24 de marzo de 2015

Educación sexista

 En Segundo medio, es hora de ir a mi gira de estudios, en donde todos con mucho entusiasmo disfrutábamos de las playas de Brasil. Es evidente que muchos y muchas quieren disfrutar al máximo éste viaje y yo por lo mismo me encargué de conocer a muchas personas y realidades diferentes a la mía. Un día, decidí ir a la pieza de amigos nuevos de otras ciudades y colegios de Chile. En ella había mucha gente, sin embargo todos eran hombres. Yo  sabía que estaba rompiendo las reglas,  es decir no salir desde una hora predeterminada de mi pieza, lo hice de todos modos. Cuando mi profesor me encontró en una pieza ajena, rompiendo las reglas que el había impuesto se enojó bastante, pero no debido a que yo había desafiado su autoridad sino que en realidad iba más allá de eso. El día después,  el profesor hace una reunión con todas las profesoras mujeres que nos habían acompañado,  él allí me dice que me tienen que devolver a Chile debido a que yo había estado en una pieza con muchos hombres y eso no correspondía, una mujer no debía tener tales actitudes. Yo en  cambio no creía eso, no sentía que estuviese mal haber estado conversando y escuchando música hasta tarde con otros hombres sino que más bien yo reconocía el error de no respetar las reglas que había aceptado al asistir a ese viaje. Mi profesor y mis dos profesoras me miran con cara de reproche, con cara de que el trasfondo de mi acto fuese moralmente incorrecto.  Proceden a llamar al director de mi colegio, todos me observan y hablan de mi como si fuese el peor ejemplo a seguir. ¿Qué hubiese pasado si fuera hombre?. El profesor jefe prontamente me manda a dormir a la pieza de las profesoras para que aprenda buenas actitudes, moralmente correctas por supuesto. Al llegar a Chile, me cancelan la matricula.
Yo creo que institucionalmente hubo una persecución contra mí, por diversos factores, tal vez, el hecho de que fui la excepción a la regla  fue un agravante, sin embargo nunca olvidaré la cara de mi profesor contándole a él resto de los padres, de mis compañeros, de mis profesores, haciendo pública una situación tan "engorrosa" para el. Puede ser que haya sido mala alumna, que haya tenido malas notas, que haya sido falta de respeto, que me haya dedicado a el movimiento estudiantil, pero el profesor y el resto de los profesores solo se dedicaron a discutir lo inmoral de el hecho de haber estado en una pieza con hombres, y no a mi falta de excelencia académica, no a mi falta de respeto, y no a mis características que me hacen ser persona, sino que a las diferencias que me hacen distinta a el hombre,  y que por tanto  me hacen ser mujer.
Luego de 12 años en el mismo colegio en una votación con todos los profesores del colegio, gané por tan solo un voto a mi favor. Allí descubrí que muchos hablan sobre entender al resto, sobre una enseñanza personalizada, sobre cambiar la educación desde todos sus paradigmas atrasados, pero no son capaces de entender que una mujer puede relacionarse con hombres y que esto no la convierte en prostituta. Que una mujer puede ser y relacionarse con su entorno como quiera, sin tener nada ni nadie que convencer ni satisfacer. Porque una mujer es libre en tanto ella se comprende como libre. Aún sigo esperando que ellos se arrepientan, que comprendan lo mal que me hicieron, lo mal que me dejaron frente al resto, lo innecesario que fueron sus comentarios, desagradables y malintencionados. Yo nunca pedí perdón por ser mujer, y tampoco lo haré. Tampoco por creer en lo que creo ni ser como soy, ni menos vivir en una sociedad sexista.

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