19 de abril de 2016

Pole Dance

Hace cuatro años aproximadamente se hizo popular en nuestro país un tipo de entrenamiento físico, llamado “Pole Dance” o más conocido el baile del caño, esta novedad me llamó la atención y con una amiga comenzamos a buscar información para asistir juntas a las clases, lo primero que me impresionó fueron los comentarios de diversos vídeos de YouTube, si bien nosotras buscábamos mejorar nuestra condición física con este tipo de ejercicios, muchos comentarios que vimos en los vídeos eran realmente agresivos, e incluso la mayoría de estos eran mujeres las que atacaban esta práctica, disminuyéndola sólo a lo sexual, a pesar de leer diversos tipos de comentarios descalificativos sobre la conducta de las mujeres que ejercían esta práctica decidimos asistir a las clases, debo reconocer que fueron muy duras especialmente porque no estaba acostumbrada a este tipo de entrenamiento, si bien las clases iban enfocadas a mejorar  el estado físico los comentarios que se tendían a escuchar tenían otro sentido, y me daba cuenta al conversar que la mayoría de las alumnas habíamos recibido por parte de cercanos diversas críticas, casi todos en tono de burla, lo frecuente era "que no es un estilo para señoritas", “¿luego vas a trabajar en un café?” o “para esto tienes que tener un buen cuerpo”, cabe destacar que había un solo compañero en la escuela, quién ya llevaba meses entrenando, “¿cómo se te ocurre hacer eso que es pa’ minas?”, “¿eri hueco, eri puto?” le decían algunos de sus conocidos, quienes claramente pensaban que esta actividad tiene como objetivo sólo el entretenimiento del hombre.

Recuerdo luego de un tiempo practicando Pole Dance asistí a la junta anual familiar, en dónde todos compartimos y nos ponemos al día sobre nuestras actividades, de un momento a otro esta práctica fue parte de la conversación, si bien algunos lo encontraron una manera original de hacer actividad física, otros -incluso de quienes menos me lo esperaba- comentaban sobre lo vulgar que era y hasta se preguntaban por qué mis papás gastaban plata “para bailes para el pololo” o “bailes de prostituta” en un tono burlesco, siendo común que siempre defienda lo que hago o pienso y siendo un tema ya discutido antes en el núcleo familiar, esta vez quedé sin palabras, no podía creer como ese pensamiento salió de personas que se hacen llamar abiertos de mente. Al pasar los meses dejé de asistir a clases por falta de tiempo, pero aún me queda ese trago amargo sobre la percepción que todavía tienen personas -y no sólo gente de edad avanzada- sobe esta práctica.


Marie Laveau

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