Hace algún
tiempo, tuve la oportunidad de reunirme y conversar con un conocido. Dentro de
nuestra conversación, me pude percatar que en reiteradas ocasiones se repetían
términos aludiendo a la diferencia de género. Me llamó la atención un
comentario relacionado a una película, donde, para hacer alusión a que esta era
más emotiva, se dijo que era una película de ‘’mina’’. Personalmente, no tenía
idea de que existían películas para mujeres y para hombres. Me parece que no tiene
ninguna fundamentación real y solo se basa en prejuicios arraigados en el
colectivo, que reproducen la existencia de roles que deben cumplir las
personas, lo que lleva a determinar ciertas diferencias de género que tienden a
convertirse en tipos de discriminación.
Del mismo modo y
mientras transcurría el tiempo, fuimos a comprar algo para seguir compartiendo.
Al momento de pagar, iba a ser yo la que iba a invitar, pero me rechazaron esta
invitación con un gesto que dio a entender que yo no podía hacerlo,
desaprobando mi actitud e iniciativa. Ciertamente, actitudes como esa solo me
da para pensar que el hombre maneja y tiene control del dinero y por lo tanto
el poder de tomar decisiones, es el que invita a la mujer, sin embargo, esto es
mal visto si está en manos de ella, ya que no es el rol, ni función que le
compete socialmente; como pasó en mi caso.
Después de lo
que sucedió, le comenté a mi conocido lo que opinaba al respecto. Si bien lo
tomó con humor, iniciando bromas al respecto, estas ideas no dejan de ser,
puesto que muchas veces pasan inadvertidas
en nuestra cotidianeidad. Se debe hacer el ejercicio consiente para darnos
cuenta de las diferencias que marcamos día a día entre hombres y mujeres en
cuanto a lo que pueden y no pueden ser y
hacer.
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