Hace cuatro años aproximadamente se hizo popular en nuestro
país un tipo de entrenamiento físico, llamado “Pole Dance” o más conocido el
baile del caño, esta novedad me llamó la atención y con una amiga comenzamos a
buscar información para asistir juntas a las clases, lo primero que me impresionó
fueron los comentarios de diversos vídeos de YouTube, si bien
nosotras buscábamos mejorar nuestra condición física con este tipo de
ejercicios, muchos comentarios que vimos en los vídeos eran realmente
agresivos, e incluso la mayoría de estos eran mujeres las que atacaban esta
práctica, disminuyéndola sólo a lo sexual, a pesar de leer diversos tipos de
comentarios descalificativos sobre la
conducta de las mujeres que ejercían esta práctica decidimos asistir a las
clases, debo reconocer que fueron muy duras especialmente porque no estaba
acostumbrada a este tipo de entrenamiento, si bien las clases iban enfocadas a
mejorar el estado físico los comentarios que se tendían a escuchar tenían
otro sentido, y me daba cuenta al conversar que la mayoría de las alumnas
habíamos recibido por parte de cercanos diversas críticas, casi todos en tono
de burla, lo frecuente era "que no es un estilo para señoritas", “¿luego
vas a trabajar en un café?” o “para esto tienes que tener un buen cuerpo”, cabe
destacar que había un solo compañero en la escuela, quién ya llevaba meses
entrenando, “¿cómo se te ocurre hacer eso que es pa’ minas?”, “¿eri hueco,
eri puto?” le decían algunos de sus conocidos, quienes claramente pensaban que esta
actividad tiene como objetivo sólo el entretenimiento del hombre.
Recuerdo luego de un tiempo practicando Pole Dance asistí a
la junta anual familiar, en dónde todos compartimos y nos ponemos al día sobre
nuestras actividades, de un momento a otro esta práctica fue parte de la
conversación, si bien algunos lo encontraron una manera original de hacer
actividad física, otros -incluso de quienes menos me lo esperaba- comentaban
sobre lo vulgar que era y hasta se preguntaban por qué mis papás gastaban plata
“para bailes para el pololo” o “bailes de prostituta” en un tono burlesco,
siendo común que siempre defienda lo que hago o pienso y siendo un tema ya discutido
antes en el núcleo familiar, esta vez quedé sin palabras, no podía creer como
ese pensamiento salió de personas que se hacen llamar abiertos de mente. Al
pasar los meses dejé de asistir a clases por falta de tiempo, pero aún me queda
ese trago amargo sobre la percepción que todavía tienen personas -y no sólo
gente de edad avanzada- sobe esta práctica.
Marie Laveau
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