En la casa de mi tía, hace muchos años que trabaja una señora haciendo el aseo y cocinando. A mediados de enero, “Mónica” salió de vacaciones y en su reemplazo dejó a su sobrino Juan, un joven de aproximadamente 21 años que pronto entraría a estudiar enfermería. Juan proviene de una familia Peruana de cultura muy machista, por ende se le ha hecho muy difícil que sus pares entiendan que está haciendo “labores de mujeres”. Por ésta razón, él ha tenido muchos problemas en su casa, ya que lo insultan diciéndole que es “gay” o “afeminado” y que debe dedicarse a la construcción o a algo más de “machito”. En su defensa, Juan responde que le acomoda este trabajo y que ambos sexos se pueden hacer cargo de aquello.
Por otro lado, si bien Juan es gay, el mismo reconoce que se le hace muy difícil contarles a sus padres y familiares, ya que en varias ocasiones ellos han sospechado y le han dicho que sería una “deshonra” para la familia e incluso han ido más allá diciéndole que por las noches “se vende”, teniendo esto consecuencias muy dolorosas para él que lo llevan a optar por ocultar su condición y arrástralo como un secreto. Finalmente, cabe mencionar que en contadas ocasiones he sido testigo del mal trato que se lleva Juan tanto en la calle como en su vida íntima, por su homosexualidad, por su “secreto” y su supuesta “femineidad” traduciéndose en una vergüenza y frustración para él, sin tener un apoyo donde pueda desahogarse y ser feliz. De esta forma, considero que este tema da mucho para reflexionar, principalmente en el sentido de cómo es el trato con las personas que no siguen las normas establecidas por la sociedad y lo tajante que somos a veces con ellos.
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