23 de marzo de 2016



Los "hombres-roble".

Recuerdo cuando tenía entre 4 a 5 años de edad, contra mis anhelos, estaba dentro de un jardín infantil. En una ocasión, las “tías” del Jardín, nos empezaron a caracterizar tanto a los hombres como a las mujeres. Nos decían, las mujeres son frágiles y hermosas como una flor, así que hay que tratarlas delicadamente y los hombres, son fuertes y duros como un roble. Siento que de alguna manera, me tome muy apecho este dicho.


Un día dentro del Jardín, me encontraba jugando con unos compañeros y por “acto de desmitificación”, le di un golpe al que se decía el más fuerte de todos los hombres y éste comenzó a  llorar, y ahí, algo en mí no calzaba. Si él era un hombre, no tendría porque estar rendido y llorando por un golpe, debería levantarse e incluso hasta responderme, y él no me respondía, solo reclamaba que le dolía y seguía llorando.


Luego, la “tía” del Jardín fue a consolar a mi compañero que golpeé y me pidió que me disculpará con él, que entre compañeros no se tienen que haber estas riñas. Y dentro mí, me cuestionaba ¿por qué tenía que disculparme?, ¿hice algo indebido yo o él que lloró y así mismo me acusó? La tía, apresuraba mi reacción, pero yo estaba en una contradicción, hice sentir mal a alguien pero no sentí que tenía culpa y además, él no reacciono del modo en como ellas mismas nos habían enseñado como somos nosotros “los hombres-roble”.
 
Pasado un rato, me disculpe con mi compañero, y la tía nos pidió que nos diéramos un beso en la mejilla de despedida. Y ahí la contradicción se hacía presente de nuevo, ya que mis padres me habían dicho que los hombres no se besan con otros hombres (claramente como niño, exageré la situación y la conlleve a que tampoco nos podíamos besar en la mejilla). Dude mucho en hacerlo, pero al final lo hice y nos perdonamos con mi compañero, y seguimos jugando hasta que llegará la hora de irse.

- Érebos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario