Un día domingo en plenas
vacaciones de verano, estaba con tres amigos compartiendo cervezas y
conversaciones en el barrio bellavista, en un local llamado Hardvard. Discutía
en particular con uno de ellos sobre diversos temas que tenían que ver con los
roles de género, la manera de establecer relaciones sociales gracias a estos
roles, las relaciones de dominación, entre otros, puesto que este amigo se
consideraba feminista y me interesaba saber sus posturas. Ya el alcohol
comenzaba a hacer sus efectos cuando otro de mis amigos quiso juntar mesas con
un grupo de mujeres que estaban al lado, ellas aceptaron y todo fluyo como era
de esperarse, buenas conversaciones, risas y alcohol. El bar comenzó a cerrar y
propusimos a las chicas seguir compartiendo un pedazo de nuestras vidas en otro
lugar, en una tribuna que hay al costado de la casa de Pablo Neruda “La
Chascona”. A medida que pasaba el tiempo comenzaban a irse algunas chicas,
hasta que finalmente nos encontrábamos en el lugar mis tres amigos, una de las
mujeres que habíamos conocido y yo. El alcohol ya había cesado y nos encontrábamos
todos borrachos pero lúcidos, a excepción de la niña que se había quedado, quien
estaba muy poco lúcida, apenas se entendían sus palabras, oraciones y se balanceaba
de lado a lado en su puesto. Yo pensaba en aquel momento lo valorable de ella
en primer lugar, el quedarse con nosotros cuando sus amigas comenzaron a
retirarse, el seguir consumiendo alcohol con nosotros sin problemas ni
prejuicios, sin embargo a la vez pensaba en lo irresponsable que podría haber
sido el quedarse puesto que no nos conocía y la violencia hacia las mujeres es
latente y cotidiano en estos tiempos. No sabía que pensar al respecto, no obstante
decidimos irnos del lugar puesto que ya
no quedaba alcohol y ya nos encontrábamos lo suficientemente borrachos.
Mientras caminábamos me fije que uno de mis amigos conversaba con ella y la
sostenía puesto que tenía dificultades para caminar por sí sola. Finalmente
llegamos a la alameda y el momento de despedirse llegó, yo junto a un amigo nos
vinimos en dirección a Maipú y mis otros dos amigos con la chica se fueron
hacia otra dirección, ya que habíamos acordado que se encargarían de que ella
llegara bien a su hogar a raíz de que ellos se movilizaban en auto. A los días
me entere que no fue así, que uno de mis amigos terminó teniendo relaciones
sexuales con ella en el auto de mi amigo supuestamente feminista y luego le
dieron plata para que se fuera en taxi. Cuando los increpé por esta acción, la
respuesta fue que no le encontraban lo malo, que no captaban o no veían
claramente la relación de dominación o machismo que se evidencia en una
sociedad patriarcal en aquella acción en particular, que “no estaba tan curada
tampoco”, “que si se quedó y se curó tan relajadamente fue porque sabía que
podía suceder y que no le importaba”, lo cual a mí me dejo muy pensativo.
El ventiladors.
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