El 1 de mayo recién pasado, asistí a la marcha convocada por la CUT por la conmemoración del día del trabajador y la trabajadora. Nos juntamos con la organización a la que pertenezco a las 10 de la mañana al frente de la feria Santa Lucía para comenzar a repartir los fanzines (contrainformativos didácticos) en los que habíamos estado trabajando el mes anterior con la consigna "todos contra la reforma." Mientras marchaba con mis compañeros de ida y vuelta entregándolos, nos pusimos a comentar las vestimentas comunes que utilizaban los militantes de distintas organizaciones, así por ejemplo, los del PTR siempre andan con buzo, los de las juventudes comunistas utilizan camisa a cuadros con bototos o zapatos de preferencia café y jeans, etc.
Ya terminada la marcha, comienza el acto, con un poco de preocupación por parte de los asistentes que nos rodeaban en ese momento, debido a la baja asistencia que tuvo, esto ocurrió porque paralelo a la marcha oficial, hubo tres marchas más. Una de ellas tenía relación con desmarcarse de institucionalismo y burocracia que rodea la orgánica de la CUT, era una marcha de trabajadores y trabajadoras más radicalizad-s por así decirlo. Sin embargo, esto dio pie a que uno de los asistentes con el cual nos pusimos a conversar sobre la reforma y sus implicancias, dijera "la baja asistencia es culpa de la Bárbara Figueroa,” un poco sorprendidos preguntamos por qué decía eso, a lo que el caballero respondió “las mujeres nunca serán buenas dirigentes porque les falta credibilidad, aquí no se trata de buscar la igualdad de género, se trata de hacer cambios radicales al país y ustedes mismos dicen que la reforma no favorece a los trabajadores y esto pasa porque las mujeres cuando se meten en política intentan hacerlas de mamá y no les sale, salen solo cosas pencas de ahí entonces hacer una marcha poco convocante es resultado de eso también.” Un compañero respondió a esto que “los problemas a nivel país no tienen nada que ver con quien tenga el poder, da lo mismo si es hombre o mujer, lo importante es como lo ejercen, si pescan lo que dice el pueblo o no” a lo que el caballero respondió “bueno, entonces las mujeres no pescan lo que dice el pueblo porque son poco eficientes,” en vista de que no teníamos nada que aportar a la conversación y para evitar un conflicto mayor decidimos retirarnos, sin embargo no pudimos no comentarlo después en el almuerzo que realizamos y llegamos a la conclusión de que los cambios que se requieren a nivel país, necesitan de la convergencia de distintas posturas, lo que implica, entre otras cosas, una apertura a la validación del género como deconstructora de todo aquello que atenta con los parámetros modernos que tenemos, y con esto me refiero a la sociedad patriarcal/heteronormada que lo único que ha generado es invalidar la importancia que puede tener una mujer solo por su condición de género y si no avanzamos en esta materia, menos lo podremos hacer cuando se trate de incluir a grupos como los LGTB a la sociedad de manera tal que puedan participar en política de forma activa. ¿Por qué ser mujer, transexual, homosexual, etc y ser diputad-, ministr-, president-, dirigent- implica necesariamente que la pega está mal hecha? En definitiva esto tiene que ver con la forma en que se ejerce el poder, pareciera que esto solo tiene validez cuando un hombre lo tiene, lo que parece totalmente vergonzoso. Por lo que decir que la baja asistencia de una marcha es culpa de una dirigenta mujer y echarle la culpa a tu condición de género es igual de vergonzoso. Porque esto se reproduce en distintos niveles sociales, incluso en lo familiar.
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