Mi infancia aunque muy feliz, no estuvo exenta de problemas. Es decir ningún niño carece de problemas durante su niñez, pero algunos de los míos están muy ligados al tema de género, puesto que durante mi infancia temprana y media fui criado por mi madre y mi abuela, dado que mi abuela es poetisa y mi madre bailarina de danza contemporánea, su discurso siempre estuvo ligado a creación libre de la identidad, tratando de obviar los esquemas predefinidos. Aunque mi padre nunca estuvo ausente, sus visitas solían ser de fin de semanas y naturalmente lo que ocurrió fue que mis referentes en todo eran femeninos por lo que en muchos aspectos carecía de conductas comúnmente denominadas varoniles, lo que en cierto modo me agradaba puesto que formaba parte de mi identidad. el problema en esto nace al momento de entrar al colegio, ya que podía notar claramente la diferencia entre niños y niñas, ya que los niños jugaban a pillarse y las niñas a peinar muñecas. Y si esto no ocurría así la profesora se encargaba de que estuvieses en el lugar que te correspondía. Un ejemplo que me marco fuertemente fue que en Kínder durante el recreo yo jugaba con unos insectos tranquilamente y sin hacerles daño hasta que llegaron unos niños más grandes que me dijeron que los niños no jugaban con bichos, y los pisaron hasta matarlos a todos. Entonces me puse a llorar con mucha pena. Al parecer estos niños tenían muy clara su posición de género por lo que no dudaron en tratar de corregirme de la forma más severa posible con tal de que cambiase mi actitud.
Es con este relato que me nace pensar si: ¿los colegios como instancia de socialización tienen las herramientas para darse cuenta de la carga moral que entregan y sus perjuicios a la identidad de sus alumnos?
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