29 de abril de 2015

Y quiénes son más ricxs, ¿Los putos o las putas?

La experiencia que pasaré a desarrollar en el siguiente blog tiene relación con una conversación con un grupo de amigos del colegio  acerca de los strippers (hombres) y las show woman. Cabe destacar que los involucrados en la conversación en su mayoría tenía una opinión bastante tradicionalista de género en la sociedad chilena, en la cual la mujer y el hombre no son iguales en condiciones en ciertos roles que asumen, esta conversación se desarrolló en un asadode curso a finales de del año pasado.

Bajo el marco de esta conversación, se sacaron conclusiones muy distintas acerca del rol “erótico” o el producto “sensualida” que desenvolvían los hombres stripper y las mujeres show woman. Desde el primer momento se consideró a ambos como personajes distintos funcionalmente, esto quiere decir que a pesar de considerarse ambas labores como equivalentes en cuanto a servicio, las mujeres debían llegar “más lejos” que los hombres en sus servicios porque ellas son el género que domina mejor el concepto de sensualidad. Evidentemente, no hay que ser muy crítico para asociar esta concepción a lo que describí en un principio, los participantes  tenían una visión bastante tradicionalista acerca del rol de género en cuanto al tema que se estaba tratando. Es aquí donde quiero centrar el foco en mi análisis que viene a continuación.
Durante el inicio de la conversación, el primer comentario que salió de parte de un compañero fue, “las putas si o si son más sensuales que un weon, hay muchos más hombres que llaman putas que te vengan a bailar, que mujeres que llaman putos que les vayan a bailar po, es algo que a los hombres les nace “perro””. Ante este comentario de carácter extremadamente heteronormativo, las mujeres reaccionaron diciendo “oye que feo, que las mujeres se presten más para esas cosas es que así puede tener plata más rápido, y si no tienen mucha plata, yo creo que tienen que aprovecharse de eso. Además, nosotras no estamos ni ahí, que “necesitado” tener que hacer esas cochinás y con hombres que no conocemos más encima, peor”.


El hecho de que el hombre haya sido tan abierto en expresar que el comercio de carácter sexual era algo en el cual el sujeto siempre ocupa el lugar de cliente y la mujer de prestadora de servicios es tajante, absolutamente machista y heteronormativo, esto  es un fiel reflejo de que estamos en presencia de una sociedad en la cual el hombre y la mujer no se establecen como equivalentes en relación al comercio sexual. Además, hacen propio del género femenino la sensualidad, elemento que es profundamente machista. En este punto ocurre algo particular, debido a que las mujeres de la conversación legitimaron el estado en el que ellas tienen más facilidades en este rubro de trabajo, es decir, mantienen esa concepción machista en la cual ellas son tratadas como objetos de deseo de otros sujetos con más facilidad que los hombres. Como conclusión me queda entonces que en los grupos más tradicionalistas las mujeres son vistas como objetos de deseo en mayor medida que los hombres, esta idea es profundamente heteronormativa debido a que se determina un rol muy distinto a los hombres y a las mujeres. El grupo dio a entender que las mujeres son más apropiadas para este tipo de trabajo que los hombres, debido a que el orden social imponía que los hombres son los consumidores de la sensualidad de las mujeres. Las mujeres consumían en menor medida el producto “sensualidad” de los hombres porque les era indiferente, y además que las mujeres no lo disfrutaban, lo encontraban “rancio”.

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