Mi
hermana mayor se llama Andrea, tiene 40 años y vive en Talca; ambas somos muy
cercanas a pesar de la distancia, nos contamos la mayoría de los sucesos del
día a día, es por esto que en las pasadas vacaciones de verano (cuando se quedó
en Santiago aproximadamente por 4 meses) ella me relató lo que le venía sucediendo
desde la separación con su ex pareja.
Ella
mantuvo una relación amorosa de aproximadamente 25 años con su ex pareja
Guillermo (mi padrino), en la que tuvieron 3 hermosas hijas, mis sobrinas:
Camila, Javiera y Montserrat. Actualmente ellas tienen 23, 19 y 17 años
respectivamente.
Cuando
mi hermana decidió separarse de Guillermo, hace 3 años atrás, vivió en carne
propia todos los prejuicios y la estigmatización que la familia de mi padrino,
oriundos de Talca, le inculparon a ella, claramente, sin ser objetivos respecto
de los verdaderos motivos de la separación, la razón que arguyeron para enjuiciarla era que mi hermana al
marcharse de la casa también había abandonado a sus hijas, ya que las niñas se
quedaron con su padre, lo que convertía
a mi hermana en una mala madre. Sin embargo, al pasar el tiempo Andrea demostró
que nunca tuvo la intención de ausentarse de la vida de ellas.
Con el transcurso de los
meses, Andrea conoció a su actual pareja Luis. Esto gatillo que las críticas
hacia su persona incrementaran; sus antiguas amistades, familiares de Guillermo
e incluso parientes nuestros mediante mensajes de Facebook, WhatsApp e incluso
llamadas anónimas, empezaron a cuestionar su moralidad tratándola de “suelta”
entre otros adjetivos negativos. No obstante, los insultos llegaron a su punto
culmine cuando mi hermana y Luis tuvieron a su pequeña hija Agustina que hoy
tiene aproximadamente 6 meses de vida, ya que Luis, no ha podido encontrar un
trabajo estable que asegure el bienestar de su familia y, es por esto, que
tuvieron que venir a Santiago a quedarse en la casa de mis padres en el verano
(aproximadamente por 4 meses); esto gatilló no sólo comentarios negativos hacia
mi hermana sino que muchos de las críticas malintencionadas recayeron en Luis
tildándolo de poco hombre y que no servía para nada, ya que no cumplía con su
parte al “no ser proveedor económico de
su familia”. Actualmente, mi hermana regresó a Talca y es ella quien trabaja
mientras Luis cuida a la pequeña Agustina.
En este
breve pero intenso relato que mi hermana permitió que compartiera con ustedes,
podemos apreciar las diversas actitudes sexistas que atacan y menosprecian la
integridad de Andrea y su familia. En primer lugar, al ocurrir la separación,
los familiares de la ex pareja de mi hermana, adoptaron una postura agresiva
tergiversando los reales motivos de la separación, ya que es poco normal que
cuando una pareja se divorcia sea el padre quien queda a cargo de los hijos, es
por esto que inmediatamente se enjuicia a Andrea como mala madre, reproduciendo
constantemente “los roles de género”, ya que existe la estigmatización de que
la madre debe ser quien cría a sus hijos. Paradójicamente, Guillermo y las
hijas de mi hermana, en ningún momento tomaron tal actitud violenta. En segundo
lugar, y luego de que Andrea encontrara a su actual pareja, las críticas se
centraron en enjuiciar la actitud de mi hermana al tratar de rehacer su vida,
ya que a los seguidores del sistema patriarcal, una mujer independiente y dueña
de su vida no es mujer como tal, sino que es más valorada cuando la mujer es
sumisa y se queda en casa a cumplir con las tareas domésticas. Por último, al
reprochar a la actual pareja de mi hermana, Luis, siguieron representando una
visión sexista, ya que, según la “división sexual del trabajo” es deber del
hombre entregar el sustento económico para su familia y, al no cumplir con
tales expectativas, se suele tildad a la persona de poco hombre o mantenido.
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