En lo que respecta a mí experiencia en la
historia: “Cardiólogo”, relaciono lo que se presenta en la historia con la
temática de los roles de género, en relación a la vida cotidiana y, sobre todo,
en el ámbito privado, el cual se suele transgredir.
El principal hecho, o también desde el
principal personaje en que se puede ver, es en mi madre. Cuando ella comienza a
criticar el comportamiento “suave” y relajado del médico, ya que según la misma
no corresponde al rol que, como hombre, debería cumplir y, en cambio,
corresponde según ella, es un rasgo más bien femenino del médico. Todo esto
termina derivando en que mi madre comience a discutirme sobre cuál será la “inclinación”
sexual del médico, o cuál es la justificación de su comportamiento, de manera
reiterada y asombrada.
Al hacer esto de iniciar una discusión sobre
cualquiera que fuesen los gustos de mi médico, se puede suponer que ella intenta
cumplir cierta función de supervisora de las personas y su género, de “la
normalidad”. Vigilante de que un hombre no sea, por ejemplo y entre otras
cosas, femenino. Mi madre se empeñaba en argumentar, apoyada en la costumbre de
que, en el rol del hombre, éste no es tan suave y que no es femenino. Para ella
eso era muy extraño y no se complicaba por juzgarlo ante mí, como si quisiera
darme un ejemplo del porqué su modo de actuar no es el correcto, como si quisiera
inculcarme cierta normalidad inventada.
En lo personal la experiencia de tener que
detectar y relatar historias personales que tengan, en primera instancia, el
género como tema (cosa anormal queramos o no), luego la violencia en sus
diferentes formas y grados, me parece fructífera y retroalimentaría. La
secuencia de pasos para encontrar una experiencia ideal para relatar y, además,
analizarla me ha servido más que cualquier otro ejercicio académico para fomentar
en mí una mirada crítica respecto a la vida cotidiana.
El mismo ejemplo de mi historia, pocas veces
pensé que mi madre era una persona directamente machista. Luego de estos
ejercicios no puede pasar una semana sin que me dé unas cinco frases en las
cuales pensar. También me he dado cuenta que me he criado en una familia
machista, y lo peor, una familia “normal”, lo que me parece el más fuerte y
peor método para reproducir la desigualdad de género.
Otra cosa que rescato del tipo de ejercicio de
la narración de hechos cotidianos, es
que, a diferencia de la crítica academicista clásica, la que implica por lo
general rebatir teorías con más y diferentes teorías, también esperar el
momento indicado para verlas en la práctica; el ejercicio de encontrar situaciones
cotidianas para romper con una tradición mental, la que implica discriminación
y violencia constante contra cualquier rol de género que contradiga la heteronormatividad;
es un ejercicio de mayor abstracción, ya que me ha implicado llegar al origen
de la desigualdad diaria, en cada pequeña historia que se ha presentado en mi
mente a la hora de elegir una; también implica relacionarlo con el desarrollo
histórico visto en clases de la desigualdad en el país.
Como actividad dirigida a desnaturalizar la
desigualdad es certera, ya que es el primer objetivo que cumple. Y si no fuera
así, sigue siendo el que mejor cumple.
Hammond Druthers.
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