24 de marzo de 2015

Me dijeron "poco hombre" por depilarme las piernas.

Cuando tenía 15 años y jugaba fútbol en las cadetes de Deportes Copiapó, usualmente yo solía depilarme las piernas constantemente todas las semanas por un tema de higiene y por prevenir una infección en caso de una herida expuesta o cualquier tipo de lesión, ya que los jugadores estamos muy expuesto a recibir patadas y ocasionarnos diversas lesiones. El tema es que un día me estaba depilando en mi casa, cuando llegó una tía muy cercana, mi madrina y ella me manifestó que ¿Cómo podía ser posible que un hombre pudiera estar depilándose cuando esa práctica era única y exclusivamente de las mujeres?, entonces de pronto yo le explique que era por un tema de higiene y que me servía para prevenir una infección en caso de tener una herida expuesta en cualquier zona de la pierna, de hecho le dije que si tenía la oportunidad de ver fútbol por la televisión que se fijara en los futbolistas profesionales que usualmente también se depilaban por el mismo motivo. Entonces en ese momento ella quedo sorprendida y me dijo que: “el hombre tiene que ser feo, peludo y hediondo”. Comentario que me pareció demasiado fuera de lugar y que en ese momento me hizo sentir la sensación de que al realizar ese tipo de práctica perdía un poco ese carácter de masculinidad que me caracterizaba. Es decir, del hecho de jugar al fútbol, un deporte de habilidad, de rapidez, destreza y rudeza, pasaba a ser “poco masculino” por el simple hecho de depilarme las piernas, por lo tanto, su comentario era totalmente sexista y apuntaba a identificar que ciertas prácticas, especialmente las que están estrechamente relacionadas con la belleza son exclusivamente de las mujeres, dejando al hombre, totalmente excluido casi sin opción de escoger si se quiere arreglar estéticamente. Más aún, me llamo la atención el hecho de que yo ya le había explicado que no era por un tema de estética, sino más bien por un tema de salubridad si así podemos llamarlo. Sin embargo, mi explicación no fue lo suficientemente significativa para cambiar su percepción acerca de esa práctica en particular, por lo que cual decidimos dejar de conversar ya que ella simplemente no lograba entender que un hombre se depilara, ni mucho menos dejaba la posibilidad abierta para que un hombre pudiera eventualmente preocuparse de su imagen personal, finalmente se retiró del lugar que estábamos conversando señalando en voz baja que esa práctica era de “poco hombre”. 

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