En nuestro desenvolvimiento con el mundo, los seres humanos
interactuamos bajo diferentes patrones emotivos y de comportamiento, los cuales
en cierta medida se encuentran teñidos por impresiones primarias respecto al
mundo, las cuales repercuten en menor o mayor medida conforme avanzamos en
nuestras vidas. Remitiéndonos a aquel primer instante de instrucción y formación,
la familia se nos presenta como aquel núcleo inicial de enseñanza respecto a la
forma en que debemos relacionarnos con el mundo, en miras a un desenvolvimiento
“virtuoso” o “bueno” en el futuro.
Ver a la familia bajo los parámetros anteriores, implica
reconocer en su conformación la relevancia que adquiere en la instrucción de
individualidades. Los pensamientos que muchas veces creemos propios, la mayoría
de las veces exponen rearticulaciones de procesos mentados con anterioridad,
los cuales operarían bajo la lógica de debate y conflicto entre ideas propias
versus las emanadas desde el mundo externo. Ahora, aproximándonos a la temática
del género, la forma en que es entendida la familia en términos de roles
específicos y comportamientos esperados, puede ser vista como un mecanismo de reproducción
de desigualdades, o bien en algunos casos de aceptación respecto a estas
mismas.
Los modelos familiares, entendidos como tradicionales bajo
el nombre de católicos (aplicables a Chile), fueron una premisa a la hora de
buscar cohesión y puntos de conectividad dentro de una sociedad desarticulada.
La forma en que era entendido el genero opuesto, en términos de la pertenencia
a una familia, generaba fuertes implicancias en términos de la valoración
social percibida por el resto de la sociedad. Tener hijos sin estar casado, o
en casos mas extremos, vivir una vida sexual por decir libre, significaba un
rechazo hacia valores considerados como morales, y por ende, gozadores de un
status de supremacía divina frente a la mundanidad racional.
La entrada en juego del culto a la individualidad, sumado a
la aceptación de libertades civiles propias de cada persona por parte del
estado, en cierta medida genera un cambio a lo menos en los niveles discursivos
de discriminación, pues en la practica estos patrones continúan operando
independiente de las regulaciones. La relación entre practica y discurso se
podría abordar desde el punto de vista de la familia como reproductora de
desigualdades. Si los niveles de educación y no-discriminación esperados por
los códigos cívicos fueran efectivos con solo su redacción, nos encontraríamos
frente a un mundo de cambios instantáneos y no progresivos.
La apertura de las individualidades también genera nuevos
tipos de familias. La independencia cada vez mas creciente de las mujeres en
términos laborales y cívicos, expone en cierta medida una consecuencia positiva
de la creciente individualización del conocimiento. Muchas familias
anteriormente entendidas como disfuncionales por su no adecuación a patrones
tradicionales, hoy en día pueden encontrar cabida en los idearios gracias a su
multiplicidad innegable y repetitiva. La familia convencional y su
discriminación respecto a otros modelos para la conformación del hogar, generó
sin quererlo el espacio mediante el cual emergen tipos alternos a su lógica. La
dificultades para formar una familia bajo esos patrones, generaron una
constante revaloración de esa noción en una búsqueda por dar cabida a todos
dentro del termino.
En mi acercamiento con la discriminación de género, y en
relación a las experiencias sexistas descritas previamente mediante este blog, cada
narración encuentra componentes que emanan de alguna manera desde un cierto
tipo de núcleo familiar constituido bajo algún sistema de valores. En primer
lugar, la idea de la mujer bajo la figura de esposa, sin posibilidad de escapar
a su rol ligado al hogar, es una explicación coherente para la discriminación
que observe en el desierto Marroquí, al ser testigo del enfado de un hombre
mayor al ver a una niña jugando futbol. En un segundo lugar, el hecho de pensar
a modo tradicional las funciones de un hombre y mujer dentro del entorno del
hogar (hombre proveedor), generan un esclarecimiento respecto a la
estigmatización que sufrí al momento de cocinar para toda mi familia.
Las proyecciones y formas de convivencia de cada familia, se
posicionan como puntos primarios desde el que sus miembros pueden decidir
adherirse, o no a seguir esa lógica. La cada vez mas decreciente figura del
padre autoritario como fuente de respeto y acatamiento, ha perdido su peso
conforme la sociedad a rearticulado las formas que considera propias para la
consecución de su felicidad, en términos de la unión con sus cercanos. La
familia ya no es solo linaje, sino que el sentimentalismo y el amor percibido
han adquirido un status por sobre la predominancia de la sangre en algunos casos,
mientras en otros, la figura del huacho
continua repercutiendo hasta hoy.
Las diferencias existentes a nivel de familias exponen un
crecimiento en las comprensiones de estas mismas. Por más que sigan existiendo
modelos que se rigen por la forma tradicionalista, la verdad es que la mayoría
del tiempo no dejamos de asombrarnos respecto a las nuevas maneras en que esta
puede ser entendida. Generar experiencias donde se puedan compartir estas
visiones sin limites o yugos represivos, como por ejemplo el presente blog, es
una prueba de la gran diversificación con la que entendemos la discriminación
sexual, y por ende, de la cada vez mas creciente diversidad que esta buscando
ser interiorizada y comprendida como un estilo de vida valido frente a los ojos
del resto. Expresar de esta forma nuestras ideas (Blog), es una manifestación de
nuestra libertad individual a la hora de comprender el mundo. Es decisión de
cada una adecuarse, manifestarse o ser indiferente, pero demos gracias porque
existe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario