24 de marzo de 2015

Sexismo en la cotidianeidad

Hace algún tiempo, tuve la oportunidad de reunirme y conversar con un conocido. Dentro de nuestra conversación, me pude percatar que en reiteradas ocasiones se repetían términos aludiendo a la diferencia de género. Me llamó la atención un comentario relacionado a una película, donde, para hacer alusión a que esta era más emotiva, se dijo que era una película de ‘’mina’’. Personalmente, no tenía idea de que existían películas para mujeres y para hombres. Me parece que no tiene ninguna fundamentación real y solo se basa en prejuicios arraigados en el colectivo, que reproducen la existencia de roles que deben cumplir las personas, lo que lleva a determinar ciertas diferencias de género que tienden a convertirse en tipos de discriminación.

Del mismo modo y mientras transcurría el tiempo, fuimos a comprar algo para seguir compartiendo. Al momento de pagar, iba a ser yo la que iba a invitar, pero me rechazaron esta invitación con un gesto que dio a entender que yo no podía hacerlo, desaprobando mi actitud e iniciativa. Ciertamente, actitudes como esa solo me da para pensar que el hombre maneja y tiene control del dinero y por lo tanto el poder de tomar decisiones, es el que invita a la mujer, sin embargo, esto es mal visto si está en manos de ella, ya que no es el rol, ni función que le compete socialmente; como pasó en mi caso.

Después de lo que sucedió, le comenté a mi conocido lo que opinaba al respecto. Si bien lo tomó con humor, iniciando bromas al respecto, estas ideas no dejan de ser, puesto que muchas  veces pasan inadvertidas en nuestra cotidianeidad. Se debe hacer el ejercicio consiente para darnos cuenta de las diferencias que marcamos día a día entre hombres y mujeres en cuanto a lo que pueden y no pueden ser  y hacer.

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