A mediados
del año 2014, se creó una página en la red social Facebook, llamada “Confesiones
Metro de Santiago”, tal como lo dice el nombre, se trataba de relatos de
personas sobre sus vivencias en el transporte público e incluso, la gente buscaba
a otras personas que habían visto en el metro. Los seguidores de la página, a través de los
comentarios mostraban lo chistoso que parecían estas confesiones y las
aprobaban con un “me gusta”, llegando a tener cientos de ellos.
A mediados
de ese año, fue donde encontré que con las confesiones, el auge de la mala onda
hacia los demás llegó a su punto. Un tipo mandó una confesión, relatando, que
mientras iba en el vagón del metro, se sentía observado por una niña, él, por
curiosidad comenzó a observarla y se dio cuenta de que era otaku (una tribu
urbana, fans del animé). La describía como una “niña linda”, que no encontraba
algún defecto en ella que le impidiese acercarse, su estilo otaku no le
importaba en lo más mínimo, así que decidió acercarse. Aquí es donde comienza
el problema, el tipo decía: “estaba dispuesto a hablarle, pero mientras más me
acercaba a ella, más se asomaba su enorme bigote, por lo que decidí abortar
misión. Lo encontré asqueroso, no hay nada más asqueroso que una mina con
bigote”. A lo largo de la confesión lo único que repetía era lo desagradable
que era ver a una “mina bigotuda”, no podía creer que hubiese mujeres que no se
depilaran y que salieran así a la calle sin nada de vergüenza. Cuento corto, la
confesión era sobre “el bigote de la otaku”. Yo personalmente, quedé intrigada
con la confesión, así que, como hacía con las confesiones que me llamaban la
atención, comencé a revisar los comentarios. Los comentarios eran peores, tanto
hombres como mujeres le daban la razón al tipo. Comentaban cosas como “qué asco
la mina, tiene el medio bigote y se atreve a andar joteando”, “yo nunca saldría
así a la calle, prefiero quedarme encerrada antes que salir sin depilarme”, “¿cómo
en el siglo XXI aún existen minas que no se depilen?” o “pobrecita, su mamá no
le avisa que se tiene que depilar antes de salir de la casa”.
Mientras
más leía los comentarios, más molesta estaba. Sentía que debía dar mi opinión
respecto al tema, no podía creer que se enjuiciara tanto a una mujer por el
hecho de no depilarse o de “sacarse el bigote”, así que también di comentario y
puse algo como: “¿Quién dijo que la mujer debía depilarse? Al hombre nadie le
critica el que use barba o bigote, no entiendo por qué a él no se le trata de
asqueroso, si igual tiene pelos. La mujer debería decidir si quiere depilarse o
no, está en todo su derecho y no debería de ser enjuiciada por eso, ni mucho
menos discriminada. No entiendo como algo natural del cuerpo, puede desvalorizar
tanto a una persona.” Hecho mi comentario, obtuve casi cuatrocientos “me gusta”
de apoyo, comentarios de apoyo tanto de hombres como de mujeres, pero también
gané comentarios en contra. Al final por defender a “la otaku” terminé siendo
yo insultada, me decían cosas como “peluda detectada”, “apuesto que ésta mina está
toda peluda”, “feminazi” y muchos otros insultos mencionando lo peluda que yo era,
solo por dar tal opinión. Yo obviamente me sentí molesta, pero ni siquiera me
digné a defenderme porque me di cuenta de que perdería el tiempo. Lo que más
llamó mi atención es que si bien los hombres me escribían cosas, había mujeres
que también lo hacían. Ambos se unían prácticamente para molestarme.
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