A fines de enero, mis papas decidieron pasar el último fin de semana de aquel mes en nuestra casa en Pichidangui, y así aprovechar de acompañar a mi abuela que se encontraba sola allá. Era la instancia perfecta para invitar a una de mis mejores amigas a disfrutar del aire costero.
En uno de esos días, como de costumbre, mi papá preparó el almuerzo y todos nos sentamos en la mesa a compartir y a deleitarnos de las habilidades del chef de la casa. Comenzaron las risas, las eternas historias de mi abuela y una que otra anécdota de mi hermano junto con las infaltables bromas de mi padre.
De repente, la conversación se focalizó en mi amiga y yo, especialmente en nuestras actividades de esparcimiento, y como era de esperarse, el interés fue irrevocablemente dirigido a las fiestas. Por consiguiente mi abuela y mi padre aprovecharon esa instancia para recalcar, según ellos, lo histriónica que soy, diciendo entre risas que ya se imaginaban la forma en la que me comportaba en las Discos. Por otro lado mi amiga fomentaba esto y afirmaba riendo: “Estás tan loca que me das vergüenza”.
No pude evitar que esos comentarios me causaran gracia, así que también me reí y dije que efectivamente me divertía mucho en las discos y por lo general no solía cohibirme, incluso a la hora de sacar a bailar a un hombre. Dicho esto, a mi abuela se le desfiguró la cara pero aun así se reía, mientras que mi papá y mi mamá lo encontraron bastante gracioso y simultáneamente ambos dijeron: “¡Te creo capaz!” y rieron. En cambio mi amiga rápidamente enfatiza: “Yo jamás haría eso, que denigrante. Se ve demasiado feo que una mujer saque a bailar a un hombre”.
¿Y si quiero bailar? ¿Tengo que esperar pacientemente que se me acerquen y privarme de bailar con el chico que me gustó? Me llamó la atención la reacción de mi amiga en comparación a la de mis padres, francamente no me esperaba que hiciera ese tipo discriminación sexista. Esto me llevo a reflexionar que la mujer toma una actitud sumisa frente al hombre, reproduce un rol pasivo en el cortejo y en la relación, mientras que el hombre conserva el rol activo y dominante. Si los roles se invirtiesen y la mujer adoptara el rol activo, no es bien vista y se arriesga a descalificaciones que provienen no sólo de los hombres sino que también de parte de sus pares del mismo sexo.
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