10 de abril de 2015

Juguemos a ser señoritas, juguemos a ser caballeros

Fue en primavera. Hace unos meses atrás salí de casa llena de expectativas hace poco tiempo nos conocíamos, me agradaba su voz y los temas de conversación, su mirada penetrante me hacia sentir que realmente le interesaba lo que decía y eso era halagador…
Comida china o peruana había que elegir, sin embargo no hubo tiempo en la espera pues él decidió por mi…
Entramos al restaurante  y él muy atento tomo la silla y me invito a tomar asiento, conversamos del ayer y del mañana hasta ser interrumpidos por el garzón que nos trajo la carta… ambos miramos la diversidad de platos y licores que en ella aparecía y nos divertimos escogiendo, comiendo y tomando. Al cabo de un rato ya tarde se hacía decidimos irnos por ende se pide la cuenta. Con mi entusiasmo desmesurado , por lo bien que lo estábamos pasando y casi al borde de la locura, le propongo pagar la cuenta, equivocación fatal que pagaría con un silencio profundo donde la incomodidad del no actuar era legitima, ahí entendí que  por “tradición varonil “un caballero siempre paga y no se discute su decisión patriarcal. Hummmm…ni siquiera pude ver cuanto era el costo de la cena. Como era de esperar me abrió la puerta del auto, el silencio calaba hondo…la molestia era palpable…ni la música ayudo a mejorar la situación, diferentes personas, diferentes crianzas, diferentes tradiciones en este pequeño espacio  dos seres que cada vez se hacían mas extraños…todo esto me ayudó a pensar en:     ¿ Cuantas de nosotras hemos vivido situaciones  en donde nos abren la puerta del auto,  o nos      dicen:los hombres pagan, o donde te ponen al lado derecho de la  vereda  como forma de protección? Porque una cosa es que un hombre te de el asiento, o te invite a comer y que al él no le importe si tu haces lo mismo…pero ¿qué pasa si se niega de manera rotunda a aceptar lo que le ofreces? (porque afecta a su masculinidad  o ego de varón).
La “ caballerosidad “ como un sexismo permitido dentro de nuestra sociedad, como signo de masculinidad  en donde  el  hombre proyecta una imagen protectora y segura .
 En donde “lo masculino” y lo “femenino” se  ha  ido construyendo en los cimientos de una sociedad conservadora que establece los roles de género que definen nuestro comportamiento adecuado en base a lo que ”somos”. Este tipo de sexismo naturalizado en nuestra cultura presenta e idealiza a la mujer como: indefensa, moralmente correcta y merecedora de ser protegida por un varón. Mediante la socialización nuestra cultura nos enseña desde pequeñas/os a ser “señoritas” y        “ caballeros” , dando pie a que se reproduzca esta dinámica de género en donde ser un caballero es ser un ” verdadero hombre” y en donde la mujer acepta un rol determinado en diferentes situaciones  cotidianas. Mientras estas ( y otras) costumbres culturales sigan siendo “permitidas” en relación al género seguirán siendo un impedimento  para  un cambio en la sociedad en la que  estamos viviendo.


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