En el verano del año 2013 me encontraba trabajando los fines
de semana de garzona en un pub de Los Andes, llamado 3 Décadas Bar&Lounge.
Mi horario era desde las 20.30 hrs. hasta las 04.00 a.m, por ende, trabajaba de
noche.
El ambiente del pub es ochentero y noventero, lo que
significa que la gente que llegaba gustaba de ese estilo musical.
Una noche, llegó un grupo de hombres, tres en total, los
cuales me pidieron los tragos que se querían servir y lo que querían comer. Al
cabo de un par de horas, ya estos hombres estaban “pasados de copas”, y
comenzaron a conversar conmigo de una manera más subida de tono.
Como en el pub trabajábamos solo mujeres, uno de los tipos,
con una voz que quiso parecer “sensual”, me pregunta:’ ¿cuál de ustedes es la
que uno se puede llevar a la salida?’, a lo que yo respondí: ‘disculpe señor,
no entiendo su pregunta, ¿a qué se refiere?. Él, de manera más irrespetuosa
comenzó a acercarse a mi y a tocar mi cintura y mis brazos, y me responde: ‘tú
cashai po, si ustedes “señoritas de la noche”, prestan servicios ¿o no?
Yo, perdiendo un poco los estribos, pero sin faltar el
respeto, le respondí: ‘este es un pub decente, aquí trabajamos mujeres
esforzadas y no porque trabajemos de noche significa que prestamos servicios
como prostitutas, le tendré que pedir que se retire del local’.
El hombre, con un aire despectivo me agradeció, pidió la
cuenta y se retiró junto a sus amigos.
No sé en qué minuto las mujeres, por el hecho de trabajar de
noche, nos convertimos en ‘prostitutas’, siendo que claramente nos
encontrábamos todos en un local de buena categoría.
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