Es sabida la cantidad de acoso que reciben las mujeres en las calles por parte de los hombres y esta historia va en relación a esto. Durante el verano hice un paseo al cajón del maipo con unos amigos, tuvimos la suerte que esos días tuvieron un clima muy caluroso y por la misma razón cuando volvimos a Santiago decidí usar unos shorts cortos y una polera muy cómoda que permitieran no agobiarme con mi mochila en el trayecto en transantiago a mi casa.
Me subí a la micro y me senté entre la ventana y un caballero muy normal de al rededor de treinta años, y puse la abultada mochila sobre mis piernas de manera que no le estorbara a nadie, era un viaje de al rededor de 40 minutos hasta llegar a mi casa. Todo se desencadeno normal durante los primeros diez minutos en los que me entretuve escuchando música hasta que inesperadamente sentí el roce de unos dedos en mi muslo, me moví incómoda pero pensé que había sido accidental; otro minuto más tarde y la acción se repitió y ahí se me revolvió el estómago a causa del miedo.
Unos segundos más tarde volvió a ocurrir pero por más tiempo y atiné a acercarme a la ventana lo que más pude y lo miré de reojo para ver que el sujeto tenía la vista pegada en mis piernas sin ninguna vergüenza, fue terrible, trate de cubrirlas lo más posible con mi mochila y empequeñecerme de manera que no se repitiera la acción, no podía hacer nada más porque era presa del pánico de una manera en la que sientes ese vacío dentro de ti a causa del shock, sin poder encontrarte a ti mismo e impidiendo que pienses claramente.
Seguí observando fijamente de reojo al hombre de forma acusadora durante varios minutos y pasado un rato sentí que no volvería a hacer lo mismo ya que había desviado su atención al pasillo, pero me equivoqué ya que un rato más tarde, justo antes de bajarse él muy descarado se atrevió a poner toda su mano sobre mi rodilla a lo que yo atiné a correrme y alejarme lo más posible cerrando los ojos, un poco después lo vería presionando el botón para bajar mientras me sonreía y cerraba un ojo.
Al día siguiente se lo conté a un par de niñas que en ese tiempo consideraba mis amigas, una de ellas razonó a decirme que parte de la culpa era mía por usar shorts argumentando que ella no los usaba al salir de su casa porque era sabido todo el acoso que recibía la mujer en las calles haciendome sentir un poco culpable y la verdad es que no sé que es más terrible, si su manera de internalizar una conducta sexista la que obviamente puse en tela de juicio o bien volver a pensar en esta historia y que en el momento no me atreví a hacer nada presa del miedo.
Grenouille.
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