23 de marzo de 2016

porque a ellas?

Al pensar sobre discriminaciones sexistas en mi vida cotidiana, se me vienen un sinnúmero de ideas a la cabeza ya que es algo muy  fácil de apreciar y vivenciar en el día a día, tanto hacia hombres como mujeres. Sin embargo son acciones que muchas veces pasamos por alto o simplemente no le damos mayor importancia, de tal manera que llegamos a justificar de cierta forma aquellas discriminaciones como algo común sobre lo cual no tenemos mucho que hacer.

Dentro de esas tantas experiencias que se me ocurren cuando me pongo a pensar en esto, una idea en particular se me viene a la mente que si bien por un lado me llamo bastante la atención, por otro lado, y al reflexionar un poco más en torno a ello, no me sorprende que haya sucedido.

El recién pasado fin de semana, yo, al igual que miles de jóvenes, niños y adultos, asistí al festival de música Lolla Palooza. Durante los dos días de recital, disfruté de la música que los artistas de alto renombre internacional nos brindaban, coreando y bailando al son de sus canciones. Sin embargo, cuando llegaba el momento de abandonar el Parque O’Higgins y la multitud comenzaba a dirigirse hacia el metro para llegar cada uno a sus respectivos hogares, el espacio del metro no daba abasto, por lo que se produjo un hacinamiento desde la salida del parque hasta la entrada del metro.

Entre esa multitud de personas, cada una velando por su propio bien, empujando y pasando a llevar a quien fuera para lograr atravesar la puerta del metro y lograr tomar el primer tren que lo llevara hacia la comodidad de su hogar, estaba yo, a pasos de lograrlo, tan cerca pero tan lejos. En eso, se asoma un guardia de seguridad entre las rejas implorando calma a la masa que se le abalanzaba encima, lo que claramente no ocurrió ya que cualquier cosa parecía totalmente banal comparado con el objetivo de llegar cada uno a su destino. Entonces, el guardia al ver tal desesperación en los presentes por ingresar al metro, comenzó a exigir que los hombres dejaran pasar a las “señoritas” –citando al guardia- por la puerta, para que no les pasara nada, a lo que todos reaccionaron con inmediatez sin pensarlo dos veces. Al parecer sí había algo más importante que llegar a sus respectivos hogares, y eso era defender y proteger a las pobres e indefensas mujeres que nos encontrábamos entre esa muchedumbre.

Si bien acciones y actitudes como estas se ven y viven con facilidad en el día a día, es algo que no puedo pasar por alto; que se vea a la mujer como el sexo débil no podemos seguir aceptándolo, o ¿es que acaso en esa situación las únicas que sufrían de calor y aplastamiento eran las mujeres? ¿Por casualidad no se les ocurrió que los hombres también necesitaban ayuda para lograr ingresar al recinto?


Galaxia

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