Cuando tenía 15 años y jugaba
fútbol en las cadetes de Deportes Copiapó, usualmente yo solía depilarme las
piernas constantemente todas las semanas por un tema de higiene y por prevenir
una infección en caso de una herida expuesta o cualquier tipo de lesión, ya que
los jugadores estamos muy expuesto a recibir patadas y ocasionarnos diversas
lesiones. El tema es que un día me estaba depilando en mi casa, cuando llegó
una tía muy cercana, mi madrina y ella me manifestó que ¿Cómo podía ser posible
que un hombre pudiera estar depilándose cuando esa práctica era única y exclusivamente
de las mujeres?, entonces de pronto yo le explique que era por un tema de
higiene y que me servía para prevenir una infección en caso de tener una herida
expuesta en cualquier zona de la pierna, de hecho le dije que si tenía la
oportunidad de ver fútbol por la televisión que se fijara en los futbolistas
profesionales que usualmente también se depilaban por el mismo motivo. Entonces
en ese momento ella quedo sorprendida y me dijo que: “el hombre tiene que ser
feo, peludo y hediondo”. Comentario que me pareció demasiado fuera de lugar y
que en ese momento me hizo sentir la sensación de que al realizar ese tipo de práctica
perdía un poco ese carácter de masculinidad que me caracterizaba. Es decir, del
hecho de jugar al fútbol, un deporte de habilidad, de rapidez, destreza y rudeza,
pasaba a ser “poco masculino” por el simple hecho de depilarme las piernas, por
lo tanto, su comentario era totalmente sexista y apuntaba a identificar que
ciertas prácticas, especialmente las que están estrechamente relacionadas con
la belleza son exclusivamente de las mujeres, dejando al hombre, totalmente
excluido casi sin opción de escoger si se quiere arreglar estéticamente. Más aún,
me llamo la atención el hecho de que yo ya le había explicado que no era por un
tema de estética, sino más bien por un tema de salubridad si así podemos
llamarlo. Sin embargo, mi explicación no fue lo suficientemente significativa
para cambiar su percepción acerca de esa práctica en particular, por lo que
cual decidimos dejar de conversar ya que ella simplemente no lograba entender
que un hombre se depilara, ni mucho menos dejaba la posibilidad abierta para
que un hombre pudiera eventualmente preocuparse de su imagen personal,
finalmente se retiró del lugar que estábamos conversando señalando en voz baja
que esa práctica era de “poco hombre”.
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