado cierto estereotipo de lo que la mujer
debía ser, saber y hacer.
Al parecer,
lo que le dije le afectó en cierto modo. No teniendo argumentos para rebatir mi
observación, lo único que me dijo fue “parece que andas con la regla”. En ese
momento me di cuenta que no se podía tener una conversación con él. Creo que
esa alusión a la menstruación, indica cierta manera despectiva y menos precio
de referirse a la mujer y su condición hormonal, puesto que no necesariamente,
las mujeres reaccionan mal solo en su periodo mensual, en decir, cualquier
situación que las pueda ofuscar, puede ser causal de una reacción irritable y
no necesariamente estar asociada a las alteraciones hormonales que provoca el
periodo, sin embargo, para mi hermano, esta reacción solo se explica aludiendo
a este, ya que en circunstancias de “normalidad”, yo no tendría que haber
reaccionado de esta manera, al contrario, debería haber asumido con naturalidad
su comentario.
Finalmente,
entramos a la tienda donde atendía la mujer, según él, para demostrarme que yo
estaba equivocada. Preguntamos por el cable y la vendedora nos habla de este y
además, nos da más información al respecto. Mi hermano, solo me miraba de
reojo, con una expresión de vergüenza en el rostro y un dejo de risa ante
aquella situación, lo que, debo confesar, que me dio una tremenda satisfacción
y regocijo.
Esta
situación en general muestra claramente como hay un conjunto de ideas
preconcebidas relacionada a diferentes géneros, lo que termina en una
discriminación. El estereotipo femenino que se muestra es el de la mujer
preocupada de lo superficial, siendo asociada a comportamientos más básicos,
como en este caso, a las cremas, mostrándose incapaz de abordar y aportar sobre
otros temas.
Lamentablemente,
estoy convencida de que esta no será la primera ni última vez que me toque
presenciar actitudes sexistas, ya sea con mi hermano, familia, amigos, a no
ser, que la mentalidad comience a cambiar en todos nosotros y nosotras, y
seamos capaces de mirar al hombre y la mujer en igualdad de condiciones, ya que
somos todos personas y las diferencias asociadas a nuestros sexos solo tienen
que ver con la anatomía, pero en esencia somos capaces de ser y hacer lo mismo.
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