9 de abril de 2015

La cocina como espacio "de la mujer"

Recuerdo que desde muy pequeña, mi abuela siempre nos preguntaba a mis primas y a mí, si ya sabíamos cocinar, en qué ayudábamos en la casa etc. Yo siempre me sentí un poco frustrada con eso, ya que sé cocinar muy pocas cosas, entonces ella decía: “Estas niñitas no saben hacer nada, pobres hombres a los que les toque casarse con ellas”. Entonces, mi experiencia sexista venía dándose desde hace mucho tiempo, pero puntualmente, me referiré a una situación que ocurrió en Febrero de este año cuando fuimos a visitar a mi abuela al sur.
Era la hora de almuerzo, y como siempre, mi abuela le sirvió comida a toda la familia, mientras comíamos ella insistió con la pregunta de siempre: “Y las chiquillas ¿ya aprendieron a cocinar?”, entonces yo, aburrida de esta situación, le respondí: “Abuelita, ¿alguna vez usted le ha hecho esa pregunta a mis primos?, desde que tengo recuerdos nos viene haciendo la misma pregunta ¿porque a ellos no les dice lo mismo, acaso no es algo que les corresponda también?”.
Ella me miro con extrañeza, y alterada contestó: “¿Cómo se le ocurre que voy a preguntarle a mis nietos si aprendieron a cocinar?, ni que fueran afeminados, eso lo hacen las mujeres”. Esa respuesta me hizo enojar demasiado, porque me di cuenta de que ella siempre nos hacia esa pregunta por el simple hecho de ser mujeres, ante ello pensé que no debía permitir que prácticamente se me humillara tratándome como una inútil, ya que yo consideraba que hombres y mujeres tenían las mismas capacidades, por lo tanto, no es obligación de la mujer “servir” al hombre, ni tampoco es menos hombre el que hace esas “tareas femeninas”, por ello le dije: “Pucha, en verdad me da mucha pena escuchar eso de su boca, ya que es una visión muy machista, hoy en día lo que predomina es la cooperación y convivencia en las parejas, ambos se atienden y se reparten las tareas del hogar, si en sus tiempos no era así, es lamentable, pero creo que decir que sus nietos serían afeminados solo por saber cocinar no es solo machismo sino que es ignorancia”.
Hasta allí, la conversación realmente había subido de tono, entonces mi padre me dijo: “Marcela, deja de discutir con tu abuela, tienes que ser más respetuosa”, yo respondí: “Ok, no diré nada más, pero espero que con esto mi abuela se canse de preguntarnos siempre lo mismo, ya que desde muy pequeñas nos ha mirado en menos por no saber cocinar o por no cooperar en la casa, y creo que es injusto... no por ser mujer es lo que me corresponde, yo como todos mis primos soy persona, y tengo derecho a hacer lo que me gusta, y si no me gusta hacer “lo que le corresponde a una mujer” no seré ni más ni menos, porque el día en que me case, será para ser la pareja de mi marido, no su sirvienta” (Luego de decir esto me retiré de la mesa).
La conversación terminó finalmente en discusión, yo me sentí muy mal, ya que por un lado sentía que mi abuela me humillaba con su visión machista, y por otro pensé, mejor debería haberme callada, ya que finalmente quede como la nieta sin respeto, floja, e inútil.

Creo que esta experiencia es sexista, porque en ella se me liga necesariamente con una serie de tareas que supuestamente me corresponden como obligación por ser mujer, lo que es totalmente arbitrario. Es una de esas experiencias que se naturalizan a tal grado que se hacen invisibles, desde pequeña me dijeron que tenía que acostumbrarme a los comentarios machistas, y sinceramente, comprendo que mi abuela tenga una visión distinta a la mía, pero es realmente molesto que me juzgue y me haga sentir “poca mujer” por el hecho de no hacer las cosas que “toda mujer debería hacer”, lo peor de todo es que por mucho tiempo logró hacerme sentir angustiada por no cumplir con sus expectativas, sin embargo, ahora pensado reflexivamente sobre la situación, creo que es necesario cuestionar esas expectativas tan sexistas y machistas que no tienen sentido más allá del pensamiento "tradicional".

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