Desde pequeño nunca hubo algo que me gustara más que acompañar a mis tíos a ver al equipo de mis amores, vistiendo y siguiendo la camiseta blanco y negro he vivido las emociones más lindas y eufóricas de mi vida , y aunque ha habido tiempos buenos y malos , la emoción de cantar y saltar en las butacas no se empañan a pesar de adversos resultados , con el transcurso del tiempo y mis tíos ya no tienen la misma disponibilidad que antes lo que se expresaba en las ganas necesarias para acompañar al equipo semana a semana, es así como mis tíos y los adultos cercanos a mi se fueron alejando de la cancha, al pasar los años se ha formado una genial relación con una de las hijas de mis tíos , mi prima Javiera , ella muy fiel y apasionada en el ámbito de seguir y alentar al equipo , siempre andamos planeando y comprando las entradas con anticipación para este tipo de eventos , que en ocasiones para conseguir una, se debe vivir una verdadera odisea tomando en cuenta la serie de medidas que han tomado los últimos gobiernos en relación a al plan Estadio Seguro .
Lo que yo he podido apreciar en el ámbito del futbol, es que la participación femenina en este tipo de espectáculos es vista como un signo de hombría y criminalización , pues se le asignan muchos aspectos que son propios de las barras bravas masculinizadas de Sudamérica , en donde el consumo de alcohol y sustancias ilícitas es cosa del día a día y la clases social predominante es de los sectores populares de cada comuna, así mi prima fue formando parte de este mundo, pasando por perídosos como por ejemplo en su infancia, donde tuvo que cargar con la imagen de ser una mujer “amachada” envuelta en un mundo de hombres y rodeada de un entorno el cual no era muy bien visto debido al bajo nivel social y a la delincuencia en la cual se desenvolvía , por parte en el colegio católico al cual pertenecíamos , así una parte de la familia y amistades en común siempre criticaron a mi amiga , aconsejándoles que no continuara acudiendo al estadio y que se alejara de este tipo de espectáculos ya que según ellos no correspondía para que asistiera una jovencita educada perteneciente a una familia bien formada, por que según ellos este no era ambiente en el cual se tenía que desenvolver una señorita , aspecto que generalmente le recordaba un tío al momento de reunirnos en familia .
Así puedo mencionar un par de anécdotas que hemos vivido , y una de ellas fue en un almuerzo familiar que realizamos con mi familia todos los domingos , en donde uno de mis tíos del ala más conservadora de mi familia empezó a fijarse y criticar las posturas que teníamos al momento de sentarnos en la mesa , poniendo en duda la sexualidad de un primo solo por la postura que tenía al estar sentado , llamándole la atención porque según él su postura no era la que tenía que adoptar en la mesa un auténtico caballero argumentando que la postura de este debía ser erguida y recta con la espalda bien apegada en el respaldo , sin hozar subir los codos a la mesa, ni hacer ruido al retroceder la silla . Estos aspectos no me generaban mayor reproche , debido a que yo los asignaba como modales que debía tener cualquier persona que se sentaba en la mesa , pero que independiente a ellos no podía poner en tela de juicio la orientación sexual que tenía una persona basándose en estos criterios. Así el “así no se sientan las señorita” , o el “corte la carne con la otra mano mijito , porque así cortan los homosexuales” fueron frases que siempre llamaron mi atención debido a la estigmaticacion que existe tras ciertas prácticas y costumbres diarias que realizan las personas, pues se estigmatizan a las personas asignándole ciertas cualidades puntuales que pueden ser usados para señalar a una persona determinada al momento de realizar una actividad similar , pero esta persona puede no calzar en esa estigmatización que generalmente esta infundada .
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