Era un día sábado, y nos íbamos a juntar en la casa de un
amigo (Roberto) para hacer un asado y después ir al cumpleaños de otro amigo.
Como es común en las juntas de amigos, comenzamos a tomar y a tomar. Entonces
bajó el hermano chico del Roberto, que tiene 17 años, y comenzó a compartir con nosotros y también a
tomarse sus cervezas. Después llego el papá de mi amigo y también empezó a
compartir con nosotros.
Después de un rato, bajó la hermana chica del Roberto, que tiene 18 años, y se incorporó a nuestra conversación. Lo curioso fue que el tío (el papá de Roberto), no la dejaba tomarse una cerveza en paz, le decía que no tomara tanto, que no era de señorita; que no correspondía. Mientras que al lado, el hermano chico ya se había tomado como un sixpack y nadie le decía nada.
Al rato después, la hermana del Roberto se iba también a un cumpleaños de una de sus amigas, pero antes de que se pudiera ir, su papá la comenzó a criticar por su forma de vestir; que se tenía que tapar más, a lo cual mi amigo también le encontró la razón, y entre ambos empezaron a criticarla. Ella no hizo caso y se fue igual.
A las pocas horas ocurrido esto, nos fuimos de la casa de mi amigo, rumbo a tomar la micro que nos dejaba cerca del cumpleaños al cual íbamos a ir. Pero en el trayecto nos desviamos a la botillería del sector, y nos encontramos con el hermano chico de Roberto, el cual estaba con unos amigos afuera de una casa tomándose unos tragos. Nos quedamos conversando un rato, tiramos la talla y seguimos nuestro camino. Ya se había oscurecido, eran como las 10 de la noche, e íbamos caminando nuevamente hacia el paradero más cercano para poder tomar alguna micro, pero fue entonces cuando mi amigo pudo notar que en la esquina de al frente estaba su hermana con algunas de sus amigas y amigos. Ella estaba muerta de la risa (seguramente lo estaba pasando muy bien) y se estaba tomando una piscola. No sé qué se le habrá pasado por la cabeza a mi amigo, porque cuando la vio, nos dijo; “espérenme acá cabros”, y se fue hacia donde estaba ella. Después cuando volvió le preguntas a que había ido a hacer, y nos dijo que a retar a su hermana porque no podía andar tomando en la calle y menos “haciendo show”. Todos comenzamos a criticar el accionar de mi amigo, porque no tenía cara para hacer eso, y que el único que estaba haciendo show era él. A Roberto le dio lo mismo todo lo que le dijimos y seguimos en dirección al paradero.
Lo que se puede observar de toda esta situación, es que mi amigo se crió en un entorno en el cual se debe criticar a la mujer y de alguna manera establecerle formas y normas de conducta -por lo menos a las mujeres de su núcleo cercano-. Esta mala costumbre seguramente la vio toda su vida por parte de su padre, el cual establecía márgenes (machistas) de acción para su hija, mientras que al mismo tiempo, total libertad de acción para sus hijos varones. Estableciendo claramente una desigualdad de género.
Después de un rato, bajó la hermana chica del Roberto, que tiene 18 años, y se incorporó a nuestra conversación. Lo curioso fue que el tío (el papá de Roberto), no la dejaba tomarse una cerveza en paz, le decía que no tomara tanto, que no era de señorita; que no correspondía. Mientras que al lado, el hermano chico ya se había tomado como un sixpack y nadie le decía nada.
Al rato después, la hermana del Roberto se iba también a un cumpleaños de una de sus amigas, pero antes de que se pudiera ir, su papá la comenzó a criticar por su forma de vestir; que se tenía que tapar más, a lo cual mi amigo también le encontró la razón, y entre ambos empezaron a criticarla. Ella no hizo caso y se fue igual.
A las pocas horas ocurrido esto, nos fuimos de la casa de mi amigo, rumbo a tomar la micro que nos dejaba cerca del cumpleaños al cual íbamos a ir. Pero en el trayecto nos desviamos a la botillería del sector, y nos encontramos con el hermano chico de Roberto, el cual estaba con unos amigos afuera de una casa tomándose unos tragos. Nos quedamos conversando un rato, tiramos la talla y seguimos nuestro camino. Ya se había oscurecido, eran como las 10 de la noche, e íbamos caminando nuevamente hacia el paradero más cercano para poder tomar alguna micro, pero fue entonces cuando mi amigo pudo notar que en la esquina de al frente estaba su hermana con algunas de sus amigas y amigos. Ella estaba muerta de la risa (seguramente lo estaba pasando muy bien) y se estaba tomando una piscola. No sé qué se le habrá pasado por la cabeza a mi amigo, porque cuando la vio, nos dijo; “espérenme acá cabros”, y se fue hacia donde estaba ella. Después cuando volvió le preguntas a que había ido a hacer, y nos dijo que a retar a su hermana porque no podía andar tomando en la calle y menos “haciendo show”. Todos comenzamos a criticar el accionar de mi amigo, porque no tenía cara para hacer eso, y que el único que estaba haciendo show era él. A Roberto le dio lo mismo todo lo que le dijimos y seguimos en dirección al paradero.
Lo que se puede observar de toda esta situación, es que mi amigo se crió en un entorno en el cual se debe criticar a la mujer y de alguna manera establecerle formas y normas de conducta -por lo menos a las mujeres de su núcleo cercano-. Esta mala costumbre seguramente la vio toda su vida por parte de su padre, el cual establecía márgenes (machistas) de acción para su hija, mientras que al mismo tiempo, total libertad de acción para sus hijos varones. Estableciendo claramente una desigualdad de género.
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