Mi madre es colombiana, toda nuestra familia proviene Bogotá. Para la navidad del año pasado viajaron mis abuelos desde Colombia a visitarnos, así que durante 2 semanas convivimos todos juntos en mi casa.
Un día invite a mi pareja, a que conociera a mis abuelos, se los presenté y conversaron un rato. Una vez que se fue mi abuela me pregunto:
-¿ cuándo planea usted casarse?
a lo que yo respondí horrorizada
-¡Estoy muy lejos de pensar en eso, solo tengo 21!
entonces ella respondió con naturalidad
- Aún es joven , pero le advierto que no espere tanto que se le va a complicar para tener hijos.
Me dejo helada su comentario, en mi vida jamás había sentido el apuro de la maternidad y menos la del matrimonio, he vivido toda mi vida pensando que la maternidad es algo que quiero postergar lo que más pueda, para así poder desarrollarme de la mejor manera posible como profesional, para luego tener hijos, es el plan que la mayoría de mis pares mujeres tenemos a esta edad, ninguna comenta (o al menos, no seriamente) la posibilidad de tener un hijo o la posibilidad de casarse a esta edad.
Reflexionando sobre lo que me dijo mi abuela, sentí entre nosotras, una barrera mucho más grande que solo la cultural entre Chile y Colombia, sentí como la barrera generacional me volvía extremadamente distinta a mi abuela. Las posibilidades que he tenido en la vida han sido muy distintas a las que mi abuela pudo haber optado. Para ella estudiar jamás fue una opción y la forma más lógica de concebir el camino de vida, para una mujer que vivió en su época, era la maternidad y el matrimonio
En ese momento decidí solamente reírme y tomármelo a la ligera, no le di mucha importancia al asunto. Pero después reflexione que este no era un caso aislado; recordé como mi abuela siempre me pedía que me cambiara los anillos de lugar en las manos (para que nadie pensara que estaba casada) o como me regalaba muñecas cuando era niña y jugaba con migo a la mamá. Todas estas formas de relacionarme con mi abuela, hasta hace muy poco tiempo no les ponía atención, pero ahora me pregunto: ¿Qué tanto influye en mi, los mensajes que me ha dejado mi abuela, en mi vida cotidiana?, ¿serán mis deseos de ser madre algún día, respuesta de la información que he recibido de ella?
Mi abuela es una mujer de 86 años, criada en una familia muy tradicional y católica, se casó a los 19 años y desde ahí se dedico a ser una buena esposa y madre. Para ella, el matrimonio y la maternidad, fueron los grandes ejes que movieron su vida, por lo mismo, no pude hacerla cambiar de opinión, ni siquiera lo intente, sentí que no tenía sentido discutir.
Fue una experiencia sexista, ya que mi abuela intento apelar a la lógica que ella considera real respecto al género femenino, para que yo siguiera ciertos patrones que para ella, son absolutamente válidos y objetivos.
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