Tengo un recuerdo de cuando era pequeño, el cual siempre con mi madre lo recordábamos como una anécdota, pero viéndolo desde otro punto puede tener otra lectura.
Cuando era pequeño por distintas razones tuve que abandonar Santiago para irme a vivir con mis abuelos, pasaron los años y comencé a ir al jardín, el cual se encontraba en la ciudad más cercana. Al principio no tenía ningún problema, pero al pasar los días un compañero comenzó a molestarme, incluso en más de una ocasión llegó a golpearme, como vivía con mis abuelos, ya que tenia a mis padres lejos, ellos (mis abuelos) eran a los únicos que podía acudir, fue en ese entonces cuando me acerqué a mi abuelo para comentarle mi situación y le dije: “tata, en el jardín alguien me pega”, él se acerco y me dijo que me iba a ayudar, pero que no le dijera nada a mi abuela ni a nadie, que él se ocuparía de la situación. Pasaron unos días y mi abuelo llegó con un saco de boxeo para niños, entonces me iba a poner a entrenar para así defenderme sólo, para que pudiera llegar al jardín y así también pegarle devuelta a mi compañero, y de esta manera no tuviera que andar acusando como método de solución a mis problemas, siempre decía que tenía que “arreglar las cosas como hombre”. Ante esto mi abuela no estaba de acuerdo y fue a hablar al jardín solucionando así la situación. Pese a esto mi abuelo me dijo que de igual manera tenía que afrontar los problemas solo, y que eso de acusar “era de mujeres”. Nunca me entrenó ni nada, nunca golpeé a mi compañero tampoco, el saco de boxeo aún está en la casa, guardado en el lugar de los cachureos casi nuevo.
Siempre lo veía de una manera cómica el hecho de cómo mi abuelo trató de solucionar el problema, pero este hecho tiene otra realidad. El decir “arreglar las cosas como hombres” adjudica una posición en la cual uno como hombre se debe plantear de manera fuerte, independiente, actuar bajo sus propios parámetros, por otro lado las actitudes de “mujer” vendrían siendo el de acusar, el de refugiarse tras sus padres u otras personas, el no dar la cara, no afrontar las cosas, arrancar de estas situaciones. Por lo contrario el hombre en su hidalguía no puede permitirse eso, en realidad este debe solucionar sus problemas de manera frontal. Yo como niño, el cual estaba en camino de formarme como un hombre, tal y como mi abuelo quería, debía aprender de esas cosas, y si es que no lo tenía desarrollado debía encaminarme para lograrlo, y es ahí donde entra la figura paternal a reforzar este aspecto, al final lo que se quiere lograr es un estatus, para los hijos, para la descendencia, ese estatus se debe alcanzar, sino alcanzas esto se es niñita y eso dentro del ámbito de la sociedad chilena es un adjetivo que tiene mucho peso para la imagen varonil del hombre chileno, lo deja por el suelo, y hará lo posible para revertirlo. Para mi abuelo entonces lo que debía hacer al momento de ser agredido es responder de la misma manera, por ningún motivo acusar, ni llorar. Quizás para él esta era la forma de hacerme hombre, quizás el pasó por lo mismo, o de manera distinta, ya que antes la conversión de niño a hombre se lograba a través de la iniciación sexual.
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