Hace
un tiempo trabajé en una tienda de la red de sucursales de Pronto Copec. En el
lugar, trabajábamos la misma cantidad de hombres que de mujeres y cada cierto
tiempo nos iban a inspeccionar para comprobar que se estuvieran cumpliendo los
requisitos establecidos por la empresa a cada concesión.
Muchas
veces el jefe nos pidió que mantuviéramos una buena presentación, ya que cada
cierto tiempo inspeccionaban. En realidad a los hombres nos dijo eso, pero a
nuestras compañeras de trabajo les solicitaba una reunión para acordar algunos
temas. Al finalizar la conversación, le pregunté a una compañera ¿Qué les
dijeron?, ella me contestó que el jefe les dijo “tienen que venir bien
arregladas, mañana”. “las mujeres son las que tienen que mostrar una buena
imagen a los jefes, asique las quiero pintadas, para que los jefes no las miren
mal”. De esta forma me comentó que quería mantenerlas casi como
recepcionistas, ya que ellas podían mostrar la situación del local a la llegada
de la inspección. Al escuchar lo que decía, quedé impresionado, ya que a
nosotros no nos había dicho nada, de forma que no importaba nuestra imagen ni
nuestras intervenciones.
Respecto
a esta situación, se hace evidente que estamos en presencia de una situación
sexista, ya que el jefe pensaba que la imagen del local que él administraba la
proyectaban las mujeres y por otro lado
los hombres estábamos a cargo de la cocina, barriendo y rara vez
atendíamos a alguien.
De
esta forma, podemos ver que a pesar de que todos hacemos el mismo trabajo, hay
ciertas características que debe tener una mujer al momento de ejercer sus
labores. Este caso nos da un ejemplo de sexismo en el trabajo, incluso no
considero que pase desapercibida por los inspectores al llegar al local y ver a
mujeres demasiado arregladas como para ser un día normal de trabajo.
En
esta situación se puede notar la perspectiva que tenía mi jefe respecto a la
inspección, ya que no era que todos hiciéramos bien el trabajo, sino que en
cierto sentido para él “la imagen vale
más que mil palabras” sobre todo cuando se trata de las mujeres, quienes
para hacer bien su trabajo y demostrar eso al mundo tienen que estar “bien arregladas” y “ser anfitrionas” como diría mi jefe. Es difícil entender por qué
no le importa tanto la imagen que muestran los empleados hombres, ni una
charla, solo un consejo “vengan bien para
mañana” y nada más.
Personalmente,
considero que es muy sexista pensar que la imagen que se tiene del local o la
productividad que genera, se encuentra apoyado en la apariencia que tienen sus
trabajadores, exclusivamente las mujeres. Ya que esto no importaría si el jefe
hubiera reunido a todo el personal sin clasificar por género, pero no fue así y
a las mujeres se les impone una imagen de “señoritas”
que se apoya en un pensamiento marianista, impulsado por prácticas generadas
por una sociedad en donde hoy existe una primacía del pensamiento generado por
el patriarcado masculino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario