Como gran parte de mujeres y hombres en mi semana no puede
faltar la conocida “pichanga”. En mi caso comenzó como una forma de no perder
el contacto con mis compañeros de generación del colegio y también, para
distraerme de las ajetreadas semanas. Con el paso del tiempo, los partidos eran
cada vez más en la semana, sin embargo
esta “sagrada” instancia muchas
veces no se realizaba porque los participantes en último momento decían que no podrían ir por diferentes
motivos. Así que decidimos formar un
equipo de por lo menos 6 e inscribirnos en una “liga de futbolito de hombres”
en La Florida porque gran parte de mis ex compañeros de curso (incluyéndome)
vive en La Florida, y de esta forma no
volver a quedarnos sin jugar en la semana. Ya llevamos alrededor de dos años
jugando esta liga y hemos obtenido gratos resultados. Con esto, el motivo
inicial cambio, ahora buscamos ser campeones y el sentido es mucho más
competitivo que el inicial de entretención.
En la liga hay 4 días
en los que se juega martes, jueves, sábado o domingo y los horarios son en la
noche a partir de las 9 de la noche hasta pasado las 11. La mayoría de mis
compañeros de equipo tienen auto, yo formo parte del equipo que no tiene auto,
por lo tanto, llego en micro, en bici o algún compañero de equipo me pasa a
buscar.
La semana pasada, nos
tocaba jugar un día martes a las 9. Ese
martes, termine mis clases a las 5, imprimí los textos para la semana, me tomé un café y a eso
de las 6:30 fui a tomar el metro con miras a la línea 5, para después llegar a
Bellavista La Florida. Después de un
largo viaje, y ya instalado en mi casa, a eso de las 8 me llama un compañero de
equipo diciendo que me iba a pasar a
buscar a eso de las 8:30 para ir al partido. Ordenando mis cosas para el
partido, escuchando la televisión y pensando en las cosas que tenía que hacer
durante la semana, perdí la noción del tiempo y cuando llego mi compañero de
equipo no estaba totalmente equipado para salir, por lo tanto debió esperarme
unos 2 minutos mientras cerraba las ventanas, la puerta, etc. Cuando me subí al auto, lo saludo y me
contesta:
-“límpiate ahí”- señalando
la parte baja de los labios. Lo miré rápidamente y le dije -“¿por qué? ¿Qué tengo?” con tono acelerado. “tení
rush (lápiz labial), tanto que te
arreglaste se te corrió”… “Parecí mina tanto que te demoraste en salir”
agregó como queriendo hacer una broma.
-“ya si no me demoré
tanto, y vámonos que estamos atrasados” acoté, pretendiendo de que la
situación quedara hasta ahí.
-“sipo porque te pintaste vamos atrasados, ojala juegues como hombre
sipo” me señalo algo molesto y aceleró el auto. Lo note algo serio y con
ganas de seguir rebatiendo, así que cambie la estación de radio, subí el
volumen y cambie el tema de conversación, pasando por alto lo ocurrido.
Reflexionando acerca de esta situación, me doy cuenta de
como somos capaces de atribuirle una estigmatización a los tiempos en que cada
persona toma para estar listo para salir de la casa. Siendo una tendencia
bastante marcada, si toma mucho tiempo es una actitud femenina y se le encadena
que solamente se toma tiempo para verse estéticamente bien, es decir
maquillarse, cambiarse la ropa, llevar ropa para cambiarse, que esa ropa
combine, etc. Aunque ella se tome más tiempo en cualquier otra situación ya sea
por seguridad, orden, etc. Siempre se le estigmatizara que se demoró en
arreglarse. En cambio sí se demora poco tiempo es una actitud de hombres y
solamente está preocupado de salir directamente al lugar, es decir, solamente
se preocupa de estar listo antes de la hora, y no le da importancia a la
estética, y si se la da es mínima, lo que implicaría llevar algo para abrigarse
por si hace frío por ejemplo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario