Esta historia no me ocurrió a mí, pero sí le sucedió a una amiga muy cercana.
Esto pasó bajo un contexto de carrete, yo lamentablemente no estuve presente, pero mi amiga me dio un relato bastante detallado luego del altercado.
Ella estaba de fiesta junto a un amigo, en una discoteque homosexual santiaguina, donde uno se imaginaría que el ambiente tiende a ser más open mind que otros lugares, por desgracia esa noche no fue el ejemplo.
Avanzaba la noche y junto con ella se suma más y más alcohol, ya nadie se encontraba dentro de sus cinco sentidos y las conversaciones comenzaron a subir de tono, entre tragos, baile y cigarros mi amiga junto a su amigo comenzaron a discutir, las razones no son importantes, pero sí era preoocupante porque de la conversación, surge una disputa y de esta comienzan los gritos. Ambos estando bastante borrachos armaron tremendo alboroto. Su amigo la insultaba, la trataba de ridícula, puta y alcohólica, es curioso que a estas alturas nadie de los alrededores de la discoteque dijera o hiciera algo, claramente ambos estaban descontrolados, mi amiga estaba muy afectada y lloraba, él seguía insultándola hasta que se llegó a otro nivel y él fuera de control comenzó a golpearla; la tiró del pelo, le dio cachetadas, combos y patadas y nadie tuvo intención de hacer algo.
Mi amiga quedó en el suelo y su supuesto amigo la dejó sola, ella luego de esto se fue a su departamento.
Si bien, para todos quienes posean un buen criterio este es un caso gravísimo de sexismo, ambos se encontraban en estado de ebriedad y aún así mi amiga fue la única juzgada por el simple hecho de ser mujer, siendo que los dos se encontraban en las mismas condiciones.
Al día siguiente mi amiga muy angustiada me llama y me pide que vaya a verla, que algo terrible le había pasado. Llegué a su departamento y me encuentro con ella llorando, adolorida y llena de moretones. Mi amiga comienza a relatarme esta triste historia y para mi sorpresa ella lloraba porque estaba segura de que su amigo no volvería a hablarle, debido a su enorme orgullo. Para mí fue difícil no indignarme, este hombre había violentado física y psicológicamente a mi amiga y ella estaba dispuesta a olvidar la situación y hacer como si nada hubiese pasado, todo con tal de que él no dejara de hablarle, aminorando la gravedad del asunto. No era la primera vez que discutían e insultaban, pero ella bajo una gran inseguridad y miedo a la soledad quería hablar con él y dejar este horroroso episodio en cero,
Me llama la atención como es que esta actitud por parte de las mujeres se sigue reproduciendo hasta nuestros días, en donde se adopta un carácter sumiso, se naturaliza la violencia de género y queda al descubierto la idea patriarcal de que la mujer no será feliz sin un hombre a su lado, que la mujer sin el hombre no logrará realizarse como tal.
Actualmente entre ellos no se hablan, pero la razón es que él no estuvo dispuesto a conversar con ella, quién lo buscó en más de una oportunidad a pesar de haber sido víctima de sus golpes y malos tratos.
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