¿Cuántas veces hemos escuchado que el fútbol es un deporte solamente para hombres? por lo menos en mi caso, en incontables instancias. Tomando como tema central lo anteriormente descrito, me gustaría relatar el problema sexista al cual se vieron enfrentadas las mujeres que asistieron al mismo colegio que yo, y que prácticamente nadie identificaba como discriminación sexista.
En mi época escolar se realizaban anualmente campeonatos de recreo de fútbol, en el cual participaban los hombres y las mujeres en el de voleibol. Desde que tengo memoria esto generaba anualmente algún grado de controversia, siempre existía un grupo femenino el cual se encontraba muy interesado en jugar este mismo campeonato de fútbol con otras mujeres y no se les daba la opción. Las excusas más recurrentes según la dirección del colegio eran: “la falta de instalaciones, espacio y tiempo”, lo cual siendo objetivo claramente no era el problema. Cada vez que este tema surgía entre nuestro grupo de amigos llegábamos a las mismas conclusiones, como que: “el colegio realmente no quería realizar el campeonato porque lo encontraban un capricho de un grupo menor”, “nadie va a pescar un campeonato de mujeres”,” vamos a dejar sin cancha para los recreos a los hombres más chicos”. Año a año se fue repitiendo esta dinámica, hasta que en el 2010, se generó un grupo considerablemente mayor de gente molesta por el tema. Este decidió generar un comunicado a toda la comunidad estudiantil, llegando al acuerdo de hacer una reunión entre distintos representantes implicados en el tema, centro de alumno y padres, con la dirección del colegio. Según lo que me contó en aquel entonces una compañera muy cercana a las personas que asistían a esta reunión, tanto el centro de alumnos y padres expusieron el problema, para luego proceder argumentar las compañeras presentes, a lo cual el colegio respondió: “Miren niñitas, este tema es complicado, el fútbol es un deporte que en muchos aspectos tiene violencia, alto contacto y una serie de actitudes que para la formación de una mujer, nosotros como institución no esperamos…”, y así procedió el argumento principal. La reunión duro alrededor de dos horas, los distintos individuos debieron de explicarle a los directivos que no existía ningún tipo de relación justificable entre practicar cualquier deporte y el sexo que lo lleve a cabo, para finalmente llegar a la resolución que a partir del próximo año (2011), se comenzaría con el campeonato de recreo de fútbol femenino. A pesar de esto, dentro del año que transcurrió varias veces converse con algunas compañeras sobre este tema, y lo que me llamo la atención es que más de alguna me mencionaba: “Ay no sé, ese deporte siempre lo he visto como suyo, que miedo la pelota y además como que desde chica siempre me enseñaron otros deportes”.
Es inevitable identificar en primera instancia un problema que surge desde la infancia, en donde en las primeras etapas de socialización a la mujer se le asignan ciertos cánones de comportamiento, lo cuales se le enseñan a reproducir hacia adelante. Por otro lado, asociado al primer problema existe un segundo el cual alude a la legitimación de un discurso en donde la acción tanto del hombre como la mujer, se encuentra en función de roles y las expectativas que se tengan respectivamente de cada uno de estos. Divisiones como estas –deportivas en este caso- no solo nos quitan la opción de ver posibles grandes jugadores de fútbol, sino que cooperan a generar lógicas de divisiones sexuales, como lo podría ser la del trabajo. En este caso estaremos perdiendo importantes potenciales de mujeres trabajadoras y muy capaces al igual que cualquier hombre, por lo que es importante al igual que mis compañeras generar espacios de dialogo sobre estas discriminaciones. Si bien se puede comprender que estas para generaciones anteriores no encuentran razón de ser por el contexto en el que les toco socializarse, no quiere decir que hay que justificarlas, sino que cooperar con re formular este tipo de pensamiento a través de la explicación.
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