Cuando estaba en segundo medio, me cambié de colegio. Dentro de todo, me cambié contenta, esperando llegar a un buen curso, en el cual me recibieran bien. Creo que definitivamente me equivoqué.
No me malinterpreten, no me trataron mal. Simplemente tuve la peor primera impresión al entrar a la sala. La profesora me invitó a pasar al frente a presentarme, camino hacia la pizarra para escribir mi nombre y en eso, veo en el fondo de la sala una bandera enorme de color rosado con unas letras doradas que decían “DIVIS”. La verdad, sentí un impulso espantoso en ese momento. Quise salir corriendo por la puerta, volver a mi casa y jugar algo en el computador con mi hermano, algo como “age of empires”.
La profesora me miró y dijo “Javiera, espero que disfrutes de este curso”. Definitivamente, yo no encajaba en ese lugar. Desde el primer momento lo supe.
Al llegar a la clase de educación física, todas mis compañeras estaban con poleras ajustadas, de esas que casi no dejan movilidad al cuerpo. Está bien, quizás todas las poleras se encogieron por accidente. Probablemente yo estaba exagerando.
Cuando llegó el profesor, nos dice que trotemos para luego comenzar con la clase. En ese momento, comencé a trotar y al dar la primera vuelta, noté que todas mis compañeras me miraban. Claramente la única idiota trotando era yo. Me acerqué a un compañero para preguntarle por qué mis compañeras no trotaban y él con toda la normalidad del mundo me contestó “Porque son mujeres”. Sin entender y ganándome el título de la más tonta del mundo le pregunté “¿Y eso qué tiene que ver?”. Él sonrió y me contestó “Las chiquillas no trotan, jamás van a transpirar, ellas vienen a educación física a verse bonitas”.
A los días, ya había ganado algo de confianza con una compañera, así que le pregunté el porqué de su actitud, es decir, ¿acaso era tan terrible trotar o transpirar?. Ella me contestó “Javi, educación física aquí se usa para mostrar quién tiene mejor cuerpo, quiénes tienen mejor poto o el abdomen más duro, jamás hemos hecho educación física, y las que hacen educación física quedan como las ahombradas; es por eso que ahora ninguna trota o juega con los hombres”.
A la siguiente clase, le pregunté al profesor de educación física por la actitud de mis compañeras. Él me contestó bastante deprimido “Desde que hago clases aquí, siempre ha sido así, de hecho es extraño que alguna quiera participar de educación física. En este colegio, las mujeres son adornos de porcelana, no son nada más.”
En ese instante, comprendí porque mi sala tenía la bandera de las “DIVIS”. En ese momento me di cuenta de que el machismo lo reproducían las mismas mujeres que luego se quejaban de los hombres machistas. Curioso ¿no?.
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