9 de abril de 2015

Camino a la pichanga

Como gran parte de mujeres y hombres en mi semana no puede faltar la conocida “pichanga”. En mi caso comenzó como una forma de no perder el contacto con mis compañeros de generación del colegio y también, para distraerme de las ajetreadas semanas. Con el paso del tiempo, los partidos eran cada vez más en la semana, sin embargo  esta “sagrada” instancia  muchas veces no se realizaba porque los participantes en último momento  decían que no podrían ir por diferentes motivos. Así que  decidimos formar un equipo de por lo menos 6 e inscribirnos en una “liga de futbolito de hombres” en La Florida porque gran parte de mis ex compañeros de curso (incluyéndome) vive en La Florida,  y de esta forma no volver a quedarnos sin jugar en la semana. Ya llevamos alrededor de dos años jugando esta liga y hemos obtenido gratos resultados. Con esto, el motivo inicial cambio, ahora buscamos ser campeones y el sentido es mucho más competitivo que el inicial de entretención.

 En la liga hay 4 días en los que se juega martes, jueves, sábado o domingo y los horarios son en la noche a partir de las 9 de la noche hasta pasado las 11. La mayoría de mis compañeros de equipo tienen auto, yo formo parte del equipo que no tiene auto, por lo tanto, llego en micro, en bici o algún compañero de equipo me pasa a buscar.

 La semana pasada, nos tocaba jugar un día martes a las 9.  Ese martes, termine mis clases a las 5, imprimí los textos para la semana, me tomé un café y a eso de las 6:30 fui a tomar el metro con miras a la línea 5, para después llegar a Bellavista La Florida.  Después de un largo viaje, y ya instalado en mi casa, a eso de las 8 me llama un compañero de equipo diciendo que me iba  a pasar a buscar a eso de las 8:30 para ir al partido. Ordenando mis cosas para el partido, escuchando la televisión y pensando en las cosas que tenía que hacer durante la semana, perdí la noción del tiempo y cuando llego mi compañero de equipo no estaba totalmente equipado para salir, por lo tanto debió esperarme unos 2 minutos mientras cerraba las ventanas, la puerta, etc.  Cuando me subí al auto, lo saludo y me contesta:

-“límpiate ahí”- señalando la parte baja de los labios. Lo miré rápidamente y le dije -“¿por qué? ¿Qué tengo?” con tono acelerado.  “tení rush (lápiz labial), tanto que te arreglaste se te corrió”… “Parecí mina tanto que te demoraste en salir” agregó como queriendo hacer una broma.
-“ya si no me demoré tanto, y vámonos que estamos atrasados” acoté, pretendiendo de que la situación quedara hasta ahí.
 -“sipo porque te pintaste vamos atrasados, ojala juegues como hombre sipo” me señalo algo molesto y aceleró el auto. Lo note algo serio y con ganas de seguir rebatiendo, así que cambie la estación de radio, subí el volumen y cambie el tema de conversación, pasando por alto lo ocurrido.


Reflexionando acerca de esta situación, me doy cuenta de como somos capaces de atribuirle una estigmatización a los tiempos en que cada persona toma para estar listo para salir de la casa. Siendo una tendencia bastante marcada, si toma mucho tiempo es una actitud femenina y se le encadena que solamente se toma tiempo para verse estéticamente bien, es decir maquillarse, cambiarse la ropa, llevar ropa para cambiarse, que esa ropa combine, etc. Aunque ella se tome más tiempo en cualquier otra situación ya sea por seguridad, orden, etc. Siempre se le estigmatizara que se demoró en arreglarse. En cambio sí se demora poco tiempo es una actitud de hombres y solamente está preocupado de salir directamente al lugar, es decir, solamente se preocupa de estar listo antes de la hora, y no le da importancia a la estética, y si se la da es mínima, lo que implicaría llevar algo para abrigarse por si hace frío por ejemplo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario