Al observar las distintas situaciones de desigualdad de género desarrolladas a lo largo del semestre, podemos ver que son patrones muy similares que se van repitiendo en la sociedad. En el caso de mis experiencias se refleja la forma en la que la mujer es vista como alguien más vulnerable y sumisa en relación al hombre.
Esto lo podemos ver reflejado en uno de los blogs anteriores, que hacía referencia a la propaganda existente para terminar con el acoso callejero. En esta, nos encontramos con uno de los afiches que mostraba a un hombre, de no más de 20 años con aspecto de pertenecer a un estrato social más bien alto, que decía “YO RESPETO”. Cuando conversamos del tema con mis amigos, llegamos a la conclusión de que los hombres crecían pensando que esto era algo “normal” y se esperaba a que ellos llegaran a una edad más bien madura para que se les enseñe a respetar a las mujeres y decirles que no pueden acosarlas. Cuando seguimos avanzando con el tema, con una amiga nos dimos cuenta que a las mujeres no nos enseñan a defendernos frente a este tipo de situaciones, la mayoría de las veces nos dicen que debemos quedarnos calladas o llorar sintiéndonos victimas en lugar de defendernos. En ese momento fue cuando nos dimos cuenta de que no hay educación sobre este tema, ni en la familia ni en el colegio, siendo que en realidad debería existir para que las mujeres no sufriesen experiencias tan traumáticas y puedan defender sus derechos. Y es verdad, ya que desde pequeñas nos enseñan a tratar de evitar estas situaciones, pero nunca nos hablan de cómo defendernos al momento de sufrir acoso. Pareciera que esto ocurre porque somos mujeres y debemos tener una actitud sumisa frente a las situaciones que nos ocurren, como si la posición de victimas fuese la que nos corresponde, pero a la vez somos las mismas mujeres las que seguimos reproduciendo estos patrones.
Por otro lado, en la experiencia narrada en otro de los blogs, se relaciona con la misma actitud sumisa que debe tener la mujer, pero esta vez frente a una pareja. Esto ocurrió en una conversación que tuve en relación a lo que yo quería estudiar al momento de salir del colegio, yo expliqué mi postura y sin embargo se me planteo que ese no era un tema al que yo le debería dar mucha importancia, ya que las mujeres deben preocuparse de encontrar a alguien que les entregue un sustento económico lo suficientemente estable, para que de esta manera ella pueda vivir tranquila y que el hecho de trabajar no sea algo fundamental en su vida. Dejando de esta manera a la mujer en una situación de dependencia y con una actitud sumisa, ya que debía encontrarse realizando otras actividades que no fuesen trabajar, por lo que si quisiera independizarse sería mucho más difícil que vivir a expensas de otro, en una situación más cómoda.
Podemos ver que en ambos escenarios, se presenta la actitud sumisa que deben adoptar las mujeres y como esta es reproducida por personas pertenecientes al mismo género, aunque sea de distintas formas, en una primera instancia, no podemos defendernos frente a una situación que consideramos injusta y en la otra debemos someternos a otro para vivir tener una vida más tranquila y fácil, impone la imagen que muestra a la mujer como una persona sumisa, sin mayores pretensiones, que no puede tener mayor independencia y que debe estar obligada a encontrarse “atada” a una persona, porque no es capaz de poder sustentar su propia vida. Podemos ver como estos discursos son transmitidos por las mismas mujeres y por su propio entorno, ya sea familiar o en la educación que se entrega fuera de la casa.
Se puede observar que hay algunos patrones generan formas de actuar particulares según el género al cual se pertenezca, como vimos anteriormente, podemos cuestionarnos lo siguiente: ¿Por qué se le debe enseñar al hombre a no acosar a las mujeres, en lugar de enseñarles a ellas a defenderse? Y ¿Por qué la mujer debe desarrollarse menos que el hombre en el ámbito laboral e intelectual para poder tener una vida “más sencilla”?, en este sentido, en ambas situaciones se sigue reproduciendo la actitud sumisa que debe adoptar una persona solamente por pertenecer a un determinado género.
En relación a la actividad de que realizamos a lo largo del semestre, me parece que tiene un carácter enriquecedor, debido a que nos permite adoptar una actitud crítica y nos permite ver de una manera más analítica las situaciones de desigualdad de género que nos ocurren a diario. También nos permite generar mayor conciencia sobre estos temas y ver en qué momentos nosotros mismos reproducimos estos patrones culturales que estamos criticando y de esta forma poder ir desnaturalizando estas prácticas que son vistas como normales en la sociedad.
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