29 de abril de 2015

La mujeres como cosas

Era un día jueves, la temperatura no era baja, pero estaba diagnosticado unos veinticinco grados. Tenía que hacer el viaje a la universidad de todas las mañanas, me levanté, prendí el agua de la ducha y me bañé. Tomé un simple desayuno, para emprender el viaje. Entonces, salí, tome la micro para llegar.

Durante el viaje pude ver algunas cosas, tenía que caminar para tomar la micro. Por este motivo, debía pasar afuera de una construcción, se encontraban dos hombres, cerca de 40 años iban riéndose y mirando a las mujeres que pasaban. -después de que cada mujer pasara, la miraban de arriba a abajo y emitían comentarios que no alcanzaba a escuchar-. Hasta ese momento, las mujeres que pasaban cerca de la construcción, cambiaban de vereda para no recibir algun tipo de grito, además se veían nerviosas.. Hasta que derrepente, pasa una joven, con uniforme de colegio, a lo que le gritan "que estaba muy rica", ella se dio vuelta furiosa y contestó: "Viejos verdes, ¿no les da vergüenza andar mirándome?, tengo apenas 14 años". Estos dos señores, lejos de impactarse porque la muchacha había contestado, entraron a reírse a carcajadas. Le gritaron de vuelta: "Sabemos que a las mujeres les gusta, no se hagan las difíciles", la joven se frustró, y comenzó a correr.

Ese mismo día iba a juntarme con una amiga después de clases, a tomar unas cervezas. Después de salir del bar, de comentar cosas y habernos reído, salimos a caminar. Nos dirigimos  hacia el metro Toesca, yendo por Vergara. Cuando llegamos a la calle Toesca, eran aproximadamente las 7 de la tarde, por lo que la congestión de autos era bastante. Y de un auto, con dos hombres que iban escuchando música muy fuerte y gritaban a todas las personas de la calle, ya sea un grito sexista, "chistoso" o ofensivo. Noté que mi amiga se puso nerviosa, ya que los autos se estaban acercando y en eso, escucho "Manso poto", a lo que asumí que se referían a mi amiga, ya que era la única que estaba pasando. Yo, ingenuamente y para que ella se sintiera más tranquila le grite: "Muchas gracias". En ese preciso momento, un hombre que venía atrás de nosotros me dice, eso no se dice, tendrías que haberle gritado "Es solo mío". A  pesar de que el grito es específicamente molesto, mi amiga se puso peor con este comentario, al saber que hablaban de ella y que además fuera un objeto. Para el otro sujeto, mi amiga era solo un objeto, que podía ser de una u otra persona. Aquí es donde entra el tema más delicado, que a la mujer se le ve como un objeto sexual, tiene un carácter arbitrario tanto de sujeto, como de objeto. Este es uno de los grandes problemas que deben vivir las mujeres hoy en día.

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