21 de abril de 2016

Maldita rutina

Como día viernes me preparaba para salir a carretear ni mayores novedades, me iba a juntar con una amiga a la que no veía desde hace mucho tiempo,  una mujer con arto carácter anti machismo generalmente súper empoderada en su feminidad.

 Después de estar compartiendo un rato y actualizarnos sobre los hechos cercanos que habían ocurrido hablando de cercanos y el entorno, le empecé a comentar sobre esta modalidad de blog que nos pedían hacer en el ramo de estratificación y desigualdad II, a ella le llamo mucho la atención y me empezó a contar una historia que le había ocurrido que me resulto súper impactante y llamativa.

Intentare ser lo más preciso que pueda, teniendo en cuenta que nos encontrábamos en una fiesta y con un grado de lucidez reducida.

Lo que ella me contó fue lo siguiente:
Era un día de abril más o menos a mitad de la tarde.
 Yo iba a la casa de una compañera con la cual me había quedado de juntar. El metro generalmente está lleno, y sobre todo en las combinaciones, mucha gente se baja del vagón y mucha se sube. La cuestión es que yo ya había hecho la combinación hacia los dominicos, cuando en compañía de una masa de gente caminando en dirección contraria a la mía, pasa un tipo y me toca el muslo y luego el trasero, digo me “TOCA” porque puso su mano en tal posición, para poder “rozarme” sin que yo pudiese saber con seguridad que me había tocado con tal intensión. No alcance a hacer nada, íbamos en direcciones contrarias, el se fue caminando con la masa sin embargo yo tengo la certeza de que él me toco con mucha intensión. Sentí impotencia, rabia y pena. Impotencia por no poder hacer nada, por no defenderme, por no poder golpearlo o encararlo (pienso en ¿qué hubiese hecho si lo hubiese podido encarar? yo sola peleando con una persona que lo negara hasta la muerte), Rabia porque un hombre toco mi cuerpo sin mi permiso y pena porque no  es la primera vez que me pasa y porque sé que no será la última vez.

Quizás lo más terrible no es que me haya pasado una vez, si no que desde niña (12 años) he vivido en carne propia el acoso sexual en la calle, sea verbalizado o físicamente, recuerdo que con 12 años ya me gritaban cosas relacionadas con mi trasero, mi vagina, o lo que fuese que les llamara más la atención, me han susurrado al oído cosas que ni siquiera me gustaría recordar, de la mano con mi mama nos han molestado a las dos, me han seguido con vehículo mientras camino, entre otras cosas más que tienen que ver con lo mismo. 


Después de que mi amiga me contó esto yo quede súper pensativo , al otro día me desperté medio mareado y deshidratado pero aun recordaba lo que me había contado la flaca ayer ,  me dio rabia y impotencia la actitud de ciertos hombres descriteriados  que sin importar edad y condición acosan a las mujeres , me puse a pensar que quizá mi mamá y mis hermanas cuantas veces tuvieron que pasar por una situación similar, teniendo que aguantarse y morderse la lengua ante este tipo de hechos  , que al fin y al cabo lo único que generar es que se les encasille a todos los hombres bajo esa sombría y obsena imagen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario