¿A qué hombre no le ha pasado que lo traten de poco caballero? ¿A qué mujer no le han dado ganas de invitar alguna vez a un hombre a salir, y no lo ha hecho ya que a este le corresponde realizar la invitación? Probablemente a la gran mayoría, si es que no a todo(a) s.
Desde que tengo recuerdo siempre escuché que algún amigo, amigo de un amigo, primo, etc… hablaban sobre el hecho de que conocer una mujer viene de la mano con el famoso consejo: “¿qué estay esperando para invitarla a salir?”. Sin darnos cuenta esta es una acción que se encuentra determinada de ante mano, una dinámica que se ha ido reproduciendo y perpetuando a tal nivel, que finalmente las expectativas que se tienen sobre el primer encuentro de una posible pareja heterosexual están, en gran medida, preestablecidas. Pasar a buscar y dejar a la mujer, realizar la invitación, elegir el lugar, pagar la cuenta y realizar el primero acercamiento, son tan solo algunas de las miles de costumbres instaladas dentro del denominado ´caballero´ por la sociedad. De no actuar así caben dos posibilidades, en primer lugar caer en la categoría de ´poco caballero´, lo cual a nivel social es una sanción bastante grave al parecer. En segundo lugar, por falta de iniciativas del tipo ´caballero´ este se encontrara probablemente imposibilitado para acceder a un primer encuentro, ya que no estaría cumpliendo con las expectativas que su rol de hombre conlleva.
Lo más curioso de esta dinámica, es que a medida que pasa el tiempo y una relación se perpetua partiendo con una interacción de este tipo, los roles al parecer se empiezan a emparejar – por lo menos en gran parte de los casos- y la necesidad de cumplir con expectativas de genero para concretar una relación van disminuyendo.
En el caso de la mujer su acción se ve determinada pero de manera prohibitiva, esto debido a que las actitudes mencionadas anteriormente que se esperan por el llamado ´caballero´, son precisamente las que toda denominada ´señorita´ no debería realizar, de lo contrario podría ser interpretada como ´poco señorita´ o inclusive ´suelta´.
Dinámicas como estas explican un modelo sexista donde el hombre se encuentra en una clara situación de poder sobre la mujer, la cual se ha ocupado para justificar una interacción en la que el hombre está encargado de realizar un primer acercamiento a la mujer, con una serie de implicancias respectivas. Podemos afirmar que estos roles si bien con el tiempo se han encontrado sujetos a cambios en alguna medida, es innegable que actualmente es el modelo que se encuentra operativo. Para muchos individuos este esquema de roles no hay para que cuestionarlo ya que las relaciones a su manera de ver han funcionado perfectamente de esta manera, sin embargo, el hecho mismo de que al consolidarse poco a poco una relación los roles tiendan a emparejarse, nos habla de un tipo de acción construida socialmente en el cual finalmente no nos damos cuenta como se estructura la acción tanto del género femenino como masculino. Por lo tanto, es un hecho que no nos encontramos frente a un comportamiento que viene naturalmente dado por el humano, por lo que pensar las primeras instancias de interacción entre posibles parejas heterosexuales (dejando a un lado parejas de otras orientaciones sexuales por falta de conocimiento), no debería porque ser una acción predeterminada.
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