Recuerdo que cuando aún estaba en el
colegio, en la enseñanza media, cada semana que teníamos clases de educación
física, los profesores nos separaban entre hombres y mujeres. A los hombres nos
hacían trotar alrededor de la cancha del colegio mientras que a las mujeres
otro tipo de ejercicios. En este momento, mientras trotábamos, los compañeros
de curso empezábamos a charlas, contar historias y demás.
En uno de estos momentos durante la clase
de educación física, mientras hablábamos surgió el tema de qué habíamos hecho
el fin de semana recién pasado (considerando que era un día lunes), ante esto
surgió un tema común –entre varios compañeros– de haber salido a carretear y que se agarró a tal mina o que se
metió con tal mina. Ante varias historias similares a estas, uno de mis
compañeros que estaba en el grupo empezó a contar sobre lo que había hecho el
fin de semana, contó que había estado carreteando
a orillas del río Mapocho (que quedaba cerca de su casa) con unos vecinos, y
que avanzada la noche terminó dándole un beso a otro hombre. Todo esto lo contó
de una manera muy tranquila como cualquiera de las otras anécdotas de fin de
semana contadas anteriormente. Luego de terminar de contar su anécdota, varios
compañeros lo quedan mirando, a lo que algunos hacen ademán de salir corriendo
y otros directamente empiezan a reírse y decir cosas como: “como te comí un hombre”, “soy homosexual”, “lo que andai haciendo…” y cosas por el estilo, junto con varios
gestos de alejamiento hacia este. Luego de esto, lo siguieron molestando, a
veces incluso hasta hoy (cosa que para sus amigos más cercanos no es tema)
algunos excompañeros.
El recordar este hecho de hace bastantes
años, me hace pensar en la formación de otro que no es reconocido, como en este
caso la distinción de lo Heterosexual versus todo lo que no calce con esta y
sus prácticas.
Outis
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