Cuando me
pidieron comentar sobre una experiencia de sexismo a la cual me haya visto
sometida, se me vino de inmediato a la mente una experiencia que me ocurrió a
fines del 2013, cuando mi papá me pidió si podía ir a al juzgado de policía
local de Santiago para pagar una multa, a lo cual accedí inmediatamente. Luego,
ya en el lugar, me llaman y me atiende un hombre de avanzada edad, (yo creo que
rondaba los 60 años) y me pide los papeles para pasar a revisarlos. Cuando mira
el papel, comienza a reírse y se le escapa un “ah, típico de mujeres, no se
saben estacionar”. Luego, siguió haciendo algunos comentarios con sus
compañeros de trabajo que no alcancé a descifrar bien, pero se podía deducir
fácilmente que se reían sobre lo que recién había sucedido, según lo ocurrido por parte del
hombre de avanzada edad, ya que ni si quiera se había dado el tiempo de leer a
nombre de quién estaba el parte, que era un nombre de hombre, en este caso, de
mi padre.
Acto
siguiente, me pregunta si quiero apelar ante
el juez, a lo cual le respondo que no, que
tan solo iba a pagar. Al escuchar mi respuesta dice “¡ah! Claro, ojos que no
ven…”. Lo irónico era que los ojos que no estaban viendo eran los de él, ya que
seguía suponiendo que yo era la que había cometido la falta de estacionarse mal y seguramente pensó que yo quería ocultar
que tenía un parte por lo rápido que lo iba a pagar.
Esta situación me molestó bastante en ese
momento, por lo que le dije: “Perdón, ¿por qué usted me juzga y se ríe si no ha
leído bien el papel? Para su información el parte ni si quiera es mío, ¡es de
mi papá!”. Él miró más detenidamente el papel, para luego responder con un
indiferente “ah, no sea grave”. Pero yo le insistí con que me había hecho
sentir agredida con su comentario y con la forma burlesca de responder a la
situación junto a sus compañeros.
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