Hace un tiempo, iba a juntarme con mis amigos en la casa de uno de ellos en la noche, pero dada la hora a la que sería y por lo
lejos que quedaba de la casa de la mayoría, íbamos a quedarnos a pasar la noche
ahí. Iban tanto amigos como amigas, por lo que no creí que sería problemático.
Pero al decirles a mis papás, ambos me miraron como si estuviera loca. En
seguida dijeron que no, y nada más. Al preguntar por qué, ellos sólo me
respondieron, “Porque es nada que ver que vayas a quedarte en la casa de
alguien más.” Simplemente tuve que resignarme a devolverme más temprano ese
día.
Sin embargo, lo que me causó
molestia y viene al tema del blog, es que un par de días después, mi hermano
dijo que tenía el cumpleaños de unas compañeras en un lugar a las afueras de
Santiago, por lo que iban a pasar toda la tarde ahí, hasta la mañana siguiente
al cumpleaños. Él en realidad no estaba muy interesado en ir, y fueron mis papás
quienes le insistieron que fuera, diciendo que “no fuera fome”, “fuera a
pasarlo bien un rato”, “saliera a conocer chiquillas” (ninguno de estos
argumentos sirvió realmente al final para convencerlo). En seguida, mi hermana
menor y yo intervinimos, y mencionamos cuando a mí no me dejaron salir aquella
vez que conté más arriba. Como es de esperar, la respuesta de mi mamá fue “es distinto porque
tú eres mujer”. Hasta ahí llegó la discusión.
En algunos casos, creo que puede
ser comprensible que los padres limiten un poco más a sus hijas por
preocupación de que les pase algo, pero el “ser mujer” no me parece una
buena razón como tal. Además, se ve una clara diferencia entre la respuesta
que me dieron a mí y la que le dieron a mi hermano. Tal vez incluso podría
verse una especie de doble sexismo: Tanto hacia mí por limitar mis permisos
sólo por el hecho de ser mujer, como hacia mi hermano, cuando lo calificaron
como “fome” por no querer salir.
Draven
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