Hace unas semanas,
una amiga de mi papá me pidió si podía cuidar a su hija de 9 años (a la que
llamaremos Ana para no decir su nombre real), y yo feliz acepté.
Cuando recién
llegué, ella se comportaba de forma bastante tímida, pero comimos, jugamos con
los juguetes que tenía y de a poco fuimos conversando más y generando confianza.
Cuando ya era más tarde, fuimos a ver
televisión. No recuerdo qué programas
vimos, pero la mayoría de las veces que salía una mujer en algún programa o
comercial (aunque ésta fuera una caricatura y no una mujer real) Ana me decía
“Qué flaca ella, ¿verdad?”, “Qué bonita ella, es muy flaca”, “Ella es rubia y
blanca, así que es linda”, y otras cosas por el estilo. Pero realmente lo digo,
afirmaba eso con personajes que eran de películas animadas con cuerpos excesivamente
flacos, o con el pelo de características exageradas. Ante esto yo no supe
realmente qué decirle, salvo que no porque una sea flaca es necesariamente
bonita, o que la belleza no está sólo en un tipo de físico, cosas que podrían
sonar un poco cliché.
Creo que es
notorio, sabemos que en nuestra sociedad actual estamos dando por sentado que
la principal, o la heroína de una película (y lo héroes también, hay que
agregar) e incluso las mujeres promedio, deben cumplir con ciertos estereotipos
o características físicas para ser quienes son y tener cierto valor para la
sociedad. Es obvio al ver propagandas, películas, revistas, lo que sea. Sin
embargo, fue muy distinto para mí tener conciencia de que esto es así, y el
hecho de que una niña de 9 años lo hiciera notar.
Vale preguntarnos qué estamos
haciendo con la visión que tendrán los niños y las niñas de hoy en el futuro acerca de qué
es lo que estará bien para la sociedad, qué será lo que intentarán cumplir para
sentirse seguros con ellos mismos. Qué estamos haciendo con su autoconfianza y
su crítica al resto, sobretodo en un país en donde la gran mayoría somos
descendientes, aunque sea de forma indirecta, de mapuche.
Por lo tanto, en
pocas palabras, creo que debemos tener más conciencia sobre los cánones de
belleza. Quizás los medios y la entretención no cambien lo que dan a ver, pero
es deber nuestro generar más conciencia de que la realidad no es así. Y no sólo
eso, es deber nuestro también transmitir aquélla crítica a niñas como Ana, una bella niña pequeña de pelo café y piel morena, hacerles saber que el valor que tienen no tiene que ver con irreales y exagerados
estereotipos de la sociedad.
- Draven
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