20 de mayo de 2016

Sola por la calle, no.

-Un par de semanas atrás, al finalizar mi día en la universidad, me encontraba camino al metro al igual que cualquier otra tarde para irme a mi casa.
 De repente, sentí vibrar mi teléfono por una llamada, se trataba de un número desconocido, pero al contestar me di cuenta inmediatamente por la voz de que se trataba de una amiga mía muy cercana. La Vale (mi amiga) se encontraba muy asustada y agitada por lo que le pregunté rápidamente si le había pasado algo, a lo que ella me respondió que la habían asaltado recién. Le pregunté donde estaba y emprendí rumbo a acompañarla para tranquilizarla y hacer la correspondiente denuncia.
Cuando llegué a Irarrázaval, que era donde asaltaron a mi amiga, me costó un poco encontrarla, ya que, no tenía su celular y además ambos somos de Puerto Varas por lo que movernos por Santiago no es nuestra especialidad. Estuve buscándola por unos cinco minutos, hasta que la encontré sentada, muy asustada y llorando así que  lo primero fue calmarla. Una vez más tranquila, me contó que un hombre había salido corriendo con su mochila que estaba junto a ella en la plaza en la que se encontraba y que esta tenia varios cuadernos de la universidad, su teléfono y billetera. Le dije que lo primero que teníamos que hacer era ir a carabineros para dar aviso del robo y para que hicieran los respectivos trámites de bloqueo de documentos.
Cuando llegamos a la comisaria más cercana, nos atendió rápidamente un carabinero de unos 35 años, que al parecer no había tenido un muy buen día, ya que desde que comenzamos a hablar con él, su tono fue extremadamente serio y hasta un poco despectivo. Procedió a hacerle ciertas preguntas a mi amiga y una vez terminados los trámites, nos acompañó a la salida.
Cuando nos estábamos despidiendo de él y dándole las gracias, el suboficial de carabineros le pregunta a mi amiga: Entonces señorita, ¿cuál es la moraleja?. La Vale lo miro con cara de desentendimiento por unos segundo y el carabinero respondió la pregunta por ella, diciéndole que no podía andar sola por la calle, que si tuviera un pololo o un hombre que la acompañe los ladrones la pensarían dos veces antes de acercársele. Mi amiga, con una cara de indignación que pocas veces en la vida le he visto, le respondió que si él hiciera bien su pega y los hombres no fueran unos ''rancios'', ella no tendría porqué tener miedo de andar sola por la calle.
Después de este cruce de palabras, el ambiente con el carabinero se puso un poco tenso, así que le dije que nos fuéramos, que la invitaba a tomar un helado para pasar el mal rato. Una vez encaminados en búsqueda de una heladería, los dos nos fuimos comentando lo estúpido que fue el comentario del carabinero y de cómo muchas veces la gente ve a la mujer como un ser tremendamente más indefenso ante los males de la sociedad, en comparación a los hombres.



Negro.

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