20 de abril de 2016

¿La teoría es tan evidente en la acción?

Un día domingo en plenas vacaciones de verano, estaba con tres amigos compartiendo cervezas y conversaciones en el barrio bellavista, en un local llamado Hardvard. Discutía en particular con uno de ellos sobre diversos temas que tenían que ver con los roles de género, la manera de establecer relaciones sociales gracias a estos roles, las relaciones de dominación, entre otros, puesto que este amigo se consideraba feminista y me interesaba saber sus posturas. Ya el alcohol comenzaba a hacer sus efectos cuando otro de mis amigos quiso juntar mesas con un grupo de mujeres que estaban al lado, ellas aceptaron y todo fluyo como era de esperarse, buenas conversaciones, risas y alcohol. El bar comenzó a cerrar y propusimos a las chicas seguir compartiendo un pedazo de nuestras vidas en otro lugar, en una tribuna que hay al costado de la casa de Pablo Neruda “La Chascona”. A medida que pasaba el tiempo comenzaban a irse algunas chicas, hasta que finalmente nos encontrábamos en el lugar mis tres amigos, una de las mujeres que habíamos conocido y yo. El alcohol ya había cesado y nos encontrábamos todos borrachos pero lúcidos, a excepción de la niña que se había quedado, quien estaba muy poco lúcida, apenas se entendían sus palabras, oraciones y se balanceaba de lado a lado en su puesto. Yo pensaba en aquel momento lo valorable de ella en primer lugar, el quedarse con nosotros cuando sus amigas comenzaron a retirarse, el seguir consumiendo alcohol con nosotros sin problemas ni prejuicios, sin embargo a la vez pensaba en lo irresponsable que podría haber sido el quedarse puesto que no nos conocía y la violencia hacia las mujeres es latente y cotidiano en estos tiempos. No sabía que pensar al respecto, no obstante decidimos irnos del lugar puesto que  ya no quedaba alcohol y ya nos encontrábamos lo suficientemente borrachos. Mientras caminábamos me fije que uno de mis amigos conversaba con ella y la sostenía puesto que tenía dificultades para caminar por sí sola. Finalmente llegamos a la alameda y el momento de despedirse llegó, yo junto a un amigo nos vinimos en dirección a Maipú y mis otros dos amigos con la chica se fueron hacia otra dirección, ya que habíamos acordado que se encargarían de que ella llegara bien a su hogar a raíz de que ellos se movilizaban en auto. A los días me entere que no fue así, que uno de mis amigos terminó teniendo relaciones sexuales con ella en el auto de mi amigo supuestamente feminista y luego le dieron plata para que se fuera en taxi. Cuando los increpé por esta acción, la respuesta fue que no le encontraban lo malo, que no captaban o no veían claramente la relación de dominación o machismo que se evidencia en una sociedad patriarcal en aquella acción en particular, que “no estaba tan curada tampoco”, “que si se quedó y se curó tan relajadamente fue porque sabía que podía suceder y que no le importaba”, lo cual a mí me dejo muy pensativo.

El ventiladors.

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