24 de marzo de 2015

Sexismo en la cancha


Cubierto bajo el sol del Sahara, escondido entre piedras rojizas y arenas policromadas, se guarda un tabú jerárquico del mundo humano. Me refiero a aquel que es capaz de nublar los ojos frente al improvisto, convirtiendo de esta manera a los géneros en objetos de juicio, por lo conservador o algo contrario. Son solo meras formas de confirmar la influencia de hombres banales, meros entes que habitan lo mundano.

A modo milenario, el islam se hizo parte en la historia de ese pueblo libre sin fronteras. El estilo Beréber en peligro frente a barreras que evitan a toda costa la asimilación, convirtiendo de esta manera a hombres y mujeres en prisioneros de su entorno, sin espacio para el escape o razón alternativa; ese momento en que lo extraño se convierte en rutina.

Al mirar con mas detención y encanto a la población refugiada en aquel mundo hostil y contradictorio moralmente, fue que encontré figuras occidentales universales y masificadoras. Un campo de futbol aparece en el entrever de lo ajeno, volviendo mas familiar la diversión de aquel pueblo. Observando detenidamente noté aquel velo femenino casi difuminado, corriendo entre los hombres, buscando derribar barreras en un mundo que las presupone de antaño.

Frente a tal asombro, los hombres no encontraron palabras ni gestos, siendo de esta maneras tarea de espectadores longevos equiparar la cancha que aquella mujer había desecho y desvirtuado con su presencia. Como buitres tras su presa, los hombres se hicieron a aprisionarla, no en el sentido literal claro, solo buscando dejar un punto en claro: los hombres en su oficio, las mujeres al domicilio. Lo anterior en palabras simples, pues no manejo tanto el tono de un Beréber empedernido, cegado ante la destrucción de un equilibrio, al ver que el mundo “normal” pende sobre un hilo.

Sentí extrañeza, tal vez un poco de desprecio, pero a fin de cuentas quien es uno, como extranjero, para criticar un sistema alterno. Tanta  enemistad percibida, pero sin embargo la gente continuo su día. Sin titubear o recodar el hecho, tratando de olvidar el quiebre a la regla, una dislocación de genero y norma. Esa misma, aquella que se presentaba como una loca frente al resto, pero la verdad yo no dejo de sentir encanto y apreciar su valentía sin ser mas honesto.

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