Los "hombres-roble".
Recuerdo cuando tenía entre 4 a 5 años de
edad, contra mis anhelos, estaba dentro de un jardín infantil. En una ocasión,
las “tías” del Jardín, nos empezaron a caracterizar tanto a los hombres como a
las mujeres. Nos decían, las mujeres son frágiles y hermosas como una flor, así
que hay que tratarlas delicadamente y los hombres, son fuertes y duros como un
roble. Siento que de alguna manera, me tome muy apecho este dicho.
Un día dentro del Jardín, me encontraba
jugando con unos compañeros y por “acto de desmitificación”, le di un golpe al
que se decía el más fuerte de todos los hombres y éste comenzó a llorar, y ahí, algo en mí no calzaba. Si él
era un hombre, no tendría porque estar rendido y llorando por un golpe, debería
levantarse e incluso hasta responderme, y él no me respondía, solo reclamaba
que le dolía y seguía llorando.
Luego, la “tía” del Jardín fue a consolar a mi
compañero que golpeé y me pidió que me disculpará con él, que entre compañeros
no se tienen que haber estas riñas. Y dentro mí, me cuestionaba ¿por qué tenía
que disculparme?, ¿hice algo indebido yo o él que lloró y así mismo me acusó?
La tía, apresuraba mi reacción, pero yo estaba en una contradicción, hice
sentir mal a alguien pero no sentí que tenía culpa y además, él no reacciono
del modo en como ellas mismas nos habían enseñado como somos nosotros “los
hombres-roble”.
Pasado un rato, me disculpe con mi compañero, y la tía nos pidió que nos diéramos un beso en la mejilla de despedida. Y ahí la contradicción se hacía presente de nuevo, ya que mis padres me habían dicho que los hombres no se besan con otros hombres (claramente como niño, exageré la situación y la conlleve a que tampoco nos podíamos besar en la mejilla). Dude mucho en hacerlo, pero al final lo hice y nos perdonamos con mi compañero, y seguimos jugando hasta que llegará la hora de irse.
- Érebos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario