Fue en primavera. Hace unos meses
atrás salí de casa llena de expectativas hace poco tiempo nos conocíamos, me
agradaba su voz y los temas de conversación, su mirada penetrante me hacia
sentir que realmente le interesaba lo que decía y eso era halagador…
Comida china o peruana había que elegir, sin embargo no hubo
tiempo en la espera pues él decidió por mi…
Entramos al restaurante
y él muy atento tomo la silla y me invito a tomar asiento, conversamos
del ayer y del mañana hasta ser interrumpidos por el garzón que nos trajo la
carta… ambos miramos la diversidad de platos y licores que en ella aparecía y
nos divertimos escogiendo, comiendo y tomando. Al cabo de un rato ya tarde se
hacía decidimos irnos por ende se pide la cuenta. Con mi entusiasmo desmesurado
, por lo bien que lo estábamos pasando y casi al borde de la locura, le
propongo pagar la cuenta, equivocación fatal que pagaría con un silencio
profundo donde la incomodidad del no actuar era legitima, ahí entendí que por “tradición varonil “un caballero siempre paga y no se discute su decisión patriarcal. Hummmm…ni
siquiera pude ver cuanto era el costo de la cena. Como era de esperar me abrió
la puerta del auto, el silencio calaba hondo…la molestia era palpable…ni la
música ayudo a mejorar la situación, diferentes personas, diferentes crianzas,
diferentes tradiciones en este pequeño espacio
dos seres que cada vez se hacían mas extraños…todo esto me ayudó a pensar
en: ¿ Cuantas de nosotras hemos vivido situaciones en donde nos abren la puerta del auto, o nos dicen:los hombres pagan, o donde te
ponen al lado derecho de la vereda como forma de protección? Porque una cosa es
que un hombre te de el asiento, o te invite a comer y que al él no le importe
si tu haces lo mismo…pero ¿qué pasa si se niega de manera rotunda a aceptar lo
que le ofreces? (porque afecta a su masculinidad o ego de varón).
La “ caballerosidad “
como un sexismo permitido dentro de nuestra sociedad, como signo de masculinidad en donde
el hombre proyecta una imagen
protectora y segura .
En donde “lo
masculino” y lo “femenino” se ha ido construyendo en los cimientos de una
sociedad conservadora que establece los roles de género que definen nuestro
comportamiento adecuado en base a lo que ”somos”. Este tipo de sexismo
naturalizado en nuestra cultura presenta
e idealiza a la mujer como: indefensa, moralmente correcta y merecedora de
ser protegida por un varón. Mediante la socialización nuestra cultura nos enseña
desde pequeñas/os a ser “señoritas” y “ caballeros” , dando pie a que se
reproduzca esta dinámica de género en donde ser un caballero es ser un ” verdadero
hombre” y en donde la mujer acepta un rol determinado en diferentes
situaciones cotidianas. Mientras estas (
y otras) costumbres culturales sigan siendo “permitidas” en relación al género seguirán
siendo un impedimento para un cambio en la sociedad en la que estamos viviendo.
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